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Más empleo, más actividad, y más pobreza

viernes 21 de agosto de 2015, 12:21h
Más empleo, más actividad, y más pobreza
Todo el mundo sabe lo que es la pobreza, o tiene una idea intuitiva de lo que es. Pobreza es un concepto subjetivo, pero ni los científicos sociales ni los políticos, dicho esto en un sentido amplio, pueden trabajar sin cifrar la pobreza. Y es una realidad que se escapa a la estadística. En realidad lo más adecuado es recurrir a varias estadísticas para hacerse una idea de dónde está la pobreza y a quién afecta.
Hay dos conceptos de pobreza, el relativo y el absoluto. El relativo es, en realidad, una medida de la desigualdad de rentas. Entra en el saco de la pobreza quien genere el 60 por ciento de la renta mediana (es decir, del español medio), o menos. En España esta medida la recoge la Encuesta de Condiciones de Vida, del INE. Esta encuesta toma como unidad de análisis el hogar, no los individuos, lo que es más representativo. En general, aunque sólo dentro de un orden, cuando cae la economía caen las rentas medianas y deja a una mayor parte de la población en el saco de la pobreza. En el informe de 2010 (datos de 2009), el umbral de la pobreza para una familia con dos padres y dos menores de 14 años era de 18.402 euros. En el último informe (2014, con datos de 2013), el umbral se fija en los 16.719 euros. En el informe de 2010 estaba en riesgo de pobreza el 20,7 por ciento de los españoles, y en el de 2014 el 22,2. Pero ya hizo ver Vilfredo Pareto que la distribución no varía mucho. Una renta bruta anual de 16.719 euros supone doce pagas de 1.272 euros.

El concepto más cierto de pobreza, como hizo ver hace décadas Henry Hazlitt, es el absoluto. Para apreciarlo, las medidas centradas en la renta, y su distribución, son malas. No es lo mismo tener una renta de 1.272 euros en Madrid o San Sebastián, que tenerla en Ceuta o Lugo. Un modo para acercarse a la pobreza real, material, es definir un conjunto de bienes y servicios, y recoger quién carece de ellos. Es lo que se define, según los criterios de Eurostat, como carencia material, que se define como “severa” cuando se dan cuatro de las siguientes situaciones:

-Tener retrasos en el pago de la hipoteca, el alquiler, las facturas de los servicios públicos o el pago de compras a plazos.
-No poder permitirse una semana de vacaciones fuera de tu casa.
-No poder permitirse comer carne, pollo o pescado uno de cada dos días.
-No poder hacer frente a gastos imprevistos
-No poder adquirir un teléfono móvil
-O un televisor
-O una lavadora
-O un coche
-No poder calentar la casa en invierno o quitar el calor en verano.

Corramos a decir que tanto la elección de estas condiciones como la elección de cuatro de ellas para calificarlo como “severo” es arbitrario. El teléfono era un artículo de lujo cuando salió; también la televisión. Un coche es un artículo caro, tanto de adquirir como de mantener. Retrasarse en el pago de la hipoteca o de las facturas de los servicios públicos es más común de lo que puede pensarse. Y hay que señalar que entre las condiciones no se tiene en cuenta la capacidad de alimentarse o no, sólo poder recurrir a alimentos que hace no tanto eran un lujo.

Pero esta medida, imperfecta como es, es lo que tenemos para acercarnos a una medida de la pobreza. Según Eurostat, la pobreza material severa afectaba al 3,5 por ciento de la población en 2007, pero al 7,1 por ciento en 2014. Es más, el año pasado aumentó desde el 6,2 por ciento de 2013, a pesar del aumento del empleo, el descenso del paro, y la mejora de la actividad. ¿Cómo se explica? Porque sigue habiendo un paro muy alto y el número de beneficiados por las prestaciones no deja de caer. Una posibilidad es que el aguante de las familias halla llegado al final, pero la verdad es que la riqueza financiera de las familias no ha dejado de crecer durante la crisis, porque los españoles han ajustado sus cuentas, han amortizado deuda, y han recompuesto su situación financiera.
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