La particular atmósfera del Vicente Calderón se alzaba, ardorosa, en esta tarde de fragor estival de primer orden. Tras el pre-estreno canario, la ribera del Manzanares se encendía para brindar por el escorzo del calendario caprichoso que colocó las visitas del campeón de Europa y el enemigo íntimo en el primer mes y medio de competición. Sobre el verde quedaban desplegados los diagnósticos nucleares de este arranque de curso: si Simeone lograría adecuar su libreto al perfil de plantilla que le dejó el mercadeo veraniego -o viceversa- para propulsar la eficacia de su proyecto y, del lado culé, si el gigante que rozó el sextete podrá doblegar a sus dos fantasmas protagónicos, el cansancio y el descenso de hambre -y, por ende, de compromiso, concentración y solidaridad de esfuerzos-. El potente prólogo colchonero en Liga y el infortunio en las filas catalanas salpicaban el incierto desarrollo de este duelo de aspirantes en el que sólo era menester añorar la ausencia de la genial esencia de Arda Turan.
Diego Pablo Simeone continuó su pausada transición hacia las variantes que ofrece el enriquecimiento de calidad de su vestuario reproduciendo la idea del Pizjuán. Así, Torres y Griezmann formarían la punta complementaria para herir el maltrecho equilibrio visitante. Las riendas recaían de nuevo sobre los hombros del nuevo 10 rojiblanco, Óliver, en conjunción con la solidez de Koke. Tiago y Gabi guardarían la espalda y buscarían, en colaboración con los interiores, colapsar las líneas de pase centrales. Filipe Luis regresaba a estas cotas competitivas tras su apnea londinense y Giménez y Oblak gozaban de otra opción para proseguir con su legitimación. La intensidad anatómica, imposición del ritmo, conducción hacia la exigencia extrema y la pericia en la transición propia -y control de la ajena- recuperaban su vigencia en este intento de dirección hacia la guerra de guerrillas. Jackson aguardaría acontecimientos.
Luis Enrique, por el contrario, no se veía afligido por la necesidad de afinar probaturas y variantes del modelo. El primer favorito a todo aquello que juegue trataría de implementar el tratamiento de posesión, querencia por la verticalidad y clase que sobresale como seña identitaria. Si bien la exótica suplencia de Messi de la alineación podría contemplarse como una rémora bajo cualquier interpretación, Suárez y Neymar emergían como referentes de un sistema engrasado que necesitaría del aliño de la aplicación sin pelota de todos sus peones para sobrevivir a esta experiencia madrileña. No era lo ofensivo la faceta en cuestión. Rafinha -en crecimiento progresivo- recuperaba un hueco en el once por delante de la medular prototípica compuesta por Rakitic, Iniesta y Busquets. El talón de Aquiles refrescaba su estatus en la zaga. Las bajas de Piqué, Alves y Bravo colocaron en la apuesta a Sergi Roberto -en banda- y Vermaelen -en el centro del repliegue-. La consistencia colectiva a estas alturas de ejercicio iba a contemplar una prueba de fuego.
Bajo el paraguas de la precocidad arrancó un enfrentamiento con aires de paradigmático en este tramo de la historia del balompié español. Y lo hizo con el pentagrama previsto: el Barça intentaba estirar sus posesiones para contemporizar el primer fogonazo atlético y los pupilos del Cholo se afanaban en intercalar, de manera eficiente, la presión a cancha completa y el achique, en una disposición que se extendería durante todo el primer tiempo. Torres abrió boca con un remate muy desviado al centro de Juanfran, en el primer minuto de juego, en una suerte de espejismo. A continuación, y como anuncio de la tendencia, el Barça superaba las líneas colchoneras hasta la situación de último pase y elevaba los decibelios y altura de su actividad defensiva para ahogar la salida local.
Neymar, que arrancó en la banda izquierda, viró rápido hacia el carril central para buscar la superioridad en la cal zurda con el tándem Iniesta-Alba. De ese movimiento surgieron centros sin remate de Suárez hasta que el manchego desestabilizó la placidez en el repliegue rojiblanco con una conducción de seda. Sin encontrar escaramuzas a pesar de encontrarse rodeado en todo el recorrido, el clarividente 8 arribó hasta la frontal y en el minuto 14 detectó la entrada, en el segundo poste, de Rakitic. El envío cayó en el remate cruzado del croata que Oblak repelió con dificultad. El juego se definía, entonces, por una medida de antagonistas, con el Barça en el dominio del esférico, incapaz de abrir camino por el centro, y el Atlético agazapado, a la espera del error que le permitiera salir y morder. Esto último intentó Torres después del fallo garrafal en la salida de pelota blaugrana. El madrileño envió el mano a mano a las nubes en el 17.
