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DE EDGAR REITZ

Heimat: obra de arte sobre una Alemania emigrante

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 18 de septiembre de 2015, 12:12h
Actualizado el: 25 de septiembre de 2015, 12:30h
Llega a los cines españoles el último trabajo del cineasta alemán Edgar Reitz, un retrato de la Alemania de mediados del siglo XIX, cuando la precariedad en la vieja Europa obliga a poner todas las esperanzas en el otro lado del Atlántico. Excepcional empaque visual en una cinta que, a pesar de durar cuatro horas, fluye con maestría.
Heimat : obra de arte sobre una Alemania emigrante

HEIMAT

Director: Edgar Reitz
País: Alemania
Guión: Edgar Reitz, Gert Heidenreich
Reparto: Jan Dieter Schneider, Antonia Bill, Maximilian Scheidt, Marita Breuer, Rüdiger Kriese, Philine Lembeck, Mélanie Fouché, Eva Zeidler, Reinhard Paulus, Barbara Philipp, Christoph Luser, Rainer Kühn, Andreas Külzer.
Sinopsis: Ambientada en mediados del siglo XIX, sigue a la familia Hunsrück que busca escapar de la pobreza y el hambre empezando una nueva vida en Brasil. Dividida en dos partes: Home From Home (107 minutos) y Chronicle of a Vision (128 minutos).

Lo mejor: La estética | El equilibrio entre trama fitícia y contexto.
Lo peor: Si acaso, algunas subtramas por las que se pasa más de puntillas.

Son cuatro horas de película. La mastodóntica obra del cineasta alemán Edgar Reitz pone una condición al público: estar dispuesto a pasar por una experiencia cinematográfica poco común en la era de los 140 caracteres; un viaje reposado, que requiere consciencia y tiempo. Sin embargo, una vez se acepta el trato, lo que a priori se teme un pesado lastre para el espectador se convierte en un espacio más que adecuado para disfrutar sin prisas de una obra de arte mayúscula. Con Heimat: la otra tierra, Reitz continúa desgranando la historia de su patria y de la Europa Occidental tras la serie de películas que estrenó con un rotundo éxito en la televisión alemana en 1984. En aquel proyecto, el cineasta se servía de las vicisitudes de una familia germana para recorrer la cronología de Alemania entre 1900 y 1982. Ahora se coloca en la era inmediatamente anterior, a mediados del siglo XIX, para componer un fresco de la sociedad alemana de la época.

Reitz vuelve a escoger la Alemania rural como escenario para hablar de una Europa que ya siente la incipiente industrialización. En primer plano, la familia de Jakob, un joven poco común, más interesado en los libros de expediciones, sociología e idiomas que en la labranza y las mujeres y con un sueño que le ronda incisivo: emigrar a Sudamérica. Y es que Heimat: la otra tierra cuenta una Alemania de emigrantes, una Europa de gentes cansadas de la pobreza y el hambre en busca de nuevas oportunidades (ese lugar existió hace menos de dos siglos y no viene mal recordarlo en los tiempos que corren). Las disputas familiares, el amor, el trabajo y los lazos vecinales en el entorno de Jakob son la base sobre la que Reitz construye un relato mayor acerca la repercusión de la maquinaria industrial en el proletariado, la religión, la lucha de clases, la tradición, el amor-odio que despierta la patria en situaciones difíciles, el honor, la amistad. El cineasta recurre al melodrama y al cuento o la fábula para construir la trama y seguir a unos personajes cautivadores. Las relaciones del protagonista con sus padres, hermanos y amigos atrapan irremediablemente en un equilibrio perfecto con ese contexto histórico que funciona como telón de fondo y cala en el espectador. Destaca, en este aspecto, la atención del cineasta a los trabajos manuales. Los personajes no paran de usar las manos en toda la película, en planos que enfatizan acciones como poner las herraduras a un caballo, triturar carne en un molinillo, tejer, forjar hierro… esas actividades artesanales amenazas por una revolución que, como todas, se llevó por delante la forma de vida de toda una generación.

A parte de la maestría a la hora de contextualizar la trama y hacerla interesante a ojos del público, Reitz vuelve a demostrar la que es, quizás, su mayor fortaleza: esa sensibilidad plástica que desborda la imagen; una fotografía sublime, en blancoy negro con agradables sorpresas estéticas, y una iluminación que texturiza cada detalle del plano; un sonido envolvente que sabe a polvo de tierra y una banda sonora que acentúa el aire costumbrista de la cinta. El empaque de Heimat: la otra tierra es excepcional, un gozo para los sentidos. La voz del protagonista, que guía al espectador a modo de diario en off, resulta adictiva y, al final, las cuatro horas se quedan cortas.
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