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Crisis de Gobierno, mucho ruido y pocas nueces

sábado 27 de junio de 2015, 00:05h
Aunque Mariano Rajoy es poco amigo de explicar sus decisiones, y estas no se producen precisamente a la velocidad del rayo, los resultados de las pasadas elecciones autonómicas y municipales le obligaron, a regañadientes, a comparecer –tarde y regular- para decir que había entendido el mensaje y que llevaría a cabo los cambios necesarios en el partido y en el Gobierno. Hace poco los realizó en el partido y ahora los ha abordado en el Ejecutivo. Aun contando con la personalidad de Rajoy, pareció presagiarse que si resultarían sustanciales. En el caso del partido, se le acusó de “mucho ruido y pocas nueces”, una sensación errónea porque ahí el cambio ha sido de calado: una descripción, en cambio, que si parece adecuada por lo que hace al Gobierno. Una sensación que no favorece ciertamente el imprescindible impulso que debe tomar el PP ante el gran reto de las elecciones generales.

El presidente del Gobierno -eso sí, fiel a sí mismo- ha acometido muy tarde los cambios y lo he hecho arrastras, al no poder dejar en esta ocasión que todo siguiera su curso, que ya escamparía. Sobre todo, en el Gobierno ha hecho una crisis que en realidad no es tal, o, cuanto más, una crisis minimalista que ha aprovechado la circunstancia del propio deseo de José Ignacio Wert de abandonar el Ejecutivo. Ayer mismo, Mariano Rajoy señaló que el relevo se ha hecho por “razones personales”, pues Wert le había pedido hace tiempo dejar el Ejecutivo. El balance de la gestión del exministro de Educación, Cultura y Deporte es agridulce. Si bien la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) encierra aspectos positivos y va en buena dirección, no ha sabido encontrar el consenso necesario y en general en sus actuaciones le ha faltado talante conciliador y le han sobrado polémicas y desencuentros que deberían haberse evitado.

No hay que escatimar en que la elección de Rajoy del nuevo ministro ha sido más que correcta y pertinente. Ínigo Méndez de Vigo, hasta ahora secretario de Estado de Asuntos Europeos, es un veterano y valioso político, europeísta convencido, curtido en la Unión Europea, donde, en momentos especialmente duros, desempeñó un papel esencial para transmitir con solvencia y convicción la fiabilidad de España a nuestros socios europeos. Sería bueno que se mantuvieran en sus responsabilidades a José María Lassalle como secretario de Estado de Cultura y a Carmen Vela en la secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación.

Cada vez queda menos tiempo para los comicios generales y no es poca la tarea que tiene el Gobierno de Rajoy y el PP para recobrar a los votantes que le han retirado su confianza y conseguir otros nuevos. Mariano Rajoy lo ha fiado todo a la recuperación económica –exitosa, sin duda, y una senda por la que debe continuarse-, pero debería darse cuenta con mayor contundencia de que eso no lo es todo. Su alergia a hacer política le ha pasado factura y le seguirá pasando si no reacciona más decididamente y con urgencia. Y no vale solo el ruido. Hacen falta las nueces.
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