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JAPÓN LOS RECLAMA

Corea del Norte: los 17 cautivos de Kim Jong-un

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
jueves 02 de julio de 2015, 18:17h
Actualizado el: 03 de julio de 2015, 11:24h
Corea del Norte: los 17 cautivos de Kim Jong-un
Una afrenta que dura ya casi cuatro décadas. Por Borja M. Herraiz
En su libro 'El Huérfano', Adam Johnson relata la historia, basada en hechos reales, de un agente secreto norcoreano que, antes de caer en desgracia, forma parte de un comando especial que realiza incursiones en el litoral de Japón para secuestrar ciudadanos nipones.

Durante décadas, Corea del Norte, el país más hermético del planeta, dedicó ingentes esfuerzos humanos y técnicos para, más allá de la ficción, hacer precisamente eso: capturar profesionales japoneses.

El objetivo era doble: por un lado, usurpar sus identidades para introducir espías en el país nipón y, por otro, incluirlos como trabajadores forzosos en algunos de sus centros e industrias especializadas en calidad de profesores, ingenieros o, incluso, cocineros y artistas. También se secuestraron a numerosas mujeres para ser esclavas sexuales de la élite del régimen.

Estos japoneses cautivos, que Tokio cifra en 17 (ocho hombres y nueve mujeres) pero que algunas ONGs cree que podrían alcanzar el centenar, son el centro de la última fricción entre ambos países asiáticos. Mientras Japón exige saber su paradero o el de sus cuerpos si es que han fallecido, así como una compensación para los familiares, Corea del Norte no reconoce haber participado en la captura o desaparición de muchos de ellos y, en los pocos casos en los que asume su responsabilidad, esgrime que, o bien han muerto o bien no están dispuestos a regresar al haberse "enamorado" de su nuevo estilo de vida.

El programa de secuestros norcoreanos se llevó a cabo entre 1977 y 1983 bajo el poder de Kim Il-sung, abuelo del actual dictador Kim Jong-un. Para ello, Corea se valía de la red Chongryon, una asociación de expatriados afincada en territorio japonés.

La mayoría de los 17 fueron capturados en el propio Japón, si bien tres casos no siguen este patrón. Toru Ishioka y Kaoru Matsuki desaparecieron en 1980 cuando se encontraban de visita en Madrid, mientras que, tres años más tarde, se le perdió la pista a Keiko Arimoto mientras estudiaba inglés en Copenhague.

El perfil del cautivo era de una persona joven, con estudios y de clase media o media-baja. La finalidad de este programa era la de que los secuestrados aleccionaran a los espías norcoreanos sobre la lengua y el estilo de vida japonés con el objetivo de poder introducirse con mayor facilidad en territorio nipón y reducir de paso el riesgo de ser descubiertos.

En 2002, en un inusitado gesto de diplomacia, Pyonyang permitió a cinco de los desaparecidos viajar hasta su país para reencontrarse con sus familiares a condición de que, pasado un tiempo, regresaran a la península. Tokio incumplió el acuerdo, tras una enorme presión nacional, acogiendo a los cautivos de forma permanente, un gesto interpretado por la dictadura norcoreana como "hostil" y que llevó a la ruptura de las negociaciones. Ahora Japón reclama una comisión de investigación que Corea del Norte no se cansa de sortear y dilatar.

Las tibias disculpas que el régimen norcoreano viene dando desde 2002, cuando se abordó bilateralmente el asunto por primera vez, han resultado insuficientes para Tokio, que exige el reconocimiento de todos los secuestros (Pyonyang sólo reconoce trece de ellos).

En la actualidad, Tokio espera impaciente desde otoño que la dictadura le entregue el informe final de la comisión de investigación que pocos dudan de que será un fraude. Una situación parecida se da con decenas de surcoreanos desaparecidos durante décadas y que se cree viven obligados en el vecino del norte o han fallecido ya más allá del tristemente famoso Paralelo 38.

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