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ENSAYO

Leonardo Padura: Yo quisiera ser Paul Auster

domingo 14 de junio de 2015, 16:28h
Leonardo Padura: Yo quisiera ser Paul Auster

Verbum. Madrid, 2015. 292 páginas. 19,99 €.

El autor cubano Leonardo Padura, recién galardonado con el Premio Princesa de Asturias, nos regala esta colección de ensayos, imprescindibles para acercarse a su singular personalidad e inquietudes vitales.

Por Carmen R. Santos

Leonardo Padura goza de una notable acogida de crítica y público en España. Pero, sin duda, la concesión este miércoles 10 de junio del Premio Princesa de Asturias incrementará la atención hacia la obra del escritor, periodista y guionista que, nacido en el barrio habanero de Mantilla en 1955, posee también nacionalidad española desde 2011.

Aunque también autor de novelas y libros de relatos no de género detectivesco, Padura es especialmente conocido internacionalmente por su lograda incursión en este, y la creación del policía y luego expolicía Mario Conde -simple coincidencia la del nombre con el famoso banquero español-, oriundo de La Calzada, una zona humilde de La Habana, a quien Padura dota de unas singulares características: tiene vocación de escritor, es desafortunado en sus relaciones sentimentales -arrastra dos divorcios-, está desencantado, pero no se rinde, y su mejor amigo es Carlos, “El Flaco”, condenado a una silla de ruedas a causa de su participación en la guerra de Angola -país donde Padura residió un año-, y en el que Padura dibuja un atractivo personaje más que secundario.

A través de las investigaciones de Mario Conde nos adentramos en una Cuba oscura y opaca, a veces de bajos fondos, que poco tiene ver con la oficial. La serie se inscribe en la tradición clásica de la novela negra, pues como comentó Padura, “aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no solo imaginarias”. En ella ha dado a la imprenta la tetralogía Las Cuatro Estaciones, compuesta por Pasado perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997) y Paisaje de otoño (1998), además de otros títulos como La cola de la serpiente, Adiós, Hemingway -ambas de 2001-, La neblina del ayer (2003) y Herejes (2013). Las aventuras de Conde están a punto de llegar a la gran y a la pequeña pantalla en una película y una serie televisiva.

Sin embargo, Leonardo Padura cuenta también en su haber con numerosos ensayos que nos permiten un perfecto acercamiento a su personalidad e inquietudes literarias y vitales. En este sentido, la quizá mayor visibilidad de sus novelas, no debe ocasionar que pase desapercibida la selección que se recoge en Yo quisiera ser Paul Auster. Tan llamativo título se toma del último trabajo incluido en el volumen, y refleja una de las cuestiones que más preocupan a Padura. El escritor cubano hace gala ahí de una gran ironía al invocar al célebre autor norteamericano comparando su disímil tratamiento en los medios de comunicación: “Desearía ser Paul Auster, sobre todo, para que cuando fuese entrevistado, los periodistas me preguntasen lo que los periodistas suelen preguntarles a los escritores como Paul Auster y casi nunca me preguntan a mí”.

El asunto se relaciona con la condición de Padura de escritor cubano que no emprendió el camino del exilio. Tema que está muy presente en estos ensayos, donde confiesa que decidió “libre y personalmente, y a pesar de todos los pesares, seguir viviendo en Cuba”. Su decisión tiene sin duda uno de sus más potentes anclajes en el intenso amor que siente hacia su país y sus gentes, y, sobre todo, a esa Habana, protagonista de algunos de los textos aquí incluidos y que recorre toda la producción de Padura, para quien “La Habana es hoy, físicamente y humanamente, una ciudad atrapada entre su pasado y un futuro convertido en signo de interrogación. Bajo sus piedras, calles y dentro de sus habitantes se desarrolla un drama esencial y cotidiano, que escapa de las retóricas y miradas turísticas o prejuiciadas. La capital cubana es un dolor, para los que la amamos, la vivimos y la necesitamos, porque La Habana somos también cada uno de los habaneros”.

La lectura de Yo quisiera ser Paul Auster ofrece claves que clarifican la opción de Padura de permanecer en la isla caribeña, su crítica desde dentro, al brindarnos en sus páginas, entremezclada con el ensayismo, una suerte de autobiografía desde sus inicios. Muy revelador, por ejemplo, es el recuerdo de sus inicios: “Para mi fortuna, mi primer centro de trabajo fue El Caimán Barbudo cuando El Caimán… se estaba convirtiendo en el centro más activo de las pequeñas (o no tan pequeñas) preocupaciones de los jóvenes escritores de entonces. Así, en El Caimán… pude hacer mi conocimiento del mundo y las figuras de la literatura cubana de aquel momento y desarrollé un fuerte sentimiento de pertenencia generacional. Allí, mientras trataba de encontrarme a mí mismo, también aprendí que las reglas de juego establecidas en la década de 1970 para el mundo de la cultura seguían funcionando en una especie de extrainning interminable, y que cualquier movimiento en falso podía ser considerado un balk por los árbitros de la pureza ideológica. Luego, tras mi salida bastante estrepitosa del mensuario cultural (me cantaron un balk), fui a trabajar al vespertino Juventud Rebelde, donde se suponía que debía ser reeducado ideológicamente, pero donde en realidad me eduqué literariamente […] En esos años conseguí hacer un reconocimiento más maduro de mis expectativas, de mí mismo y de la sociedad en la que vivía”. También lo es que Padura se encuadre en la “narrativa del desencanto” que “incorpora a la creación porciones oscuras de la realidad, personajes y conflictos desatendidos, y lo hace muchas veces con reflexiones políticamente incómodas sobre la historia o la vida insular”. Al respecto, resulta especialmente nítido “El soplo divino: crear un personaje”, incluido en este libro, donde Padura explica su serie de Mario Conde.

Con acierto, el jurado del Premio Princesa de Asturias ha subrayado que “es un autor arraigado en su tradición y decididamente contemporáneo; un indagador de la culto y lo popular; un intelectual independiente, de firme temperamento ético. Su obra es una soberbia aventura del diálogo y la libertad”. Esa aventura precisamente tiene ahora por delante la isla caribeña, la perla del Caribe, tan arraigada en el corazón de Leonardo Padura.

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