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Miedo a la productividad: la regla del 80-20

sábado 18 de julio de 2015, 19:52h
“Si el hombre no puede aprobarse a sí mismo, porque ha fracasado en la tarea de vivir productivamente, debe sustituir la propia aprobación por la aprobación de otros”. Erich Fromm

El padre de un amigo siempre decía que el buen comercial era aquel que vendía mucho y trabajaba poco. Imaginen por un momento que se pudiera trasladar esta sabiduría a las relaciones personales y pudiéramos afirmar que “la buena pareja -o el buen amigo- es aquella que dedica poco tiempo a su compañero pero sin embargo le mantiene satisfecho”, o que “el buen padre es aquel que dedica el tiempo justo a sus hijos y así mantiene una relación equilibrada con ellos”. Con independencia de lo que signifiquen para ustedes las palabras ‘mucho’, ‘poco’, ‘satisfecho’, ‘justo’ y ‘equilibrada’, ¿estarían de acuerdo con alguna de estas las afirmaciones?

El economista y sociólogo italiano Vilfredo Pareto comprobó en el siglo XIX cómo la sociedad de su época se dividía en dos grupos de proporciones 80-20 de tal manera que el grupo minoritario, formado por un 20% de la población, ostentaba el 80% de algo y el grupo mayoritario, formado por el 80% de la población, tenía tan solo el 20% de ese mismo algo. En aquella época el 20% de la población poseía el 80% de la riqueza económica y del poder político. Aunque hoy en día podríamos hablar de desigualdades cercanas al 1-99 en cuanto al poder político y económico se refiere, el principio o índice de Pareto todavía se aplica al mundo de los negocios, donde se estima que el 80% de los beneficios de una compañía es generado por el 20% de los clientes, o que el 20% del tiempo invertido es responsable del 80% del resultado.

Aunque su aplicación y proporciones pueden ser subjetivas, aproximadas y adaptables a cada caso, está claro que la mayoría perdemos una gran cantidad de tiempo por el camino y somos poco productivos tanto en el terreno profesional, como en el personal. Para poder maximizar nuestro tiempo y obtener resultados óptimos, es decir, aprovechar al máximo ese supuesto 20% más eficiente, antes tendríamos que ser conscientes de cómo desperdiciamos ese otro 80% aparentemente ineficiente.

En el terreno laboral sería curioso poder sentarse con nuestro jefe y soltarle algo así: “le voy a ser sincero: una gran parte del tiempo que paso en el trabajo no hago nada que tenga que ver con la empresa y estoy convencido de que podría venir a trabajar la mitad del tiempo y producir aún más todavía, ya que estaría mucho más motivado”. Es complicado medir el rendimiento óptimo de un trabajador con una herramienta diferente al dinero. Aunque todos los que trabajan en un hospital saben quién es el buen médico y los profesores del instituto pueden diferenciar, sin lugar a duda, entre el profesor brillante y el profesor pésimo, parece misión imposible encontrar una forma general de evaluar la calidad de una persona en un contexto particular. Por suerte o por desgracia, los que suelen trabajar muy bien no dedican mucho tiempo a ‘quedar bien’ y viceversa, dos naturalezas que se contraponen. El principio de Pareto otra vez en acción, imaginen quiénes pertenecen al 20% y quiénes al 80%. Me contaba una amiga americana que para valorar la calidad del profesorado del sistema de educación público estadounidense, el gobierno estableció una serie de exámenes (PARCC) que evalúan casi anualmente los conocimientos de los alumnos desde primaria hasta el bachillerato. La mayoría de los profesores ahora dedican más tiempo a entrenar a los alumnos para sacar buena nota en cada uno de los diferentes test que a la enseñanza genuina de sus materias. De nuevo el 80% dedicado a salir guapo en la foto y el 20%, a hacer bien su trabajo. Hoy en día parece difícil acabar con el maquillaje laboral, al menos trabajando por cuenta ajena, pero, ¿qué me dicen de su vida personal? ¿Creen que podrían desnudarse frente a su familia y amigos?

Con la edad no solo somos conscientes del poco tiempo productivo que esconde una larga jornada laboral, sino que también aprendemos a cuidar de un manojo de buenos amigos mientras renunciamos a decenas de conocidos. Con el paso del tiempo sentimos que cuanto mejor estemos separados de nuestra pareja, mejor podremos estar juntos. Con los años confirmamos cómo el exceso de atención deteriora tanto la relación con nuestros hijos como la que tenemos con nuestros padres y, en un futuro no muy lejano, comprobaremos en nuestras carnes cómo, además de entretenernos y ‘conectarnos’, el móvil también nos sobre-excita y debilita. Como todo en la vida, desequilibrio por aquí, desequilibrio por allá, 80-20, cantidad o calidad, volumen o productividad, saturación o conexión. En la vida familiar no hay mejor forma de valorar la calidad de nuestro tiempo y dedicación que a través de las evidentes muestras externas de salud, sosiego, cariño o alegría, propias y ajenas. Discutir mucho con nuestra pareja o con nuestros hijos no es una consecuencia de una relación de calidad sino, quizás, de demasiada cantidad; la ansiedad nunca surge de una relación sana y productiva sino, quizás, de otra forzada y saturada.

Para pasar del exceso a la mesura o del ‘qué dirán’ al ‘qué bien están’, hace falta valor además de sensatez y honestidad. Hay que ser muy valiente para decirle a nuestra pareja que nos apetece pasar unos días de vacaciones con nuestros amigos o que queremos un fin de semana libre al mes para nosotros mismos; hay que ser muy valiente para decirle a nuestros familiares o a nuestros hijos que lo importante no es estar presentes sino dejar de estar ausentes; hay que ser muy valiente para dejar la TV, el ordenador y el móvil a un lado y ponerse a leer, conversar o pasear; en definitiva hay que ser muy valiente para vivir productivamente y no dejarse llevar por lo que nos dice la corriente.

Muchas veces el paso del tiempo nos deja una sensación extraña, como la de no recordar el sabor de lo que acabas de comer. Con el tiempo entendí que lo que realmente quería decir el padre de mi amigo es que para ser productivo en la vida no hay que perder ni un minuto, ya que el tiempo es un bien muy preciado, y escaso.

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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