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Una de piratas

jueves 29 de mayo de 2008, 23:20h
Hay un anuncio de cerveza de lo más divertido en el que vemos cómo es transportado hasta el Mediterráneo, volando en un taburete de barra de bar, a modo de escoba brujil, aquél que se decide a degustar tan estimulante bebida. Este mar nuestro se nos aparece ahora como un paraíso pero hubo un tiempo en que sus costas eran una sucursal del infierno. El Mare Nostrum de los romanos, es el mismo Al-Bahr al-Shami, el Mar de Siria (de la Gran Siria, se entiende) de los Omeyas y Al-Bahr al Abyad, es decir, el Mar Blanco de la orilla africana. En este precioso escenario de aguas cristalinas se sucedieron durante siglos incesantes ataques piráticos que dejaron la costa casi despoblada. El temido pirata berberisco Barbarroja, azote de las naves cristianas, era para los otomanos un respetado, pulcro y justiciero gobernante a su servicio. Aruch, y su hermano Jeireddin, ambos apodados Barbarroja, desde su base en Argel, hicieron la navegación muy peligrosa al gobierno español del siglo XVI y se convirtieron en los auténticos amos de todo el Mediterráneo occidental. Más adelante otros piratas, como el renegado cristiano, Simon Danser, extendieron sus ataques a las costas atlánticas, llegando incluso hasta la lejanísima Islandia. A principios del siglo XVII había en Argel 30.000 esclavos cristianos fruto de tan fértiles y lucrativas rapiñas por tierra y mar.

Bucaneros, filibusteros y corsarios se han convertido en personajes de leyenda gracias a la historia real y a la literatura. Todos pretendían lo mismo: el asalto a buques cargados de tesoros, pero había entre ellos ciertas diferencias. Los bucaneros, fueron expulsados de la Española y se apoderaron de la Isla Tortuga dando paso a la leyenda. Los filibusteros solían atacar las poblaciones costeras del Mar de las Antillas, llevando el terror por igual a la navegación y a la pacífica población terrestre. Los corsarios solían trabajar a las órdenes de un gobierno pero los piratas, a secas, no cumplían más órdenes que las suyas, aunque eso sí, tenían un código, el famoso “código de los piratas”, tan feroz como justiciero.

Triste o afortunadamente, los piratas de hoy ya no son como los de antes, no obedecen al estereotipo de parche en el ojo, pata de palo y loro en el hombro que inmortalizara Stevenson en “La isla del tesoro”. Los de ahora parecen inspirarse en el cine de acción más espectacular, navegan en veloces embarcaciones, equipadas con sofisticados sistemas de navegación y negocian su botín en las Embajadas, por ejemplo en las españolas.

Hace tan solo un mes lo hemos podido comprobar frente a las costas de Somalia. La tripulación del pesquero Playa de Bakio y los afortunados (o al menos exitosos) piratas somalíes lo podrían contar mucho mejor que yo.

Pero si quieren disfrutar y saber más de los piratas más “románticos” no se pierdan los libros de piratas de la colección Isla de la Tortuga de la Editorial Renacimiento. Títulos como “Los corsarios berberiscos”, “Las mujeres piratas” o “Quién es quién en la piratería” les esperan para hacerles disfrutar como niños. Desde luego mucho mejor que las noticias de los periódicos.

Reyes de Gregorio

Restauradora

REYES DE GREGORIO es autora de dos libros de poesía y restauradora de pintura

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