El duelo se disparaba hacia el descanso sin una producción sistemática y fluida de ocasiones. El equipo local se encontraba cómodo en el achique y el sistema de Luis Enrique no entendió idóneo arriesgar la posición y posesión en pos de abrir el marcador. Sin embargo, en esta tesitura de descenso de la verticalidad, que no de la intensidad, resultó ser Luis Suárez el autor de la ocasión principal hasta el intermedio. Un córner botado por Rakitic en el 24 fue peinado en el primer poste para que el uruguayo, guarecido en el palo largo, rematara al larguero. A balón parado se gestó el aviso principal en este guión de partido que parecía convivir cómodo en tablas y en su pliegue de estilos.
Antes del descanso sólo se pondría en cuestión el monopolio del discurso con el cuero del Barça en el impasse generado en el minuto 27. Vermaelen avisó al banquillo de su dolencia imprevista en el sóleo y abandonó el césped. Mathieu entró en la cancha y el Atlético subió líneas con Gabi como permanente pieza adelantada en la presión. En este brete Filipe embocó sin éxito y desde el pico del área un centro de Juanfran, en la única oportunidad en que los de Simeone acertaron a combinar con alegría y precisión. El Barcelona amortiguó el cambio de paisaje y, hasta el descanso, Oblak y Ter Stegen sólo verían su calma interrumpida tras sendos errores. El primero, en el 36, tomó forma en un despeje utópico que encontró el espacio a explotar por Luis Suárez. El charrúa, inteligente, contemporizó hasta la llegada de Neymar. El brasileño, que remataría desviado en la acción de pizarra posterior, trató de sentar a dos rivales para chutar en la imprevista contra. Giménez se cruzó impecable y todo quedó en nada.
El segundo, con la diana puesta en la meta culé, se ideó en una pérdida deshonrosa de Neymar cerca de su propia área. La pelota cayó en la dirección de Torres, que cruzó su centro sin encontrar rematador en el minuto 40. Sin goles se tomaría un respiro el cerrado envite. Óliver y Koke, desengrasantes de la ideada transición atlética, no superaron su desacierto, ahogando aún más la trompicada salida de pelota rojiblanca. El Barça había logrado imponer su superioridad también sin pelota y ésto podía generar problemas en el segundo acto. Simeone debía buscar soluciones para incomodar la paciente circulación catalana.

Sin cambios de nombres cambió el Atlético. Óliver chutó cruzado sin encontrar puerta en el 46, avisando de lo que venía. Los colchoneros habían elevado su apuesta física y la concentración imponía cierta tendencia al equilibrio de fuerzas. No sólo no se abandonaban al encierro, sino que achicaban espacios en el campo ajeno. De este intervalo de valentía local surgieron las ocasiones más claras hasta el momento. Un centro de Torres golpeó la mano de Mascherano en el 49 -penalti no pitado- al tiempo que el Barça mudaba su piel hacia el repliegue y salida. Cuando hubo desahogado metros la coyuntura barcelonesa, por contra, Griezmann y Tiago combinaron con fluidez en la medular para que el luso retratara y pisara el callo culé. Balón al espacio para la carrera de un Torres que se impuso a su par y cruzó a la cepa del poste. El golpeo besó la madera para cortejar la red del Barça. Se adelantaba el equipo que había recogido los frutos consecuentes a la subida de su apuesta.
Neymar, cuya posición no acababa de digerir bien el carioca por el colapso rojiblanco del centro, apareció acto y seguido, en el 54, para reafirmar una de los puntos excelsos del Barça de Luis Enrique: la reacción automatizada ante la adversidad. El 11, desaparecido en el juego, inutilizó la estirada de Oblak al poner una falta en la frontal en la escuadra. Empataba a uno el bloque visitante, que despertaba de su letargo en la reanudación para no bajar el ritmo hasta el desenlace de la batalla. Con el 1-1 se abrió el espacio para la incertidumbre, si bien la pelota regresó, de manera definitiva, a los azulgrana. Y, en pleno renacimiento catalán, sobrevino el punto de inflexión decisivo: Messi entraba en escena por Rakitic. El Cholo respondió extirpando a Óliver y Torres y añadiendo a su fórmula a Carrasco y Jackson.
