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TRIBUNA

Venezuela como Estado fallido

jueves 10 de septiembre de 2015, 20:04h

El Presidente de uno de los Estados que forman la comunidad hispanoamericana me confesó una vez que “con lo que cuesta llegar al poder, esta vaina de limitación de mandatos me impide culminar mi obra”. El presidencialismo en aquellos países es tan acusado e hiperlativo que la prohibición de reelección es el único contrapeso de cierta entidad pues ni el poder legislativo ni el judicial pasan de ser meros comparsas. Solo existe una única fuente de poder.

Algunos países se mantienen férreamente instalados en el único mandato (Costa Rica, Panamá o México, y en otros como Chile o Perú cabe un segundo, si bien tras un período intermedio), mientras que otros son herederos del modelo norteamericano del límite de dos mandatos consecutivos (Colombia o Argentina).

También en este punto Venezuela es una excepción. Hugo Chávez llegó al poder a través de las urnas en 1999 con el 56,2 % de los votos, respaldo que le permitió ahormarse una Constitución a su medida con la que consiguió reelegirse para el período 2000-2006, volviendo a hacerlo a finales de ese último año para un tercer período de seis años.

Tras el fracaso de su reforma constitucional de 2007 que convertía la presidencia de la República en vitalicia (lo que es una contradicción), no se amilanó y en febrero de 2009 un nuevo referéndum ratificó su propuesta de no restringir el número de mandatos presidenciales. Enfermo crónico, Chávez arrancó en octubre de 2012 una nueva mayoría frente a Henrique Capriles.

Quien alcanzó democráticamente el poder se convirtió en dictador comisorio, toda vez que las elecciones, a partir de la segunda, dejaron de ser libres, abiertas y competitivas, es decir, dejaron de ser auténticas. Desde entonces Venezuela es un ejemplo histórico del falseamiento de la democracia o del uso alternativo de las formas democráticas al objeto de la perpetuación en el poder del único dueño del mismo, que se perpetúa no en su estirpe pero sí en la de un “mandado” cooptado digitalmente.

Por más que miles de personas empanizadas con camisetas rojas aplaudan el paternalismo populista de Maduro, Venezuela camina cercana a alcanzar el puesto de “Estado fallido”, que lo es aquel en el que la gente se mata en la puerta de supermercado, que alcanza el 150% de inflación, que tiene una tasa de homicidios del 82 por 100.000 habitantes, y que lo es aquel, como es el caso, que ha expulsado al 6% de la población desde que Chávez llegó al poder. El mayor éxodo de la historia de ese país se produce cuando los ingresos petroleros en los últimos 15 años quintuplicaron los de las cuatro décadas previas. A finales de año la cineasta venezolana radicada en Miami Alejandra Romero estrenará un documental sobre la diáspora “Finding Venezuela”.

Las encuestas le dan muy bajas expectativas a Maduro, pero ya veremos –y siento ser agorero- que aunque perdiera las elecciones no dejaría entrar a los ganadores, fundiéndose en cualquier subterfugio brindando por el Rasputín Cabello o por una Constitución hecha a la medida de la perpetuación en el poder.

Epílogo. El actual Presidente de la República Dominicana, Danilo Medina, ha promovido una reforma constitucional a su medida que le ha desenmascarado. Sólo ha modificado un artículo, el que le permite su reelección, lo que por supuesto ha justificado diciendo que servirá “para profundizar los cambios y el proceso de democratización en el país”. Pura filfa, claro. Otro ejemplo de reforma constitucional en su puro y exclusivo beneficio, en favor de su perpetuación.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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