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MACGUFFIN

Macabros 15 minutos de fama

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
sábado 29 de agosto de 2015, 19:28h

Nunca antes como en la última década ha sido tan flexible, democrático y relativamente sencillo llegar a los quince minutos de fama típicos y tópicos de la cultura de masas. Internet y, sobre todo, las redes sociales crean héroes de éxito tan fugaz como fulgurante, a través de herramientas que están hoy al alcance de cualquiera y con la única condición del impacto, una dictadura implantada por otro avance anterior en la tecnología de las comunicaciones, la televisión. Y como la existencia de héroes supone irremediablemente la del villano, las redes digitales se están también convirtiendo en motivación para indeseables con alma exhibicionista. La muerte en directo de una periodista y un cámara estadounidenses a manos de un ex compañero de trabajo, que grabó y difundió el asesinato ha dado la vuelta al mundo.

La repercusión de una noticia así no hubiera sido probablemente la misma de no haber existido esas imágenes rodadas con multicámara –la del profesional abatido y la del propio autor del tiroteo-, oro frente a la resistencia en aumento del ciudadano-espectador ante escenas sensibles. Buscar el impacto, generar ruido, ser trending topic, implica ir más y más allá. Pero el “juego” no acaba ahí y no es descabellada la hipotésis de que en el plan de venganza urdido por el ex empleado de la cadena, la difusión prevista, la posibilidad de mostrar su acción al mundo, fuera un componente esencial, originario e inspirador, sin el que el hecho en sí no hubiera siquiera ocurrido.

Comunicación global y sensacionalismo en el mundo de las tecnologías. Desesperante bucle entre lo que se ofrece a la gente, lo que la gente quiere y los daños colaterales que caben por el camino. Debate que siempre me remite al primer episodio de una de las series que más me ha calado en los últimos años, Black Mirror, en el que un supuesto terrorista secuestra a la heredera al trono británico y se sirve de la inmensidad, democracia y dificultad de control de Internet para difundir su exigencia para el rescate: que el primer ministro mantenga una relación sexual televisada en directo con una cerda. El gusto contemporáneo (o quizás natural del hombre, quien sabe) por la carnaza y combinado con la arrolladora e impredecible realidad de Internet en un planteamiento tan repugnante como genial.

El culpable del asesinato de Alison Parker y Adam Ward tiene nombre y apellido, Vester Lee Flanagan, y se quitó la vida poco después de cometer los crímenes. Pero siempre pueden ponerse encima de la mesa algunos factores indirectos de este tipo de sucesos. Así se hace con la laxitud de la regulación estadounidense sobre tenencia de arma. No está de más mirar también en el morbo imperante en los canales mediáticos masivos, la soberanía del internauta, la búsqueda ciega del espectáculo y el imperio de las audiencias.

Laura Crespo

Redactora jefe de El Imparcial

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