No frivolizar sobre el Tribunal Constitucional
sábado 22 de agosto de 2015, 00:06h
Especialmente en momentos preelectorales, como en el que ahora nos encontramos, los partidos suelen lanzarse a una cascada de declaraciones a los medios de comunicación en las que abundan propuestas variadas en lo que a veces parece una puja por llamar la atención o acaparar titulares. Propuestas que no pocas veces son flor de un día o que lanza un dirigente del partido y luego otro, o su máximo responsable, desmiente. Se tiene la impresión así de que la comunicación entre ellos no es precisamente fluida, o que uno es el encargado de soltar globos sonda a ver cómo se recibe su iniciativa y qué respuesta obtiene. En cualquier caso, no parece que eso resulte muy adecuado para que los votantes puedan sopesar con calma qué ofrece cada partido.
Uno de los últimos ejemplos de esos, digamos suavemente, desajustes, lo ha brindado Ciudadanos. Aprovechando que dice estar trabajando en una serie de medidas por una mayor independencia de la Justicia, ha puesto en cuestión el Tribunal Constitucional (TC), apostando incluso por su desaparición: “Está por ver que tenga que existir. Se concibió como una institución fuera del Poder Judicial y legislativo y ha derivado en un órgano totalmente politizado” subrayó Juan Carlos Girauta, eurodiputado de la formación de Albert Rivera, secretario de Relaciones Institucionales y Partidos de la UE y miembro de la ejecutiva de C’s.
Pero resulta que no es así. Poco después de que saltará a la palestra esa propuesta, le faltó tiempo al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, para negarla y decir que en absoluto quieren suprimir el Tribunal Constitucional. Aunque sí ha criticado el sistema de designación de sus miembros y ha explicado que cambiarían su funcionamiento en beneficio de que sea un organismo independiente. Evidentemente, todo es mejorable y la independencia es un elemento esencial. Pero de abogar por esto a plantear directamente la eliminación del TC de un plumazo media un abismo. Sería más que conveniente que no se frivolizara con asuntos como este, de indudable trascendencia, y que las propuestas fueran meditadas. Ningún partido debería intentar atraer a los votantes a golpe de titular sino mediante el rigor y la seriedad.