TRIBUNA
¿Empeorará Cataluña?
miércoles 23 de septiembre de 2015, 20:11h
Pocos quedan por hablar. Nadie ha faltado a la cita de Cataluña. Nadie relevante ha apoyado el proceso de secesión. Nadie con criterio ha dado alas a quienes quieren romper España. Por lo tanto, hay que apostar. La candidatura secesionista no sacará mayoría absoluta. Algo es algo. Lo celebraremos. Pero, al margen de los resultados electorales, Cataluña saldrá más rota que hoy. Los independentistas seguirán alimentándose, ahora más enrabietados, por su odio a España. Los estólidos, que siguen sin atreverse a nombrar España, la izquierda, que busca salvarse con una futura Constitución europea, y la derecha, que se encastillará en sus pobres ganancias electorales, no conseguirán clarificar el porqué millones de personas han hecho del odio a España su principal seña de identidad. Ninguno de esos agentes de socialización política está dispuesto a la autocrítica, primer paso, en mi opinión, para dar una solución a la cuestión catalana que es sobre todo un problema español.
Ciudadanos es nuestra única referencia, pero, cuidado, porque sus dirigentes pueden ser estrangulados por sus futuros aliados antes de poner en marcha sus planes para toda España. El domingo sacarán buenos resultados, pero quizá no basten para poner sus condiciones de pacto sobre la mesa. Mientras que Ciudadanos no sea una fuerza nacional determinante, este partido corre el riesgo de ser devorado por el PP y el PSOE. La primera prueba dura que tendrá que pasar Ciudadanos es la presión de peperos y socialistas para reformar la Constitución, único camino que tienen estos dos partidos para que todo siga igual. Resistan a esta tentación. Tengan cuidado, incluso no se crean las recomendaciones de sus profesores. Prepárense para la presión de los reformadores de la Constitución; sí, permítanme la exageración, un millón de constitucionalistas, de profesorcitos y políticos, que han hecho de la Constitución un negocio, querrán resolver lo irresoluble a través de una reforma de la Constitución. Del cambio de una Ley no podemos fiarnos si no va precedida de mucha política. Nadie, ni mucho menos los constitucionalistas, pueden resolver el odio a España a través de una reforma de la Constitución. Falso.
Sin embargo, esta falsedad es en lo único que están de acuerdo los del PSOE y PSC por un lado, y los cercanos al PP y al PSOE más español por otro lado. Las “escuelitas” de los constitucionalistas de Barcelona, capitaneados por Isidrè Molas, y los de Madrid, dirigidos por Francisco Rubio Llorente, creen que basta la reforma de la Constitución para resolver lo irresoluble: el odio a España. De risa. La catástrofe española no consiste en la existencia de un nacionalismo particularista como el catalán, pues, excepto Francia, ese tipo de movimiento político y social es común a todos los países europeos, sino en la respuesta política que se les da desde quienes tienen la obligación de defender España como un proyecto de vida en común de los españoles.