SUDÁFRICA
Un rito ancestral le cuesta la vida a al menos 32 niños
Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
miércoles 22 de julio de 2015, 15:11h
Actualizado el: 23/07/2015 17:31h
Muchos de ellos, secuestrados y mutilados a la fuerza.
Por Borja M. Herraiz
En la primera semana fueron seis. En la segunda, la cifra se incrementó hasta los catorce. Hasta ayer, la cifra era de al menos 32 menores fallecidos y 150 hospitalizados en Sudáfrica. La causa: los peligrosos ritos de iniciación a los que se les somete a los niños en las zonas tribales para marcar su paso a la edad adulta.
Tras la caída del régimen del Apartheid en 1992, Sudáfrica lleva más de dos décadas intentando ser una única nación de naciones, un estado que aglutine el crisol de identidades y comunidades blancas y negras, autóctonas y postcoloniales. En aras de este objetivo, las autoridades locales son muy respetuosas con las tradiciones tribales, a pesar de que muchas de ellas violan el código penal e incluso derechos elementales de mujeres y niños.
Todos los años por estas fechas, invierno en el Hemisferio Sur, decenas de tribus y comunidades sudafricanas ponen en práctica un sinfín de ceremonias para que los menores dejen atrás con 16 años la niñez y pasen a ser adultos de pleno derecho.
Para ello, deben pasar pruebas de todo tipo a lo largo de un periodo de entre dos y cuatro semanas. Desde circuncisiones en precarias condiciones de salud hasta interminables marchas bajo el sol o salvajes peleas en las que muchos son apaleados hasta quedar inconscientes. Algunos casos acaban en muerte, muchos más en mutilaciones o secuelas de toda clase.
Perseguidos oficialmente por el Ministerio de Asuntos Tradicionales, la cartera responsable de este tipo de casos, lo cierto es que hacer valer la ley frente a tradiciones con siglos de arraigo no es una tarea fácil. Se calcula que entre 2008 y 2013, en torno a 400 menores fallecieron y medio millón necesitaron asistencia médica como consecuencia de estos ritos.
La mayoría de las muertes se han producido en las zonas del interior de la región de Eastern Cape, en el seno de comunidades seminómadas a mitad de camino entre Sudáfrica y Lesotho, de extracción muy humilde y que no reconocen la autoridad más allá de la de sus jefes tribales, por lo que hacer valer la ley es una misión casi imposible.
La alarma social que despiertan estos ritos de iniciación año tras año ha llevado al Gobierno sudafricano a tomar cartas en el asunto y a lanzar una campaña en la que se advierte a los padres de los menores de que podrían ser encarcelados en caso de que presten a sus hijos para este tipo de ceremonias.
En declaraciones a France Press, un portavoz de Zwelonke Sigcawu, uno de los reyes locales más importantes, señalaba que "por muy importante que sea el rito de iniciación dentro de nuestra sociedad, no podemos darnos el lujo de perder vidas en él. La importancia de la vida es mayor que la importancia del ritual".
Sin embargo, muchos de los progenitores denuncian que los menores son secuestrados e iniciados a la fuerza en escuelas ilegales. Sólo en lo que va de año, la policía sudafricana ha clausurado 150 de estos centros y liberado a una decena de niños que iban a ser circuncidados contra su voluntad.