TRIBUNA
Sin ideas en los grandes debates actuales
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 24 de septiembre de 2015, 20:01h
“Nunca me he sentido español, ni cinco minutos de mi vida” manifestó Fernando Trueba cuando recibió en San Sebastián el premio nacional de cinematografía. También hizo unas consideraciones sobre que él hubiera estado con los franceses durante nuestra llamada Guerra de la Independencia. Al oírlas en la radio experimenté una sensación alternativa de cabreo y de estupor. ¿Cómo era posible que mi admirado director de cine hubiera podido llegar a tanta estupidez? Compartía la misma irritación que tantos comentaristas, y ahora cito a José Antonio Zarzalejos, vasco de nación (¡y todo lo que en su caso significa!), quienes reclamaron que Trueba hubiera debido renunciar a los miles de euros del premio, cantidades que procedían de la Nación, pues todos los ciudadanos españoles lo habían sufragado con sus impuestos.
La ventaja de escribir con una cierta distancia de los hechos estriba en que la noticia vaya a más o se diluya por su deleznable importancia. En este caso, la estupidez rebajó pronto su dimensión. Fernando Trueba aclaró al día siguiente que él no pretendía otra cosa que, en lugar de realizar ante el ministro de Cultura las críticas habituales, quiso hacer una intervención graciosamente crítica, pero que le salió un bodrio; lo justificó diciendo que a veces se quiere hacer una comedia, y sale un drama.
Fernando Trueba es persona inteligente porque vino a reconocer que hizo el payaso, cuando pretendió ser un émulo de Jean-Paul Sartre. En cualquier caso el que estuvo perfecto en aquel escenario de pueblerina vergüenza fue Íñigo Méndez de Vigo, el ministro que contestó a Trueba.
Las palabras y la actitud de Fernando Trueba, con independencia que no hubo probablemente dolo en su ofensivo comportamiento, me sonaron a algo muy rancio. Y vuelvo a una de mis preocupaciones más constantes: hoy faltan ideas, propuestas intelectuales nuevas, compromisos ideológicos convincentes.
El campo de las ideas políticas, las que definieron en el siglo XX a los partidos políticos conservadores, democristianos, liberales, socialdemócratas y comunistas, ahora han sido suplantadas por la oportunista técnica de proponer lo que las encuestas electorales señalan en cada momento. No hay contraste entre las ideas y las decisiones del gobierno o del parlamento, y ese desdén absoluto a la crítica supone, además, que la moral en política sobra en la actividad pública.
Cuando los líderes políticos no generan discursos con ideas, entonces su lugar en la sociedad es ocupado por otros creadores de ideas, y en casos como el que hablamos, por los artistas y directores de cine, cuyas palabras aspiran seriamente a que sean visionarias e infalibles.
¿Cómo lo hacen estos líderes que surgen de la cultura de masas? De manera anticuada, de la misma forma que lo hacían los artistas y cineastas de hace más de medio siglo. Fernando Trueba, para recibir el premio nacional pensó en “contestar” con algunas críticas, que luego sustituiría por sus penosas frases. “Contestar” cuando se recibe un honor en forma de premio (además de la falta de educación de esa absurda sinceridad actual), ¿acaso no fue lo que caracterizó a los jóvenes de mayo de 1968, a los artistas del festival de Cannes simultáneo a esa revuelta, a los deportistas americanos en la Olimpiada de México de ese mismo año, o al Sartre de aquellos años, que criticó acerbamente al Premio Nobel cuando la Academia sueca decidió otorgárselo (Sartre, por lo menos, renunció al premio y también a su dinero)?
Pero afirmar, aunque con una intención cómica que no adivinamos nadie, que “nunca me he sentido español”, fue otra versión de parecido arcano. Tenían sentido hace más de 38 años -la edad de nuestro Estado democrático- ese tipo de exabruptos. Fernando Savater escribió que él prefería ser gibraltareño a español en tiempos franquistas, pues entre “bobbys” del Peñón y los “grises” del ministerio de la Gobernación, las preferencias estaban clarísimas.
Pero el eclipse de toda ideología nos puede costar un disgusto. Por ejemplo, con el Gobierno de Rajoy y las elecciones catalanas. El Gobierno, creyendo que Mas y sus aliados iban a perder estas elecciones, prescindió de argumentos políticos contundentes y a la vez renunció a buscarse aliados entre las demás fuerzas no separatistas. El Gobierno creyó que decisiones como reformar la ley del Tribunal Constitucional no sólo servía para asustar a los soberanistas, sino que le permitiría recuperar votos perdidos en su electorado. Y todo esto adobado por el argumentario que el director de la campaña decide ¡y que nuestro presidente obedece como un doctrino! Resultado: la entrevista del presidente Rajoy con el periodista Carlos Alsina, de Onda Cero, fue surrealista porque no tenía ideas propias, sólo el argumentario que se está repitiendo en sus mítines. Aunque resulte increíble, el presidente Mas, a base de falacias, ha terminado marcando los tiempos al presidente del gobierno de España. ¡Sólo nos queda confiar en que los catalanes sensatos y democráticos sean mayoría! ¿Se seguirán quedando en la abstención, como en todas las elecciones al Parlament, una parte del pueblo catalán?
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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