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LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

Las dictaduras consentidas

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 10 de julio de 2015, 17:06h

Cuando los asnos de Apuleyo son ganado mayoritario en las democracias orgánicas del falso nirvana, la democracia, sobrevalorada, degenera en una dictadura opresora para los capaces de discernir que se resisten al pastoreo.

En cambio, se convierte en un placebo engañosamente liberador para los ignaros y para los claudicantes que sucumben, por dejación de la razón, a los delirios de los caudillos indigenistas.

Siempre ha habido redentores dispuestos a hacer alarde de su ineptitud y de sus inclinaciones cesaristas, que acostumbran a descargar responsabilidades en el pueblo rocinante y cabestro, que se limita a dejarse embaucar por el elixir traicionero de la demagogia y se convierte en cómplice.

El abuso político de débiles mentales es un delito execrable que debiera estar tipificado en el Código Penal.

No siento desdén hacia los griegos que han votado ‘Oxi’, ni tampoco a los que han optado por el ‘Nai’. Unos y otros inspiran ternura y compadecimiento, Filomeno, a mi pesar.

No más víctimas, no más verdugos, no más sociedades amaestradas y polarizadas. La intransigencia sólo conduce al odio. En el fondo todos somos siervos de la gleba.

Todos menos algunas eminencias, desconocedoras de la ‘Docta Ignorantia’ sobre la que tanto elucubró Nicolás de Cusa, que prefieren actuar de cooperadores necesarios, como el tal Krugman, Nobel de la cosa, que está tan enamorado de sí mismo, que prefiere poner su talento incuestionable al servicio de la provocación majadera, sin reparar en el riesgo que corren sus elucubraciones mentales de deflagrar como un cartucho de dinamita pasado de fecha en manos de trincones y dementes, como la chica de Stieg Larson, que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.

Cuando las democracias representativas derivan en asambleísmo borrego, lo más normal es que acabemos asistiendo a una involución de las estructuras políticas hasta las antípodas previas a la aparición de la tribu troglodita y cavernaria recién apeada del árbol, no como consecuencia deliberada de un intervalo lúcido, sino de la simple fuerza de la gravedad, tal cual le sucedió a la manzana de Newton, que cayó por el peso del gusano que llevaba dentro.

Alardean, en plan macarra poligonero, de haberle ganado el pulso, con dos cojones, a los pisamoquetas de la Troika; elevan a la categoría de dogma de fe el alto concepto que tienen de la independencia soberana, mantra recurrente contra cualquier amago de injerencia externa; llaman terroristas a sus acreedores; presumen, como rabizas, de haber ganado el órdago al resto del orbe civilizado. Y tal y tal...

Nos llaman putas, a mucha honra; nos sodomizan con las columnas de piedra que todavía siguen en pie en la Acrópolis de lo que viene siendo Atenas, por lo dórico, lo jónico y lo corintio; y encima pretenden que paguemos la cama del prostíbulo y sigamos erguidas como las cariátides del Erecteión.

Todos estos advenedizos son más falsos que la ‘conciencia falsa’ de Althusser. No es la religión el opio del pueblo, sino la ignorancia consentida y la libertad abjurada, por mucho que Marx, Carlos, el evangelizador, se pusiera campanudo predicando a sus acólitos el sermón del Manifiesto comunista mientras se tiraba a la criada para mantener erecta su particular conciencia de clase.

Europa no da ni para opinar. Y España tampoco. A falta de estadistas, tendremos que conformarnos con vendebiblias paletos, sujetos peligrosos, que ni tienen vergüenza, ni conocen el verdadero significado de la palabra dignidad.

La ikurriña ondeando en el balcón del ayuntamiento de Pamplona, a la hora del chupinazo sanferminero, sí que es un alarde naZionalsocialistoide, propio de tarados que presumen de demócratas y sólo son unos pobres aprendices de dictador con la boina calada hasta el tope de las orejas y de su entrecejo unicejo.

Desconocedores de Sísifo, lejos de sentir algún tipo de arrepentimiento, se regodean en su matonismo herriko-tabernario; y resulta que todavía tenemos que estar agradecidos porque ya no matan y en lugar del tiro en la nuca ahora se dedican a tirotear al Estado de derecho.

La euskaldunización de Navarra no es el problema. Ni la culpa la tiene Fermín, santo y mártir. Lo grave, puestos a elevar la discusión de la anécdota a la categoría, es el relativismo del riau-riau como música de fondo para consumar la tropelía.

Hora de fugarse de este mundo invivible, aunque sea por la trampilla de la imaginación. Lo que daría por una noche contigo, Eirene, hija de Zeus y Temis, diosa de la Pax y de mis sueños, en el Cinema Paradiso de Tornatore, rozando con mis labios tu piel mojada bajo una tormenta de verano, tumbados bajo un cielo sin más estrellas que el brillo de tus ojos azul ultramar, de un lapislázuli indefinible, con la luna meciéndose en la playa, y yo, pobre diablo, susurrándote al oído los acordes de Morricone, contando una a una tus pecas de canela, y escuchando el silencio de tus pensamientos, ciego como Alfredo, pero de pasión, y atormentado, como Salvatore, por el miedo a perderte.

¡Hay que ver lo que da de sí Grecia, mon amour!

José Antonio Ruiz

Periodista

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