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Nuevo acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos

miércoles 22 de julio de 2015, 19:55h
Actualizado el: 22/07/2015 20:00h

Esta semana hemos asistido a un hito en las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Por primera vez en algo más de cinco décadas la bandera cubana ha sido izada en la embajada de La Habana en Washington. Pensemos que la decisión de que se cortaran los vínculos políticos y de que, en consecuencia, se cerraran las dos embajadas en Washington y La Habana se produjo el 3 de enero de 1961, siendo entonces presidente en Estados Unidos el republicano Dwight Eisenhower.

Creo que la reapertura de las respectivas embajadas refleja la doctrina del presidente Obama de querer negociar con clásicos enemigos, en la misma línea del reciente acuerdo nuclear alcanzado con Irán, además de ser, por supuesto, fruto de las intensas y largas negociaciones desde que Barack Obama y Raúl Castro anunciaran su deseo de acabar con la hostilidad en las relaciones políticas y económicas entre ambos países el 17 de diciembre de 2014. Sería injusto no reconocer la labor que en ello ha jugado como mediador el papa Francisco a la hora de acercar a ambos países y por ello no es casual que el santo padre visite Cuba entre el 19 y el 22 de septiembre y seguidamente Estados Unidos del 22 al 27 del mismo mes.

Aunque es cierto que el presidente estadounidense ha conseguido el logro histórico de que se levanten algunas restricciones para hacer negocios y para viajar, esto no parece ser suficiente. Tengamos en cuenta que el embargo completo solo puede quedar derogado por el Congreso y el problema al que se enfrenta ahora el gobierno demócrata es que los republicanos, con mayoría en el parlamento, no están por la labor de apoyarlo. Buena prueba de ello es la reacción que tuvo el candidato presidencial republicano Jeb Bush a la reapertura de la embajada cubana: “La prisa de Obama en restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba está mal. Esta embajada solo servirá para legitimar aún más un régimen represivo”.

Se espera que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas traiga consigo nuevas demandas por ambas partes que prometen la entrada en una segunda fase de negociaciones, con seguridad nada fácil. Según explicó en su discurso el ministro de Relaciones Exteriores Cubano, Bruno Rodríguez, “solo la eliminación del bloqueo económico, comercial y financiero que tanto daño y privaciones ocasiona a nuestro pueblo, la devolución del territorio ocupado en Guantánamo y el respeto a la soberanía de Cuba darán sentido al hecho histórico que estamos viviendo hoy”. Y es que parece claro que La Habana desea mantener un firme control socio-económico en la isla para impedir la injerencia norteamericana en asuntos de competencia exclusiva para los cubanos y así no menoscabar su independencia. Por su parte, Estados Unidos exige una mejora en el respeto de los derechos humanos en Cuba y reclama –diría que como un brindis al sol- un pago por las expropiaciones realizadas de tierras y bienes de familias o empresas estadounidenses tras la revolución. Concretamente, han sido los senadores republicanos Marco Rubio y David Vitter quienes en el mes de mayo lideraron esta iniciativa a través de un proyecto de ley (Ley Cubana de Liquidación de Reclamaciones de Estados Unidos) con el objetivo de que el gobierno de La Habana pagase su deuda a Estados Unidos (entre $ 7.000 y $ 8.000 millones) por las propiedades confiscadas.

Por todo lo anterior, más que del final de las tensas relaciones diplomáticas entre dos antiguos enemigos de la Guerra Fría creo que debería hablarse de un nuevo comienzo de acercamiento o de deshielo diplomático que ojala conduzca a la normalización completa entre estos dos países, a partir del respeto de ambos por los derechos humanos básicos y por las normas del Derecho Internacional.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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