Francisco ha sido el hombre que ha derribado el “muro del caribe” como lo han calificado algunos compañeros. Una acción que comenzó San Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998, que se inició con aquellas históricas palabras: “Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades, y que el mundo se abra a Cuba”. Una continuación de la que el Papa Wojtyla había hecho antes con su primer viaje a Polonia, en 1979, y que sirvió para abrir el Este y para el “Muro” cayera diez años después.
Ahora, Francisco llega a Cuba con unas nuevas posiciones por parte de las autoridades cubanas, que ven en el Papa uno de los grandes hacedores para que Estados Unidos abriera la tenaza, y para esas autoridades cubanas abrieran también sus puertas y con, seguro, promesas importantes de cara al futuro.
Me consta que ha habido actuaciones importantes de Iglesias particulares, entre ellas la española, en la solución diplomática del conflicto. Ahora dos importantes personalidades de nuestra Iglesia acompañan al Papa en su viaje a Cuba. Se trata del Arzobispo Castrense, Juan del Río, y del Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, José María Gil, que antes de su partida a La Habana ha calificado de "histórico" el viaje de Francisco y ha afirmado que espera que sea un “espaldarazo definitivo para que las libertades lleguen a Cuba”. Gil Tamayo ha recordado también “la discreta y eficaz labor que ha hecho la Iglesiapara la transición de Cuba” y ha expresado“el deseo de que la visita del Pontífice ayude a que se reinstauren los derechos humanos y las libertades”.
Este viaje, insisto, me recuerda aquel primer viaje de San Juan Pablo II a Polonia. Aquel gran Pontífice y hombre santo, y este Papa de hoy, son los primeros misioneros y al mismo tiempo los grandes hombres de estado que quieren llevar la libertad llegue a los pueblos y que estos sepan gestionarla, con “alegría para evangelizar”
Cayó el Muro de Berlín y ahora es el turno para el “Muro del Caribe”.