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Y DIGO YO

El culebrón de Cataluña (capítulo 3.456)

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 24 de septiembre de 2015, 19:20h
Actualizado el: 24/09/2015 19:43h

Varias consideraciones antes de las elecciones de este domingo 27 en Cataluña, aunque no les quepa la menor duda de que “la cosa” no terminará aquí y nos seguiremos encontrando en las miles de informaciones y artículos de opinión que se escribirán al respecto de lo que no fue y se seguirá reclamando. La Historia de la Independencia de Cataluña vive su capítulo número 3.456 (ponga aquí el número que quiera por encima de mil) y los que quedan…

Artur Mas se estrellará, como no puede ser de otra manera Constitución en mano, con la convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña –lleva 3 en 4 años–, pero hay que reconocer que ha ganado la batalla dialéctica de llamarlas plebiscitarias. Todo el mundo ha acabado hablando en clave de “independencia sí” o “independencia no”.

Esto ha hecho que llevemos meses debatiendo en términos hipotéticos, virtuales. ¿Cuántas veces han escuchado eso de “Si Cataluña se independiza…” o “En el supuesto de que Cataluña…”? No paramos de hablar de suposiciones y conjeturas para advertir de “lo que pasaría si…”. Es cansino. Al final ganarán por agotamiento y muchos desearán que se independicen por “pesados” y para ver cómo se las apañan al quedarse fuera de España, de la UE, de la financiación barata, sin empresas, sin Liga de Fútbol…

Pero no, no puede ser. Lo que quieren hacer en Cataluña de declarar la independencia de manera unilateral es un acto jurídicamente nulo sin efecto ninguno. O si lo tiene, es para mal porque la gran fractura no se va a dar con España y, sin embargo, sí se está produciendo ya entre los propios catalanes.

Por otra parte, se sigue culpando –lógicamente, con intereses políticos y de desgaste al Ejecutivo del PP– de toda esta situación al presidente Mariano Rajoy, al que se acusa de inacción. Curiosamente, nadie dice saber lo que se tendría que haber hecho. Bueno, rectifico, la progresía española, tan dada a juzgar al prójimo por cosas que ellos no saben cómo solucionar, siempre dice aquello de “diálogo, Rajoy tiene que dialogar más”.

Y digo yo: ¿Eso cómo se hace cuando la posición maximalista de una de las partes es incumplir la ley y proponer en todo momento, sin bajarse de la burra, la ruptura? ¿Cómo se dialoga eso? ¿Cuántas veces hay que sentarse en una mesa hasta que la otra parte cambie de argumento? ¿Y si se ha hecho hasta la extenuación y no hay posiciones de encuentro?

Y sigo diciendo: ¿De qué se puede hablar cuando una de las partes plantea realidades y otra esboza ensoñaciones? ¿Cómo se acuerda o negocia algo que no es posible?

Es muy fácil decir siempre a los que gobiernan lo que hay que hacer, aunque cuando se tiene esa oportunidad no se solucione nada. Pero en la oposición no se para de proponer. Por ejemplo, se habla también desde estos foros de que una de las soluciones sería reformar la Constitución o mejorar la financiación autonómica.

Habría que explicar qué es lo que se quiere reformar y que para llevarla a cabo hace falta también consenso y voluntad de consenso. ¿La tienen todos? Para lo segundo se estaría hablando de lo que muchos llamarían “nueva bajada de pantalones”. ¿Al final es una cuestión de darles más dinero? ¿Es realmente una cuestión de dinero? Todos sabemos que cuando se cumplan estas expectativas volverán a pedir más. Es lo que lleva pasando muchos años.

Sea lo que fuere, Mas y los suyos no cuentan toda la verdad a los catalanes y, lo peor, muchos de ellos se han dejado engañar. Dicho todo esto, que tengan unas buenas elecciones y la semana próxima ya les cuento, en el capítulo 3.457, que todo sigue igual.

Javier Cámara

Periodista

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