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SOLO 3 DE CADA 10 CATALANES APOYAN A MAS

domingo 27 de septiembre de 2015, 23:01h
El censo de Cataluña alcanza los 5.380.000 de personas. El partido pilotado por Oriol Junqueras y su marioneta...
El censo de Cataluña alcanza los 5.380.000 de personas. El partido pilotado por Oriol Junqueras y su marioneta Arturo Mas se ha quedado lejos de los dos millones de votantes. Es decir, 3 de cada 10 catalanes no apoyan al señor Mas, porque el abstencionismo también cuenta. En las elecciones de 2013, Convergencia y Esquerra Republicana obtuvieron 71 escaños; ayer, 62. El retroceso es considerable. E incluso con la suma de los votos de CUP se quedan lejos del 50% de los votantes. Las leyes catalanas, por otra parte, exigen mayorías cualificadas para aprobar cuestiones de relieve, incluso la subsistencia de TV3.

El presidente de la Generalidad, Arturo Mas, debería cantar la palinodia, reconocer su fracaso y marcharse discretamente a su casa a ver qué tienen que decirle los jueces sobre las mordidas del 3% en las que presuntamente participó.

Pero no. Las elecciones de ayer no han sido otra cosa que un peldaño más en la escalera hacia la independencia. Aunque el secesionismo haya sido de hecho derrotado, Oriol Junqueras y su polichinela Arturo Mas proclamaban el éxito a los cuatro vientos. Se ha creado un sentimiento popular en los últimos años que nada tiene que ver con cifras ni elecciones. Hay que enfrentarse a esa corriente sentimental con el diálogo y la negociación, a través de la tercera vía que propugnó hace unos meses Felipe González. Nada de lo que ocurre lo estaríamos padeciendo si Zapatero no hubiera tenido la ocurrencia de auspiciar el Estatuto; si Mariano Rajoy no hubiera reaccionado con la cachaza y la pasividad frente al órdago secesionista. En lugar de prevenir el mal, se ha permitido su desarrollo y ahora la terapia de curación resultará muy ardua y compleja. Cataluña se ha convertido en un polvorín para largos, muy largos años.

De poco sirven las lecturas triunfalistas de unos y de otros ante las cifras de las elecciones que se acaban de celebrar. El problema no está ahí. El toro marrajo escarba ya en el centro del ruedo ibérico y tiene una lidia arriesgada y difícil que precisa de una mano izquierda hábil, de una mano derecha muy firme, y la regia estocada.