Las fotografías ganadoras del último certamen World Press Photo forman parte de una exposición en Madrid que está previsto que viaje a Valencia, Barcelona y Vitoria. Las instantáneas premiadas retratan la actualidad del año pasado, que tuvo como protagonistas un escenario, Ucrania; un drama social, la inmigración, y una enfermedad, el ébola. Laurens Korteweg, miembro de la organización del concurso, ha confesado este miércoles los esfuerzos del jurado por sortear fotografías manipuladas.
La inmigración, el conflicto ucraniano o la crisis del ébola fueron los temas que atrajeron el mayor foco de atención en 2014, un año en el que el mundo asistió a catástrofes aéreas como la del vuelo MH17 o a secuestros como los cometidos por Boko Haram en Nigeria.
Testigos de aquellos acontecimientos fueron los fotógrafos cuyas instantáneas han sido reconocidas en el certamen World Press Photo 2015, que muestra los trabajos premiados en una exposición en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) del 11 de septiembre al 12 de octubre.
De un total de 97.000 imágenes presentadas, el jurado ha seleccionado 160, 134 de las cuales pueden contemplarse en esta muestra, cuya inauguración este jueves ha contado con la presencia de Laurens Korteweg, responsable de exposiciones de World Press Photo, quien define el concurso como un espacio donde “siempre” se han mostrado escenas "devastadoras" similares a la de Aylan Kurdi en una playa turca.
Dado el “impacto” que puede tener una instantánea de ese calado y su repercusión en distintos países, culturas y religiones, Korteweg recuerda que uno de los requisitos de World Press Photo para exponer su material es que ninguna de las fotografías premiadas sea censurada allá donde se muestren. La razón de esa cláusula responde al sensible contenido de unas fotografías que retratan sin censura y con crudeza escenarios bélicos, pobreza o muertos. En definitiva, sin paliativos para la mirada burguesa del occidental.
Así pues, no extraña que el premio World Press Photo de los últimos años, y de este, capte una escena dramática. Basta recordar al grupo de palestinos con un niño muerto en brazos fotografiado por Paul Hansen o a los inmigrantes que tratan de buscar cobertura en la instantánea de John Stanmeyer.
En esta ocasión, el jurado ha reconocido Jon y Alex, de Mads Nissen, una fotografía en la que el fotógrafo danés capta la intimidad de una pareja de homosexuales en San Petersburgo con una doble lectura: la connotación político-social de la persecución a este colectivo en Rusia y la puramente estética, la que hace traer a la memoria la iconografía religiosa. El cuerpo recostado al Cristo yacente y el hombre que se lamenta sobre su regazo, a la Dolorosa o María Magdalena a los pies de la cruz.
¿Qué hay de las acusaciones de manipulación? Korteweg despeja dudas: “World Press Photo se ha comprometido a que no vuelva a ocurrir lo acontecido en 2013 con la instantánea de Hansen. Se ha solicitado a los autores que envíen el archivo nativo de la fotografía para que dos expertos independientes comprueben que la foto enviada y la original son la misma. Si bien, hemos detectado que un 22 por ciento de los trabajos que llegaron a la última ronda habían incurrido en este tipo de irregularidad, por lo que fueron descalificados".
Fotografía en relieve
Entre las novedades de este año, además de la reproducción en relieve de la fotografía ganadora, figura la categoría 'Larga duración', con trabajos de excepcional calidad como los firmados por Darcy Padilla, quien retrata durante 22 años el deterioro de una mujer estadounidense y su familia, o Kowalski, fotógrafo que capta sus instantáneas a bordo de un ultraligero que él mismo pilota y desde el que obtiene imágenes cenitales de la naturaleza y de zonas industriales de gran valor narrativo.
Asimismo, este año también ha sido convocado el World Press Photo Multimedia, en el que ha recibido un tercer premio el español Carlos Spottorno por A las puertas de Europa, un corto que muestra una operación de rescate de 200 inmigrantes a bordo de uno de los barcos de la extinguida misión italiana Mare Nostrum.
Precisamente un italiano, Massimo Sestini, fotografía a 350 personas en una barcaza cerca de la costa de Libia. “Es posible distinguir cada una de las caras de los ocupantes, que sonríen ante la llegada del rescate”, explica Korteweg al tiempo que llama la atención sobre un detalle que solo perciben las miradas más atentas, una segunda planta en el subsuelo de la embarcación igualmente repleta de inmigrantes.
A diferencia de esta imagen que, según recuerda Korteweg, fue publicada en varios medios de comunicación, World Press Photo se compone también de historias pequeñas como la que retrata la vida de un chino de 19 años, a quien Ronghui Chen fotografía durante su jornada laboral en una fábrica de objetos de decoración navideños occidentales. “Lo curioso de esta fotografía está en la historia de este joven, que confesó a Chen que no sabía para qué servían aquellos accesorios”.
Asimismo, Korteweg dirige su mirada intencionadamente a cuatro fotografías de Andy Rocchelli porque el fotógrafo juega con las retratadas, cuatro mujeres rusas, haciéndoles creer que valdrán las instantáneas para las que están posando, pero también porque su autor encarna la moneda de doble cara del fotoperiodismo, pues su éxito se debe, como el de sus compañeros, a su valentía y compromiso por comunicar, aunque a algunos, y son bastantes, les cueste la vida. Rocchelli murió el año pasado en Siria.