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BIOGRAFÍA

Lucy Hughes-Hallett: El gran depredador. Gabriele D’Annunzio

domingo 02 de agosto de 2015, 16:33h
Lucy Hughes-Hallett: El gran depredador. Gabriele D’Annunzio
Traducción de Amelia Pérez de Villar. Ariel. Barcelona, 2015. 752 páginas. 29,90 €. Libro electrónico: 14,99 €. Ambiciosa biografía, galardonada con varios premios, que nos descubre las claves del controvertido escritor italiano, más allá de tópicos reduccionistas.

Por Adrián Sanmartín

De “fauno al sol poniente” calificó Corpus Barga al escritor, político y militar italiano Gabriele D’Annunzio (1863-1938). Sin duda, caracterización muy atinada para una vida que alcanza condiciones casi mitológicas, para una personalidad que poseía, como apuntó Marinetti, una “capacidad de complacer diabólica” y a quien Romain Rolland comparó con el lucio, el pez depredador de agua dulce: “Un depredador que se mantiene agazapado esperando que surja alguna idea”, comentario inspirador del título de este libro. La escritora británica Lucy Hughes-Hallett, miembro de la Royal Society of Literature, crítica literaria del suplemento cultural Sunday Times, nos ofrece en esta monumental y ambiciosa biografía de Gabriele D’Annunzio, justamente merecedora de varios galardones, como el Samuel Johnson, un completo, esclarecedor y exhaustivo recorrido por la trayectoria vital y literaria de tan sorprendente y singular figura. Porque D’Anunnzio no es únicamente el exquisito esteta que fascinó a Luchino Visconti -en las antípodas ideológicas de su compatriota-, recordemos su filme El inocente basado en la novela de título homónimo de D’Annunzio, ni solo un adelantado al fascismo, sino un complejo temperamento marcado por el exceso y que se despliega en múltiples vertientes.

Nacido en Pescara el 12 de marzo de 1863, en el seno de una familia de terratenientes, cuando solo tenía dieciséis años publicó su primer libro de poesía, y, a partir de ahí, se convirtió en uno de los autores más prolíficos, cultivando todos los géneros. No obstante, la gran energía que derrochaba D’Annunzio le permitió compaginar su intensa dedicación a la literatura con una no menos intensa actividad militar y política. Salió elegido diputado, y después, durante la Primera Guerra Mundial fue piloto voluntario, perdiendo la visión de un ojo en un accidente. Fue un hombre de enorme cultura, que leía tanto a los clásicos como a los literatos más modernos, y un consumado mujeriego. Casado con María Hardouin di Gallese, con quien tuvo tres hijos, vivió un sinfín de sonados affaires amorosos y mantuvo un torrencial y enrevesado idilio con la famosa actriz Eleonora Duse, que explicitó el sentimiento que el carismático D’Annunzio despertaba en no pocas personas: “Detesto a D’Annunzio, pero le adoro”, dijo Eleonora Duse, que interpretó muchas de las piezas de teatro del escritor italiano, algunas concebidas específicamente para ella, y con quien D’Annunzio formó también “una sociedad profesional”, que les reportó beneficios a ambos.

Uno de los episodios más llamativos y reveladores de su trayectoria fue la aventura de Fiume. Tras la Primera Guerra Mundial, la cesión de esta ciudad -hoy Rijeka, en Croacia-, irritó profundamente a D’Annunzio y organizó la toma de la ciudad, declarándola como Estado Libre de Fiume, que fue, en buena medida, un banco de pruebas del posterior régimen de Mussolini: “D’Annunzio -explica la autora de esta biografía- creyó firmemente que estaba trabajando por la creación de un orden mundial nuevo y mejor: una política de lo poético. Sus seguidores veían Fiume como un lugar donde la vida podía empezar de cero, sin impurezas, libre y más bella de lo que fuera anteriormente. Pero la cultura que allí se creaba tomó enseguida un cariz que, visto en retrospectiva, resulta repugnante. […] Las camisas negras, el saludo romano con el brazo extendido, los cánticos y los gritos de guerra, la glorificación de la virilidad y de la juventud, la patria y el sacrificio cruento eran, todos ellos, elementos que ya estaban presentes en Fiume tres años antes de la marcha de Mussolini en Roma”.

De esta forma, si bien D’Annunzio -como aclara Hughes-Hallett- no veía precisamente con buenos ojos que se le considerara “como un simple precursor que preparaba el camino para el Mesías de Mussolini”, hay que concluir, subraya la biógrafa, que “aunque D’Annunzio no fue un fascista, el fascismo sí era dannunziano”. Por esa relación, D’Annunzio ha pagado un alto precio, relegándose su obra que, sin embargo, no es desdeñable y merece verse sin prejuicios ligados a la faceta política de su autor. Hay que saludar, pues, por ejemplo, la iniciativa de la editorial Alianza de publicar hace poco una nueva y excelente traducción de El inocente, donde su personaje principal, Tullio Hermil, tiene mucho de dannunziano.

En cualquier caso, es evidente que la controvertida figura de D’Annunzio da pie para indagar en sus contradicciones, para relatar los sorprendentes avatares de una existencia única que no obvió, sino todo lo contrario, ningún exceso ni escándalo, y suscitó tanta admiración como rechazo. Una existencia cuyo final estuvo acorde con el sentido teatral de la vida que D’Annunzio derrochaba -como tantas otras cosas-, preparando con mimo su propia capilla ardiente en El Vittoriale, su última morada, una suntuosa villa construida a las orillas del lago de Garda, que hoy se puede visitar.

Lucy Hughes-Hallett aprovecha con pericia el mucho juego que ofrece el personaje, y tiene claro “que no se puede despreciar a D’Annunzio diciendo que era un ser singularmente repugnante o trastornado”. La biógrafa no oculta, sin embargo, sus aristas, con el resultado de una obra que, pese a su grosor, se lee sin cansancio y nos facilita una visión no solo de su protagonista sino de toda un fenómeno histórico-cultural. De ahí que ella misma con razón advierta: “La historia de D’Annunzio es una historia que vale la pena contar, por razones que van más allá de su enorme talento y del drama de su vida -por muy escabrosa y ajetreada que fuese- porque ilustra una franja de la historia de la cultura que tiene sus orígenes, aparentemente inocuos, en el pasado clásico, pasa por las maravillas del Renacimiento y el idealismo del Romanticismo de principios del XIX y acaba por meterse en el ejército o en el manganello, el club fascista”.

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