Fernando Pedrazo presume de que la "inmensa mayoría" de esta infraestructura, inaugurada este jueves en Cádiz, es "tecnología española".
La construcción de este gigante, de cinco kilómetros de longitud, 36,8 metros de anchura y 185 de altura, ha sido llevada a cabo por Dragados (del grupo ACS), pero en ella han participado más de doscientas firmas españolas, "proveedores y subcontratistas de máximo nivel" y que operan en todo el mundo para afrontar "cálculos exhaustivos" como los que requiere la construcción de un puente.
Su participación en esta singular obra abrirá la puerta a estas compañías españolas a "grandes construcciones internacionales", dado que muchas de las estructuras que han realizado para este puente pueden considerarse "prototipos", sin referencias exactas en otras infraestructuras, según Fernando Pedrazo.
"Todas las empresas españolas que han participado en el proceso constructivo han adquirido un currículum que les permitirá trabajar en el extranjero al máximo nivel", asegura el director de la obra del segundo puente de Cádiz, en el que también han participado fabricantes internacionales "sobre todo por la dimensiones o la envergadura" de las piezas.
La obra ha sido un reto en todos los aspectos, pero si hay alguno que destaca es la instalación del tramo desmontable, una pieza de 4.000 toneladas que tuvo que izarse desde una pontona situada en el mar hasta acoplarse, con precisión milimétrica, en su posición en el tablero, a 69 metros por encima del mar.
"Izar cuatro mil toneladas es un reto a nivel mundial- asegura Pedrazo- pero afortunadamente conseguimos salvar ese hito".
Una complicada maniobra que, como el resto de los trabajos de esta obra, ha tenido que afrontar el viento característico y habitual de la zona en la que está situado el puente.
De hecho, según el director de la obra, además de condicionar "mucho" todo el proceso constructivo, también afectará a su funcionamiento.
Para paliarlo se han instalado pantallas laterales de protección a lo largo de toda la infraestructura que poseen una altura de tres metros y permiten difundir el viento a su paso por el tablero y amortiguarlo.
No obstante, cuando la velocidad del viento sea "extrema", por encima de los 100 kilómetros hora, mandará la "prudencia" y, aunque las estructuras están preparadas para velocidades más amplias", se interrumpirá el tráfico rodado.
"Es una situación habitual para puentes en el mundo que están en zonas de costa. Lo haríamos en este puente y en cualquier otro", admite Pedrazo.
El puente no cumplirá con uno de los anhelos de la ciudadanía, un carril bici, debido a la elevación de la rasante, que se ha hecho de 69 metros sobre el nivel del mar para permitir el paso por el canal de navegación de buques de gran envergadura.
"Pendientes del 5% sostenidas no son admisibles. De alguna manera estaríamos hablando de un pequeño puerto de montaña. La ciudadanía tendría muchas dificultades para atravesar el puente", ha puntualizado.
En ciertas fases la construcción ha aglutinado a más de mil trabajadores, a los que se suman muchos otros que no han estado a pie de obra pero que han participado de forma activa desde otros puntos.
Por ello, para este ingeniero, la construcción del puente "Constitución 1812" ha superado el concepto de obra para parecerse mucho más a una fábrica ya que, por las dimensiones, muchas de las piezas y los materiales se han elaborado allí mismo. Una industria en marcha que se enfrenta ahora a su prueba de fuego final.