Así, el Barça encontró a Rafinha, que bajó metros para intercambiar el escaño con Iniesta, y el Atlético descubrió una referencia para abrir espacios con el extremo francés y un bajador de envíos en largo como el punta cafetero. La entrada de la Pulga, el movimiento ganador de Lucho, colocó al argentino en la mediapunta, con el único de fin de encontrar pasillos por el centro, ese terreno del cierre local inexplorado e inexpugnable hasta entonces. Y surtió efecto de inmediato. Pero el duelo ofrecería, amén de la cascada de ocasiones visitantes, un ramillete de opciones locales que esbozaron un epílogo frenético.
Suárez abrió la descomposición disparando fuera una combinación abrasiva, en cambio de ritmo, entre Messi y Rafinha. En el 66, dos minutos después, el argentino conectaba con el desmarque de Neymar tras un saque de esquina en corto. El brasileño superó a Oblak pero no a Godín, que con su mano repelió el intento -segundo penalti omitido por Mateu-. Instantes después, con Busquets muy adelantado debido a la búsqueda efectiva de la primera presión como antídoto para los contraataques atléticos, Carrasco remató mal al primer poste, primero, y no enganchó el mano a mano con Ter Stegen, después, por la exhibición anatómica de Sergi Roberto, que corrigió una transición horrible de la zaga catalana, expuesta si no recuperaba en el primer esfuerzo. Tiago, con un chut muy desviado desde la frontal, cerraba el intercambio de golpes.
Aceleraría la intensidad y verticalidad ofensiva el Barça con Messi y Neymar por el centro. Pero, para desgracia local, sería un error o imprecisión el culpable del marcador final. Griezmann la perdió en el pico de su área y el cuero cayó en el desmarque de Messi, previo paso por la visión de Suárez. El rosarino ganó la partida explosiva a su cierre y batió a Oblak con un toque de terciopelo hacia el poste más alejado. En el 77 se adelantaba el equipo visitante, más entero y superior, y el Atlético, que había tratado de jugar de tú a tú en el segundo acto, quedaba en terreno de nadie: expuesto si dejaba espacios atrás y sin reacción si se replegaba de forma extrema.
El defensor del título trató de cerrar la victoria anestesiando el ritmo con posesiones interminables. Pero Messi y Neymar metamorfoseaban la directriz cuando les caía la pelota. Un pase del argentino forzó la parada de Oblak tras el intento del brasileño en el 78 y, hasta el 90, el mejor del partido, zurdo, efervescente y argentino, buscaría suerte sin fruto en una volea desde la frontal y por la vía de la falta directa. El partido estaba en las botas del lúcido suplente aunque Simeone buscó el movimiento de emergencia. Sacó a Gabi del césped para otorgar la alternativa a un Vietto superado. Koke bajó al mediocentro para crear y el balance sufrió en el repliegue. El físico estaba dejando sin aire de respuesta a los colchoneros, que, sin embargo, tuvieron opciones por calidad y garra en un remate -tras control exuberante- de Jackson y en el escorzo de Godín que no conectó con la red por milímetros en el tiempo añadido.
Los tres puntos volaron hacia la ciudad condal con Messi como precipitador de los acontecimientos. Hubo espacio y focos para la exhibición de las flaquezas de ambos, todavía por pulir. El Barcelona volvió a sufrir en las transiciones del contendiente y el Atlético no tuvo templanza para suponer una amenaza y aligerar la carga del esfuerzo en el repliegue -en esta noche se notó la diferencia entre el 10 presente y el pretérito-. El evento cumbre de estas primeras semanas de competición supuso el aperitivo de lo venidero, con las incertezas planteadas al inicio irresolutas. Un año más, una visita al Calderón más, todo depende de Leo.
Ficha técnica:
Atlético: Oblak; Juanfran, Godín, Giménez, Filipe Luis; Tiago, Gabi (Vietto, min. 80); Koke, Óliver (Carrasco, min. 59); Griezmann y Torres (Jackson, min. 61).
Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Mascherano, Vermaelen (Mathieu, min. 27), Alba; Busquets, Iniesta, Rakitic (Messi, min. 59); Rafinha, Neymar y Luis Suárez.
Goles: 1-0, minuto 52: Torres; 1-1, minuto 54: Neymar; 1-2, minuto 77: Messi.
Árbitro: Mateu Lahoz. Amonestó a Óliver (min. 18), Filipe Luis (min. 43), Iniesta (min. 44) y Giménez (min. 88)
Incidencias: 54.000 espectadores en el partido de la tercera jornada de Liga disputado en el estadio Vicente Calderón.