POR LIBRE
Desconcertante Albert Rivera
Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
martes 25 de agosto de 2015, 17:20h
Actualizado el: 26 de agosto de 2015, 09:37h
La irrupción de Albert Rivera en la política nacional fue recibida con euforia por una buena parte de la opinión pública. El dirigente de Ciudadanos se presentó con el aval de haber plantado cara, solo ante el peligro, con más valentía y claridad que nadie, a Artur Mas y a sus corifeos secesionistas. Defendió con cuajo la unidad de España en un territorio hostil. Donde enarbolar la bandera española suponía una temeridad. Y aún lo supone.
Ese aval, pese a la furiosa y potente propaganda soberanista, le proporcionó plantarse en el Parlamento catalán con nueve diputados. Una sorpresa para muchos. No, sin embargo, para los que creen que la mayoría de los catalanes prefiere seguir perteneciendo a España por muy arriesgado que sea. Que lo es.
Ese aval le proporcionó la admiración y el reconocimiento de millones de españoles que le apoyaron en las urnas en las elecciones municipales y autonómicas. Contaba a su favor con los muchos votantes del PP, hartos de la inane actitud de Rajoy, precisamente, ante el siniestro desafío de la Generalidad. No solo con el maldito referéndum, sino con la permanente agresión al sentido común, al pretender, en un mundo que apuesta por derribar fronteras, por la cacareada globalización, levantar otro muro de la vergüenza, un muro para liquidar todo atisbo de españolismo, un muro para quedarse aislado del mundo, un muro de estúpidos.
Se encontraba en la cumbre de la popularidad. Y se emborrachó de éxito. Empezó a tambalearse. Al principio, se mostró coherente al apoyar la gobernabilidad en Andalucía y en la Comunidad de Madrid. Susana Díaz y Cristina Cifuentes habían ganado las elecciones y se mostraban dispuestas a erradicar cualquier atisbo de corrupción en sus filas. Les apretó las tuercas a las dos, en especial a Cifuentes, y logró sus propósitos. Pero, a las primeras de cambio, mientras la presidenta madrileña mantuvo y mantiene la hoja de ruta acordada, la dirigente andaluza se deslizó hacia la tradición socialista en Andalucía: el enchufismo, las mandangas corruptas. Y ahí sigue. Y Ciudadanos por bulerías.
Ahora se trata de abordar la mayor crisis política de la democracia. Albert Rivera puede hacer el paripé con la intención de rebañar un par de diputados más. Pero si en realidad es un hombre de Estado, debería enfrentarse a la deriva desquiciada del matrimonio Sánchez-Iglesias.
De momento, resulta desconcertante su actitud. Nadie sabe a quién apoyará, en el caso de poder facilitar un Gobierno. Quizás todavía no se ha enterado de que el 90 por ciento de sus votos provienen de los desencantados del PP. De lo que se llama el centro derecha. Esto es; la derecha. Por mucha grima que le de reconocerlo.
En la eterna campaña electoral en que España anda inmersa, puede ser inteligente no pringarse, Pero si Ciudadanos puede evitar que el PSOE tome La Moncloa de la mano de Podemos, debería apoyar a Rajoy por mucha grima que le dé. Por España, por la democracia, por la libertad.
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Director de EL IMPARCIAL
JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL
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directorelimparciales/8/8/20
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