"Una campaña electoral se compra, no se gana". La frase, atribuida a un asesor político del expresidente Richard Nixon, de infausto recuerdo para la moralidad democrática por su implicación en el escándalo del 'Watergate', es tan dura como cierta, al menos en parte.
A algo más de un año para que
Estados Unidos elija a su cuadragésimo quinto presidente, el que será el sucesor de Barack Obama, y aun cuando todavía queda recorrido para que se conozcan los candidatos oficiales de los dos grandes partidos, los aspirantes demócratas y republicanos hacen acopio de fondos para la que se presume será
la campaña presidencial más cara de la historia del país. Y es que, si todos los aspirantes tiene algo claro es que sin dinero no hay nada que hacer.
A día de hoy, un nombre destaca por encima de los demás a la hora de captar fondos para su causa:
Jeb Bush. El hermano e hijo de expresidentes ha logrado la nada despreciable cifra de
114 millones de dólares desde que anunciara su intención de presentarse a las primarias republicanas a mediados del pasado mes de junio.
Es precisamente la captación de fondos la gran baza de Bush, sabedor de que se apellido cuenta con un peso enorme y una influencia sin parangón entre los aspirantes conservadores. Prueba de ello es que casi la totalidad del dinero recibido por su equipo electoral proviene de donaciones privadas: nada más y nada menos que 103 millones de dólares donados por los conocidos como
'super PACs' o
Comités de Acción Política, unos órganos independientes de tremenda influencia en el EEUU.
Significativo es al menos el dato de que, de los 250 mayores donantes históricos del Partido Republicano, Bush ha logrado el respaldo de hasta la fecha 30 de ellos, más que ningún otro aspirante. Además, el exgobernador es junto al también conservador
Bobby Jindal, el candidato cuyos donantes más veces han cedido el tope permitido, 2.700 dólares por persona: un 81 y 82 por ciento, respectivamente. Esto da buena idea de que tanto el votante conservador adinerado como el humilde ven en él al candidato más fuerte y con más opciones.
Para hacerse una buena idea del poder de recaudación de Bush, los siguientes tres candidatos conservadores en captar más fondos a sus respectivas causas,
Ted Cruz (52 millones),
Marco Rubio (40) y
Rick Perry (17,9) suman casi lo mismo que lo percibido por el exgobernador de Florida.
En segunda posición de esta paralela carrera recaudatoria figura la que todos dan como segura para ser la candidata demócrata,
Hillary Clinton. La exsecretaria de Estado ha recaudado a día de hoy 63,1 millones de dólares, muy lejos de Bush.
Sin embargo, si el análisis se restringe a lo que logran sumar los propios aparatos de los candidatos, es Clinton la que gana por goleada al resto de candidatos, pues su equipo ha logrado 47,5 millones por los apenas 11,4 millones de Bush.
Otro que figura en estas clasificaciones,
elaboradas por el New York Times, es el polémico y multimillonario
Donald Trump, aunque en su caso es por ser el candidato que más gasta en proporción a lo recaudado: 1,4 millones, un 74 por ciento de lo que tiene en su fondo actual.
En el lado contrario se sitúa Clinton, que es la candidata que menos fondos ha gastado, pues conserva todavía 28 millones de dólares, sabedora quizás de que el grueso de sus activos deberá utilizarlos en la campaña presidencial y no tanto en las primarias, donde apenas cuenta con oposición.
Estas mareantes cifras dan buena cuenta del dinero que mueve unas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Los analistas apuestan por que la campaña del año que viene romperá todas las cifras registradas hasta la fecha. Ya los
comicios de mid-term celebrados el año pasado supusieron todo un derroche de fondos, aunque fue 2012 el año que destrozó las estadísticas con un presupuesto global de
6.000 millones de dólares, mil millones más que cuatro años antes y más del doble que en las presidenciales de 2002.
El más que presumible duelo entre Clinton y Bush por hacerse con la Casa Blanca se dirimirá en una cruenta campaña en la que no faltarán asuntos como seguridad, economía, política exterior, inmigración o sanidad, sin embargo ambos ya se han lanzado en una particular y millonaria carrera recaudatoria que puede dar una ventaja definitiva de cara a la victoria final.