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Presupuestos con la “nocturnidad” de agosto con elecciones

domingo 26 de julio de 2015, 07:58h

El gobierno ha confirmado, este viernes que será en el próximo consejo de ministros, el último día de julio, cuando presente los Presupuestos Generales del Estado. No sólo es inusitada la prisa del gobierno por poner en marcha los presupuestos, sino que el presidente del Gobierno ha dejado a sus ministros casi sin vacaciones porque quiere que éstos estén aprobados cuanto antes. Lo mismo ocurre con el presidente del Congreso, que ha habilitado el mes de agosto para aprobar multitud de leyes que quedan aún pendientes, la más importante de las cuales es, precisamente, la de las cuentas públicas: la ley central de la democracia que da sentido al Parlamento. Por eso, hacer un debate presupuestario por trámite de urgencia, y en la “nocturnidad” de agosto, es, cuando menos, de mal estilo democrático.

El calendario previsto es que a mediados de agosto se debatan los presupuestos en el Congreso de los Diputados. A comienzos de Septiembre, la ley se remitirá al Senado para su revisión. Y volverá de nuevo al Congreso, para que se vuelvan a debatir sus últimos detalles y salgan aprobados a comienzos de octubre. Una vez cumplido este acelerado trámite, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, convocaría las elecciones, lo cual nos lleva al 13 de diciembre como fecha más probable para los previstos comicios de este año.

¿Por qué tiene Mariano Rajoy el empeño de que estén hechos sus deberes presupuestarios cuando tome posesión el próximo gobierno? Hay dos motivos principales, los dos legítimos, aunque uno más serio que el otro. Por un lado, estos son los primeros presupuestos de la recuperación. El crecimiento sigue acelerándose, la creación de empleo también, y ello permitirá al gobierno convertir la ley en un instrumento electoral.

Pero hay otro motivo, más grave. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero convocó elecciones para el 20 de noviembre de 2011, sin aprobar unas nuevas cuentas. Esto obligó a que se prorrogasen las del año en ejercicio, y no se pudieran hacer otras nuevas, que estuviesen más adaptadas a la realidad de aquél duro 2012, y no quiere que se repita en 2016. Por otro lado, son un instrumento muy importante de política económica y, si bien pueden contribuir a esta recuperación, también pueden ser letales para ella. Ahí está el ejemplo del gobierno de Syriza, que sólo ha necesitado de seis meses para sumir a su pueblo de nuevo en la recesión. A juicio de Mariano Rajoy, un Ejecutivo liderado por el PSOE y por Podemos podría tener los mismos resultados. Si llegan con las cuentas aprobadas, podrían hacer cambios por real decreto, y sólo sobre una parte de las previsiones de gasto, pero no harían tanto daño, a su juicio, como podrían hacer de otro modo. Una amalgama de motivos electoralistas y patrióticos explican esta prisa por sacar las cuentas de 2016.
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