LOS CAPITALINOS DEJARON EN BLANCO A LOS CATALANES TRAS GANARLES DOS FINALES
El Madrid arrasa al Barcelona en la final de la ACB para sellar su póker en una temporada legendaria
EL IMPARCIAL
miércoles 24 de junio de 2015, 20:56h
Actualizado el: 25 de junio de 2015, 12:17h
El Real Madrid de Pablo Laso coronó su excelente año con la consecución de su trigésimo segunda ACB. La final se cerró con un abrumador 3-0 gracias al definitivo triunfo en el Palau que penalizó la inconsistencia blaugrana. Sergio Llull, el
Chacho Rodríguez, Andrés Nocioni y Rudy Fernández lideraron la fuerza del colectivo merengue que dominó el baloncesto español y europeo sin fisuras.
El Real Madrid ha encontrado en el baloncesto el lugar de regocijo y gloria que le fue negada en la disciplina futbolística en esta temporada deportiva recién concluida. El proyecto diseñado y desarrollado por el guerrero Pablo Laso alcanzó su techo tras la resurrección imponente cimentada sobre las ruinas de las dos finales de Euroliga perdidas de manera consecutiva. La incorporación estival de piezas determinantes como Andrés Nocioni -mejor jugador de la final continental del pasado 17 de mayo-, Gustavo Ayón -rocoso peón que añadió variables y selló en la pintura, más allá de Bourousis-, K.C. Rivers -anotador con papel complementario fronterizo con el rol protagonista en la hoja de ruta grupal- y Jonas Mačiulis -lituano multiusos de inestimable aportación física en repliegue y rebote- no sólo amortiguó la salida de Mirotic, Darden y Daper sino que supusieron la inyección de empaque y versatilidad propia del conjunto que ha reinado sin lugar a discusión en esta temporada baloncestística.
La obra maestra del técnico vitoriano vino a culminarse en el Palau blaugrana, cerrando la impecable final doméstica con un electrónico global de lustre incontestable (3-0). Este último peldaño superado con regusto especial, debido al pelaje del enfrentamiento con el enemigo íntimo que negó trofeos pretéritos -con triple de Lampe sobre la bocina, hace un año- a este mismo grupo de trabajadores merengues, constituye la segunda vez en los últimos meses que niega un dulce al Barça, tras la final de la Copa del Rey cosechada en febrero.
Con parciales que mostraron la holgada superioridad madridista en los dos primeros partidos (78-72 y 100-80) sobrevino el envite decisivo. Necesitaba Xavi Pascual una reacción de los suyos tras el repaso sufrido en la despedida del Palacio de los Deportes capitalino. La lesión de Juan Carlos Navarro condicionó el desarrollo de la final de manera, si bien el rendimiento de la leyenda catalana había entrado en vaivén en los últimos tiempos, por lo que el Barça añoraba la vuelta de un Ante Tomic muy por debajo de sus posibilidades en el tramo final de ejercicio, el golpe de personalidad de Alex Abrines y la conexión permanente de Marcelinho Huertas, Justin Doellman, Brad Oleson y Bostjan Nachbar, amén de confiar en el iluminado despliegue del futuro NBA -drafteado presumiblemente entre los 10 primeros- Mario Hezonja.
Todo ello para recuperar el pulso competitivo después del rapapolvo que deshilachó la confianza estratégica del segundo partido de las finales y disparó el recelo sobre un técnico al que se acusa de la intermitente consistencia colectivo-defensiva de esta edición del Barcelona. La gestión de los minutos del diamante croata, tirando a déficit, también juega en su contra (su aportación anotadora no participó en el último duelo).
El bloque visitante no se permitió dos segundos de reflexión para contemplar la pausa como opción y el Madrid atacó esta primera opción de título sin miramientos. Hasta esta altura idónea había confluido la explosión de Sergio Llull -que apunta ya a capricho de los Rockets de Harden con el MVP de la final de Liga bajo el brazo- con ese 5-5 en triples que rompió la final, la lección de liderazgo direccional de Sergio Rodríguez y la impronta de la pintura mencionada con anterioridad aliñada con la esencia de Felipe Reyes, el MVP de la temporada española, los quilates de experiencia competitiva y acierto de cara al aro de Rudy Fernández, la intensidad anatómica de Marcus Slaughter y la eficacia secundaria de Jaycee Carroll, Jonas Mačiulis y K.C. Rivers. La defensa, ritmo y afinada puntería lanzaron a los madrileños hacia el título en una batalla menos reñida de lo que marcaría la teoría.
Los últimos 40 minutos sobrevinieron evidenciando la distancia del nivel agonístico de ambos púgiles. El Barça consiguió afinar su cohesión en cancha y la reaparición deliciosa de Tomic -29 puntos-, pero no consiguió el equipo de Pascual resistir los ascensos de exigencia en ambos lados de la cancha del sistema madrileño. A pesar de alcanzar los 14 puntos con que llegó el equipo visitante en el ecuador de partido, la revirada reacción catalana no llegó a la orilla gracias a la templanza de Carroll en el lanzamiento -resurrección postrera del americano que le colocó en 19 puntos- y la mentalidad de la estructura fundamental capitalina. La presión de marchar por delante en el último cuarto contaminó a los azulgrana y con el 85-90 definitivo autografió el Madrid su trigésimo segunda ACB.
Los de Laso ganaron siempre el rebote (35-30, 31-22 y 31-32), asestaron de manera sistemática un cuarto de, al menos, 27 puntos a su oponente, firmaron un un 60% desde la línea de tres en dos partidos de la final y no degustaron la sensación de incertidumbre toda vez hubieron superado la recta final del primer partido, ganadores en el sentido colectivo del juego. Culmina una trayectoria histórica en este 2015 definida por el póker obtenido. Una inercia, además, de influencia notable en la antagónica línea que ha dibujado el proyecto catalán, de eterna búsqueda de la gloria sin transición que vuelve a comprobar el tacto del vacío que no sufrían desde 2008. Nada menos que algo más de 41 años pasaron hasta que el Real Madrid levantara Liga, Copa y Euroliga. El claroscuro en el baloncesto nacional queda, pues, expuesto.