Al Sisi en Egipto: el mal menor
martes 04 de agosto de 2015, 08:12h
La visita del secretario de Estado norteamericano John Kerry a Egipto presupone el final de la relativa cuarentena de Occidente al Gobierno militar de Abdelfatah Al Sisi tras un golpe de Estado en 2013. Las desconfianzas y los recelos éticos han pasado a un segundo lugar dada la gravedad de los acontecimientos en esa ribera del Mediterráneo. El rechazo frente al general Al Sisi surgió no solo cuando derrocó al presidente Mohamed Morsi, elegido democráticamente en las urnas, sino cuando extendió su puño de hierro ante cualquier tipo de disidencia contra el ordeno y mando del ejército.
En su momento, la condena a Al Sisi no pudo ser contundente, en tanto que el islamista Mohamed Morsi -hoy encarcelado- estaba dando de hecho un golpe institucional desde el propio aparato del Estado contra la recién instituida democracia egipcia. A través de los suníes Hermanos Musulmanes el derrocado Mohamed Morsi organizó un envío planificado de combatientes a Siria, junto a los yihadistas que hoy constituyen el Estado Islámico, para contar a su vuelta con una fuerza militar islámica bien entrenada que sostendría por las armas el régimen suní que planeaba. Este fue el detonante último que desencadenó el golpe de Estado hace dos años, antes de que los Hermanos Musulmanes formaran su propia fuerza armada.
Mohamed Morsi operó como un dragón que se encontró de frente a otro dragón, Al Sisi. Al cabo de dos años, las cancillerías occidentales constatan que si el líder de los Hermanos Musulmanes hubiese permanecido al frente del poder en El Cairo, el Estado Islámico contaría con un poderío militar y político infinitamente superior al que hoy tiene, y que Egipto podría ser en la actualidad un califato gemelo al que se ha instalado en tierras sirias e iraquíes. Los grupos armados yihadistas suníes que actúan cada vez más furiosamente en la península del Sinaí, avalan por completo este diagnóstico. Al cabo de estos veinticuatro meses, Estados Unidos y el resto de Occidente se ven obligados a tomar partido por uno de estos dos males. Y han elegido el mal menor: Al Sisi. Le han levantado el bloqueo en el envío de carros de combate, misiles y cazas, que hoy llegan apresuradamente a Egipto. El plan es que El Cairo controle el yihadismo en el Sinaí y actúe como imprescindible contrapeso frente al Estado Islámico. Pero no sería malo que junto a esta ayuda, llegasen también presiones diplomáticas para que se elimine la desaforada represión política que se enseñorea hoy en el país de los faraones.