Ciudadanos triplica al Partido Popular en intención de voto en Cataluña. Xavier García Albiol, en sus primeras intervenciones como candidato a la Generalidad, ha tenido palabras de desprecio hacia el partido y la figura de Albert Rivera, actitud que no agrada en Génova porque con ello se está criticando la decisión de antiguos votantes que han dado el salto –y a los que habría que recuperar-, porque el rival principal es el bloque por la independencia y no la lista de Inés Arrimadas y porque la debilidad del PP en Cataluña no le permite licencias como ataques a la fuerza constitucionalista hoy mayoritaria en la región y con la que tendría que sentarse a negociar si los resultados permitieran echar abajo el proceso soberanista.
Lo que ocurre en Cataluña es extensible en buena parte al resto del país. Según un sondeo de la Junta de Andalucía, Ciudadanos sería tercera opción en este territorio en las generales, por delante ya de Podemos. El partido naranja ha salido respaldado de unas autonómicas y municipales en las que ha priorizado la estabilidad sobre los vuelcos, no aceptando gobiernos multicolor y ni poder, evitando el desgaste que conlleva pero, eso sí, imponiendo duras condiciones a los que han recibido su respaldo. Sus dos primeros grandes acuerdos son ejemplo de este relato: en Andalucía, con Susana Díaz; en la Comunidad de Madrid, con Cristina Cifuentes, papeletas difíciles dada la lupa con que se mira a PSOE y PP en estos territorios.
Rivera reflexionó en alto en la presentación de su proyecto educativo. Dijo que sólo Ciudadanos, y así ha sido hasta el momento, puede sentarse con "rojos" y "azules" y firmar compromisos. Lo hizo para argumentar que su partido garantiza pactos tan inalcanzables como parece precisamente uno educativo, sabedor de que Podemos es más 'selectivo' y menos paciente. Ante la previsión de un Congreso de los Diputados fragmentado, el PP no puede espantar a un socio más atractivo que los nacionalismos de antaño y menos aún sembrar declaraciones que la hemeroteca puede desenterrar en mal momento, a la espera de que el arranque de García Albiol no haya provocado más desgaste aún.
Ciudadanos, que va a pelear por el bronce a escala nacional, al menos como objetivo inmediato, tiene en el 27-S un trampolín para mostrarse por encima de PP y PSOE y fuerte frente a un enemigo, el independentismo, contra el que el Gobierno central ha actuado con tibieza, en vista de las deserciones en Cataluña. Con Podemos en caída y con problemas, y con Ahora en Común componiéndose y amenazando, la meta es factible, como probable que Rivera sea el hombre que determine la identidad del inquilino de La Moncloa el próximo mandato. A Rajoy sólo le sirve ganar, dada la predilección de Ciudadanos por la lista más votada, victoria que se aleja si Ciudadanos sigue creciendo.
En el poco tiempo que resta hacia las generales, el presidente debe equilibrar la natural crítica con el respeto a la formación colindante. Debe agradecer sin embargo el auge de Ciudadanos; un Congreso sólo con PP, PSOE y Podemos destacados significaría para los primeros una previsible derrota, al menos en el balance de escaños. El calendario ya no da margen para nuevos errores pero sí para corregir y afinar estrategias.