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TRIBUNA

El abandono escolar en España

martes 22 de septiembre de 2015, 23:05h

Un reciente informe de la OCDE sitúa a España a la cabeza del absentismo escolar. Un 20 % de los jóvenes españoles ni estudia ni trabaja (los llamados NiNis). Estremece pensar que uno de cada cuatro estudiantes en España abandona los estudios en edades tempranas, es decir, sin finalizar la enseñanza secundaria obligatoria (ESO).

Estamos ante un problema que, por desgracia, no es nuevo para España y, de hecho, provocó que se pusiera en marcha un plan de ataque contra el abandono escolar en el que todas las administraciones y organizaciones con responsabilidad en el ámbito educativo se han visto implicadas, a sabiendas de que había que luchar contra este mal si se querían sentar bases sólidas para un futuro próspero.

Los objetivos de este plan se cifraron en impulsar y garantizar una educación y formación de calidad para los ciudadanos que posibilitase su desarrollo integral y éxito en el proceso educativo; implantar medidas de intervención educativa que incidieran en los factores de riesgo de abandono temprano; detectar casos de riesgo e intervenir para conseguir la reincorporación de los que habían abandonado prematuramente el sistema educativo.

En realidad, este plan obedecía en buena parte al impulso dado en este tema por diversas instituciones de la Unión Europea. Concretamente, en la Comunicación EUROPA 2020. Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador, la Comisión Europea propuso tres prioridades claras: crecimiento inteligente: desarrollo de una economía basada en el conocimiento y la innovación; crecimiento sostenible: promoción de una economía que hiciera un uso más eficaz de los recursos, más verde y más competitiva; crecimiento integrador: fomento de una economía con un alto nivel de empleo que tuviera cohesión social y territorial. Digno de resaltar es que en la Comunicación se destacara entre los objetivos, en relación con estas prioridades, el aspecto de “reducir el porcentaje de abandono escolar al 10 % e incrementar el porcentaje de personas de entre 30 y 34 años con estudios superiores completos como mínimo a un 40 %”. Asimismo, la Comunicación de la Comisión elaboró un análisis del impacto del abandono escolar prematuro en las personas, la sociedad y la economía, presentando un resumen de sus causas y ofreciendo una descripción general de las medidas actuales y futuras en el ámbito de la Unión Europea.

Por su parte, el Consejo, con acierto, expuso que las políticas generales contra el abandono escolar prematuro debían centrarse en “la prevención” para evitar desde el principio las condiciones que podían desencadenarlo, “la intervención” para abordar las nuevas dificultades en una fase temprana y “las medidas compensatorias” que ofreciesen oportunidades de educación y formación a quienes hubiesen abandonado el sistema educativo.

Respecto a la prevención, planteó que se asumieran políticas contra la segregación, medidas de discriminación positiva e itinerarios educativos flexibles. Sobre la intervención, sugirió convertir los centros de enseñanza en comunidades de aprendizaje, el establecimiento de redes con agentes ajenos a la escuela y la creación de Escuelas Abiertas. Respecto a la compensación, propuso la reincorporación a la enseñanza general, animando a la puesta en marcha de políticas eficaces y eficientes contra el abandono escolar prematuro.

A pesar de los esfuerzos a través de la implementación de planes, la OCDE ha vuelto a leer la cartilla a España, considerando que “podría hacerse más por reforzar el papel de la Formación Profesional y el aprendizaje basado en el trabajo” y recordando que “se requiere un esfuerzo continuo para mejorar la calidad, la equidad y la eficiencia de la educación obligatoria”, al ser el país que encabeza además las tasas de fracaso escolar.

En el caso del abandono escolar en España, es todavía más llamativo que las niñas superen en porcentaje a los niños cuando se trata de minorías, como los gitanos, lo que encima pone en evidencia un acusado modelo de desigualdad social. Mientras que los jóvenes de esta comunidad abandonan los estudios para ir en busca de un trabajo (sin ser conscientes de lo difícil que resulta encontrarlo sin una buena formación), las jóvenes lo hacen mayormente para casarse y, a partir de ese momento, centrarse única y exclusivamente en el cuidado de la familia. En el fondo ello parece ser ese el destino obligado para ellas desde el momento que la familia se concibe culturalmente dentro de la comunidad gitana, en muchos casos, como algo incompatible con el estudio y la formación.

Un informe de la Fundación Secretariado Gitano apunta que una de las razones por las que el alumnado gitano deja de estudiar es por la falta de referencias en su entorno que les muevan a continuar estudiando. No me cabe duda del papel tan decisivo que juega el entorno que rodea al joven a la hora de recibir el estímulo del estudio en aras de mejorar su integración social y, con ello, en el caso de los gitanos, tratar de paliar las desigualdades y trato discriminatorio que arrastran desde hace siglos. Resulta, por ello, a mi modo de ver, imprescindible concienciar no solo a los jóvenes en las aulas sino a sus familias de la importancia de acabar los estudios para labrarse un futuro prometedor y desde luego no sólo a las familias de etnia gitana, a la vista del revelador informe de la OCDE.

Es cierto que en los últimos tiempos han proliferado las condenas de cárcel para padres que habían consentido que sus hijos faltaran a clase regularmente, lo que les condujo a ser acusados de un delito de abandono de familia, contemplado en el art. 226.1 del Código Penal, al ignorar la obligatoriedad de la enseñanza. Ya sabemos que la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento en nuestro Derecho español y por ello las condenas se produjeron a pesar de que los autores alegasen que desconocían las consecuencias derivadas de la falta de asistencia a clase de sus hijos.

Lo verdaderamente triste es que en España los jóvenes abandonan las aulas sin ser conscientes de que no van a tener nada fácil encontrar su primer empleo y de que en muchos casos, como indica la OCDE, cuando por fin lo encuentren se tratará de los conocidos como “minijobs” o contratos por horas.

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