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UN PLAN DE 250 MILLONES DE EUROS

El turismo hacia China, ¿negocio para España?

miércoles 01 de julio de 2015, 11:49h
En dos décadas, China se ha convertido en potencia mundial en industria, tecnología y finanzas, hasta el punto de disponer de excedentes destinados a inversiones en todos los continentes. Con un desarrollo interno vertiginoso, parece que es capaz de vender todo, y comprar todo. Pero ha tardado en reparar en una fuente fundamental de riqueza: el turismo. Y es ahora cuando China ha decidido dar el paso para convertirse también en un referente en el mundo. Y la experiencia reciente indica que si China se lo propone, lo puede conseguir, y en muy poco tiempo.
  • Ciudad prohibida

    Ciudad prohibida
    Beijing

  •  La Gran Muralla en Jiu Jong

    La Gran Muralla en Jiu Jong
    Beijing

  • Plaza de Tiananmen

    Plaza de Tiananmen
    Beijing

  • Templo del cielo

    Templo del cielo
    Beijing

  • Lago oeste

    Lago oeste
    Hangzhou

  • Campos de te

    Campos de te
    Hubei

  • El rarísimo mono dorado

    El rarísimo mono dorado
    Hubei

  • Leshan

    Leshan

  • Pájaro del sol

    Pájaro del sol
    Shennongjia

  • La selva misteriosa

    La selva misteriosa
    Shennongjia

  • Templo del dios de la medicina tradicional

    Templo del dios de la medicina tradicional
    Shennongjia

  • Gran Buda de Leshan

    Gran Buda de Leshan
    Sichuan

  • Arte comestible

    Arte comestible
    Tianjin

  • Templos en la ciudad

    Templos en la ciudad
    Tianjin

  • Parque de la pagoda amarilla

    Parque de la pagoda amarilla
    Wuhan

  • Pueblo del agua

    Pueblo del agua
    Wuzhen Hangzhou

  • Nocturno en el río

    Nocturno en el río
    Tianjin

  •  Pequeño lago

    Pequeño lago
    Yangzhou Jiangsu

Las autoridades chinas, el Estado y las provincias, han emprendido conjuntamente un plan muy ambicioso para la atracción de turistas hacia ese enorme país, y no es difícil aventurar que ese proyecto puede modificar en un futuro inmediato los intercambios de viajeros en el universo globalizado de la Tierra.

Por el momento, China ha decidido destinar 250 millones de euros a la promoción turística. Una cantidad astronómica para un proyecto gigantesco, del tamaño del país que lo promueve. Pero una cantidad probablemente necesaria, porque China tiene que explicar al mundo lo que es y lo que tiene, fundamentalmente para acabar con las barreras que tradicionalmente han separado al enorme país del resto del mundo.

La cuestión, probablemente, es que China se ha hecho respetar, incluso envidiar. Pero un proyecto turístico no necesita respeto ni envidia. Sólo triunfa desde el afecto. Y China puede romper, como ha hecho, las barreras de los intercambios económicos, pero aún debe ganarse la cercanía de sus visitantes, y eso no es sencillo cuando se habla de relacionar culturas e idiomas dispares.

Este proceso ya ha comenzado. Las autoridades turísticas chinas se han desplegado para promocionar ese país en todo el mundo. Era noticia esta semana el acuerdo con Rusia para rutas turísticas conjuntas. Pero el objetivo chino es global, en el llamado Occidente. Por supuesto, también en España.

Un ejemplo de este interés puede verse este mismo miércoles, en el que la Oficina de Turismo de China en España presenta un evento en Madrid para promocionar una de las infinitas rutas posibles para el gran país asiático, la del Gran Canal, la histórica conducción acuática que recorre casi dos mil kilómetros entre Beijing y Hangzhou, cercana a Shangai, después de atravesar los dos grandes ríos de China, el Río Amarillo y el Yangtsé.

El Gran Canal (y todos los históricos canales adyacentes de ese sistema fluvial) fueron fundamentales en el desarrollo de China durante dos mil quinientos años, y aún ahora conservan, después de muchas vicisitudes, interés destacado en el transporte de mercancías. Pero también compuso un entorno único y, por ello, de enorme interés para el viajero, generalmente atraído por paisajes y costumbres, pero también por enclaves históricos excepcionales, como son los Pueblos del Agua que jalonan una ruta excepcional en el mundo. Con la ventaja de que el recorrido por el Gran Canal permite la cercanía a la historia de China desde la Gran Muralla en Beijing o Tianjin, hasta la cercanía a la moderna Shangai. Y que, relativamente cerca (tratándose de un país enorme), el turista se puede aproximar a lugares renombrados como Xi’an y, algo más allá, por el río Yangtsé, hasta Wuhan, la presa de las Tres Gargantas, Yichang y las montañas de naturaleza salvaje de Shennongjia.

Si descontamos los grandes destinos turísticos de China, es sorprendente ver el desconocimiento que existe sobre ese país. Ése es justo el proyecto que ahora quieren desarrollar las autoridades chinas, que reconocen que tienen mucho que aprender, aunque tengan también mucho que ofrecer.

La cuestión es si China, al igual que sucede en otras actividades económicas, se puede convertir en una amenaza para otras potencias turísticas. Por ejemplo, para España. La respuesta la da a El Imparcial el responsable de la Oficina de Turismo de China en España, Zhang Zhiyun. Para él, la oferta turística de China es una enorme oportunidad para los países a quienes se dirige, como España. Porque la atracción de turismo español puede ser capaz de potenciar el entendimiento mutuo entre China y España y romper la barrera del desconocimiento entre sus ciudadanos, de tal forma que genere a su vez la curiosidad de los chinos por conocer España. Y si puede haber unos millones de españoles interesados en viajar a otros países, a escala china, el número puede perfectamente multiplicarse por cien.

Las comunicaciones juegan a favor de los intereses turísticos de China, pero ése es un negocio de ida y vuelta con España, porque ya existe una compañía, Air China, que opera vuelos directos entre Madrid y Barcelona con Beijing. Y aunque China nos parezca lejana, y España parezca igualmente distante para los chinos, la realidad es que no media más tiempo que el que puede utilizarse para un viaje a América.

Lo que entienden los responsables turísticos chinos es que su esfuerzo por dar a conocer su país a los españoles puede lograr unas relaciones de simpatía que logren que España sea un objetivo para los viajeros chinos, que todavía no tienen a nuestro país como destino preferente en Europa, donde con diferencia ganan París o Londres.

Es posible que las recientes iniciativas chinas tengan como resultado un beneficio inesperado para España. Desde luego, así lo sería si parte de los cien millones de turista chinos que se desplazan cada año eligieran España como destino.

Pero, negocios aparte, que se cuente con una nueva vocación turística de China va a facilitar de forma decisiva el cómodo acceso de viajeros de todo el mundo a una cultura, unas tradiciones y unos paisajes únicos en nuestro planeta.
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