Alberto Garzón ha dinamitado el proyecto del Partido Comunista de España, integrado en Izquierda Unida en 1986. El pasado fin de semana, el dirigente confirmó su participación en la plataforma Ahora en Común, que pretende aúpe a La Moncloa a distintas pero afines sensibilidades a las que en último término se sumaría Podemos.
IU se diluye. La coalición ya bajó un escalón definitivo cuando en 2000 se arrimó al socialismo más de lo que sus afiliados y simpatizantes hubieran deseado, restando fuerza a la marca y perdiendo escaños en adelante de forma acelerada de la mano de Gaspar Llamazares primero y más tarde y recientemente de Cayo Lara, que no aprovechó la crisis del bipartidismo como sí Pablo Iglesias o Ciudadanos.
El Partido Comunista nació de una escisión del PSOE en 1921 y fue la oposición auténtica al franquismo. Santiago Carrillo, con puntos negros en su trayectoria, fue parte después de la democratización del país durante y después de la Transición. La siguiente figura relevante es Julio Anguita, al frente desde 1991 y con altura política y discurso, que también demostró en la ciudad de Córdoba.
El legado ya no tiene defensa y Garzón, que fue elegido por su juventud, por su supuesto gancho con las nuevas generaciones y los movimientos sociales en alza para levantar IU, tira la toalla y, como ya pronosticaron veteranos de las siglas a su llegada, elige la vía fácil hacia una lista de unidad popular en la que representantes de una alternativa histórica están en igualdad de condiciones que recién aterrizados o amateurs.