Con la pretemporada ya en sus postrimerías, los vigentes campeones de Liga de Campeones y Liga Europa se enfrentaban en el georgiano Dinamo Arena de Tiblisi. La mejor forma está aún por llegar, y es en estos compases cuando las sorpresas no lo son tanto. Sin embargo, un Sevilla en su enésima reconstrucción se encontró con un Barcelona con hambre de sextete.
La final empezó de la mejor manera para el cuadro entrenado por Emery. Una incursión de Reyes en el primer minuto acabó con un derribo de Mascherano. Banega cogió la pelota, la posó cerca de la línea del área algo escorado hacia la izquierda, miró la portería de Ter Stegen y donde puso el ojo, puso el balón. Un gran gol de falta del argentino para poner el 0-1 en el segundo minuto de partido.
Poco duró la alegría en el club andaluz. Como si alguien pusiera un espejo del primer tanto en el ataque azulgrana, Messi, casi desde el mismo lugar, superó en puntería el gol de Banega mandando el esférico a la misma escuadra.
Corría el minuto 7 en el momento del empate y al cuarto de hora, Messi quiso convertirse en el centro de las pesadillas de Beto. Otra falta, más centrada pero a unos 35 metros de distancia de la línea de gol. Poco le importó al 10 azulgrana, que apuntando al palo del portero volvió a mandar el balón al fondo de la red para convertir el 2-1. El entusiasmo sevillista se venía abajo ante la exhibición del argentino.
Pasaban los minutos y el dominio del Barcelona se hacía latente, pese a no contar con ocasiones claras, tenía la tranquilidad de que su rival apenas podía pasar de tres cuartos de campo. Poco a poco, ese control iba vanzando metro a metro. En el minuto 27, Luis Suárez aprovechó un centro de Mathieu para marcar, pero el tanto fue anulado por fuera de juego.
A pesar del control, el Sevilla se arregló para asustar a la defensa azulgrana. Ya a cinco minutos del descanso, un centro de Vitolo no llegó a los pies de Iborra por poco. Como reacción, el susto sirvió al Barcelonapara recuperarse minutos después con una contra salvaje. El mano a mano de Suárez con Beto cayó del lado del portero, aunque la parada sirvió al uruguayo para recuperar el balón antes que la defensa, para desesperación de Beto, y asistir a Rafinha para el tercero de la noche caño mediante.
El Barcelona se marchaba a vestuarios con 3-1 en el marcador y con el control del partido en sus pies, dominio que remató a la vuelta con un 4-1 obra de Suárez- gracias un regalo de Tremoulinas a Busquets para que asistiera al uruguayo- que hizo imposible de pronosticar lo que estaba por llegar.
El Sevilla, pese a volver a rehacerse con nuevas caras tras otra diáspora de grandes jugadores encontrados por Monchi, lo que nunca pierde es el espíritu de lucha. Y lo demostró cinco minutos después para seguir vivo en el partido. Un espectacular centro de Vitolo tras recorrer la cal izquierda del campo llegó a los pies de Reyes para dar un empujón de ánimo. 4-2 con 34 minutos por delante.
El Barcelona seguía con el control del balón pero a medida que iba haciendo los cambios –Sergi Roberto por Iniesta y Bartra por Rafinha- lo iba perdiendo a la vez que la seguridad defensiva, dando vida al creciente ímpetu sevillista.
Fue en el minuto 70 cuando llegó el momento clave de la final. Otra vez Vitolo, cogió el balón para ir en esta ocasión hacia la portería. Ya dentro del área, Mathieu midió mal y derribó al canario. Amarilla, penalti y gol de Gameiro para el 4-3. Sin con tres de diferencia creían, con uno la fe se transformó en avalancha.
Mariano, Immobile y Konoplyanka. Tres caras nuevas y los tres cambios de Emery en la segunda parte. Jugada que en el minuto 80 se tornó en maestra cuando el primero sacó de banda, el segundo centró tras recordarle a Bartra cierto galés veloz y el tercero remató para llevar el éxtasis a Tiblisi. El Sevilla logró empatar el 4-1 en contra y tenía ya el ánimo del partido de su lado.
La prórroga, en ocasiones, en lugar de ser el parámo de paz pactada en busca de los penaltis cuando dos equipos no pueden más, se transforma en un territorio que convierte a jugadores de segundo plano en auténticos héroes. El guión de la final de este martes siguió añadiendo giros 'hollywodianos' cuando Luis Enrique dio entrada a Pedro en lugar de Mascherano.
El canario, con la rumorología situándolo ya en Manchester, iba a disponer de la mejor despedida posible del Barcelona. Minuto 115 de partido y otra falta en lugar de alto voltaje cuando es Messi el lanzador. Al argentino apuntó bajo, pero la devolución de la barrera le permitió ver ya con claridad la región defendida por Beto, que de nuevo no puedo atrapar el balón y su rechazo cayó en las lindes del “solucionador de problemas” Pedro, que sin dudarlo puso la guinda perfecta la final.
Aún con cinco minutos por delante el Sevilla siguió sin rendirse, provocando con sus últimas cornadas en busca del empate que el público se pusiera en pie para dar la enhorabuena al nuevo campeón de la Supercopa de Europa: el FC Barcelona. El cuarto paso del sextete ya está dado.
Ficha técnica:
5 - Barcelona: Ter Stegen; Alves, Piqué, Mascherano (Pedro, min.93), Mathieu; Busquets, Rakitic, Iniesta (Sergi Roberto, min.62); Rafinha (Bartra, min.78), Suárez y Messi.
4 - Sevilla: Beto; Tremoulinas, Rami, Krychowiak, Coke; Iborra (Mariano, min.81), Krohn-Dehli, Banega, Reyes (Konoplyanka, min.67); Vitolo y Gameiro (Inmobile, min.81).
Goles: 0-1: Banega, min.3; 1-1: Messi, min. 6. 2-1: Messi, min. 15; 3-1: Rafinha, min. 42; 4-1: Luis Suárez, min. 52. 4-2: Reyes, min. 57. 4-3: Gameiro (p.), min.72. 4-4: Konoplyanka, min.82.
Prórroga: 5-4: Pedro, min.114.
Árbitro: William Collum (ESC). Amonestó con tarjeta amarilla a Krychowiak, Coke, Pedro y Mathieu.
Incidencias: partido correspondiente a la final de la Supercopa de Europa en el estadio Boris Paichadze del Dinamo de Tiflis con capacidad para 54.500 espectadores (lleno). Asistieron al partido el presidente de la UEFA, Michel Platini, y el seleccionador español, Vicente del Bosque.