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TIRO CON ARCO

El Coyote más allá del precipicio

Dani Villagrasa Beltrán
domingo 04 de octubre de 2015, 17:13h

A menudo me preguntan sobre economía. La última vez, creo, fue una amiga, alarmada por el desplome de las Bolsas asiáticas. “Pero, ¿qué está pasando con China?”, me preguntó. Como estábamos ya delante de un vino, en la última hora de la tarde, me salió una respuesta bastante rara: “Con China pasa como en los dibujos animados del Correcaminos, cuando el Coyote sigue corriendo más allá del precipicio, hasta que se da cuenta de que ya no hay suelo debajo de sus pies, mira hacia abajo, pone cara de angustia, y se cae”.

No sólo me parece una metáfora de lo que pueda ocurrir en China, sino del mundo que transitamos, donde hace ya mucho tiempo que la economía global anda por terrenos desconocidos que están poniendo a prueba a los más sesudos analistas. A falta de nuevas ideas, no nos queda más remedio que seguir caminando más allá del precipicio.

En Europa nos decían que el problema eran los griegos, que falseaban sus cuentas públicas, y ahora resulta que también los alemanes falsean los motores de sus coches.

Grecia, China, Volkswagen, el final de la torrencial política expansiva del dólar… los periodistas económicos tenemos el apocalipsis a nuestra disposición a cada momento. Pero bueno, aquí seguimos, más o menos, sin desentrañar del todo qué es lo que nos pasa en realidad.

Recuerda a ese último momento de la novela del XIX en el que el naturalismo realista no les bastaba a los escritores para poder abarcar el complejo universo humano y se dejaban caer en la espiritualidad. Era la constatación de la derrota de intentar explicar la sociedad por sus apetitos, esos apetitos de los que también se encarga la economía.

Cuando comencé con la economía era por esto, porque quería hablar de los apetitos subterráneos, de las razones inconfesables de las cosas.

La economía, ese riel que encauza la locomotora desbocada de las necesidades humanas, es insuficiente para explicar lo que ocurre, pero todavía constituye una buena base. Ahí está, a veces, por debajo del griterío político, estableciendo secretas conexiones con el ocio, con la cultura, con el deporte, con las guerras, y con nuestra propia vida.

Además, hablar de economía tiene la ventaja de que nunca es elegante y, más bien, yo diría que es de malísima educación.

La economía es una ciencia que intenta ser precisa pero está lejísimos de ser exacta, y no merece la pena pontificar demasiado. A veces es más útil la mirada del opinador ocioso, del diletante. Intentaré no dejarme llevar por el vértigo y así poder caminar sobre el vacío, al menos una semana más.

He llamado a esta columna ‘Tiro con arco’ porque quiero inspirarme en esos arqueros japoneses que, con los ojos cerrados, apuntan al fondo de sí mismos y sueltan su flecha como el que se desprende del ‘yo’. Me gustaría hacerlo así: cerrar también los ojos, disparar la flecha, sin cálculo ni mayor precisión, y acertar.

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