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EPISTOLARIO

Pablo Neruda: Cartas de amor

domingo 04 de octubre de 2015, 18:57h
Pablo Neruda: Cartas de amor

Edición de Gabriele Morelli. Cátedra, Madrid, 2015. 320 páginas. 12,50 €

Por Francisco Estévez

Hoy día, todo crítico que se precie tiene ante sí dos misiones de envergadura: denunciar con argumentos los abusos del mercado editorial y, al mismo tiempo, poner sobre la pista de aquellos libros que merecen la pena ante la abrumadora hojarasca de la mesa de novedades. Cuando ocurrió lo primero esta columna no se arrugó muy a pesar de la talla de Pablo Neruda (léase aquí). Tras una desafortunada edición de poemas ciertamente inéditos, que el autor nunca consideró aptos para su publicación, Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos(2015),nos llega estas Cartas de amor, al cuidado de la mano experta del maestro hispanista Gabriele Morelli, profundo conocedor de la obra de Neftalí Reyes, como en realidad se llamaba el celebérrimo poeta. Es motivo de dicha para la obra del gran autor chileno y universal.

Una amplia introducción con afán esclarecedor vertebra la esencia de ese amor múltiple, generoso y desbordante del que hizo gala siempre el carismático poeta de Isla Negra. A la par da sucintas pero precisas claves de interpretación del subgénero tan especial en que consiste cualquier epistolario amoroso y ofrece información de relieve. No muchos sabrán de aquel amor secreto que en su senectud mantuvo con Alicia, una sobrina de su amor Matilde, o de la rápida amistad que le unió a García Lorca en Buenos Aires. Allí leerán “Discurso al alimón” en honor de Rubén Darío y publicarán juntos Paloma por dentro con poemas de Neruda ilustrados por Lorca y más tarde recogidos en la segunda edición de Residencia en la tierra (1935). Morelli edita con acierto e introducción insoslayable y ejemplar estas cartas dirigidas a su hermana Laura y familia (1926-1934) y a sus distintas musas: Teresa (1922-1924), Albertina (1922-1932), Olga (1933), a Delia (1936-1952) y, por supuesto, a Matilde (1950-1973). La introducción será clave para el lector miope que entienda a Neruda bajo ese cliché reductor sentimentaloide: Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) es poesía plena de campos metafóricos con formas exuberantes y llena de tensión inusitada en su celebración erótica y de añoranza.

Ya en las cartas, Neruda hará patentes sus quejas: “La vida en Rangoon es un destierro terrible. Yo no nací para vivir en tal infierno”, así como el relato de penurias para vivir con la dignidad requerida de cónsul o sus desvelos familiares: “Si no les escribo, te diré por centésima vez, quiere decir que estoy bastante bien, que no me pasa nada”. A Teresa Vázquez (Terusa, su “Andaluza”) confesará: “Caigo de repente en ataques de soledad, de cansancio, de tristeza, que no me dejan hacer nada y que me ponen amarga la vida. ¡Para qué escribirte durante esos momentos! Y entonces, en esas horas que me cogen de improviso, qué dulce, qué hermoso es recibir cartas lejanas, de la mujer amada, de ti, y ¡volver a querer la vida y volver a alegrarse!”. Con Albertina intensifica la presencia de dibujos, bocetos, incluso escribe en distintas tintas de colores. Pero continua cierto lamento de fondo: “Todo lo tengo lejos, mi infancia, mis pensamientos, después tú y las lluvias eternas cayendo sobre el techo”. Aunque con un importante matiz: “Yo no me quejo de la soledad que me ha hecho diferente de todos, pero a veces se me sale un grito por la herida”.

Sin embargo, tabla de salvación es siempre la mirada atenta y sutil del poeta que, por ejemplo, se deleita con el otoño: “A veces, por momentos, mi vida no la cambiaría por la del príncipe”. En carta aparecen versos del futuro poemario con tintes surrealistas Tentativa del hombre infinito (1925) y de “Madrigal escrito en invierno” inspirados en Albertina. Y, por supuesto, son insoslayables las cursilerías privadas abundantes entre enamorados: “Mi querida Hormiga de mi alma”, etc. Una curiosidad: a diferencia del resto de las fotos ofrecida de sus musas, curiosamente la de Matilde sí aparece con Pablo Neruda y es que: "Nuestro amor es como estos días de mar: limpios y claros, solo para ser felices"

Las distintas facetas del amor y la ausencia del escritor quedan apretadas en estas casi 200 cartas reproducidas. Un jugoso apéndice transcribe: “Eres toda de espumas”, “Siento tu ternura”, ”Sed de ti que me acosa”, “Para que tú me oigas”, “Juegas todos los días”, “Poema de su silencio”, “Lamento lento”, “Ángela adónica”, “La última luz”, los inéditos “Gota de canto", “Águeda Rosa”, “Carta a la señorita Albertina Rosa” y “L’appel”.

Frente a la privación casta y vegetariana del anacoreta, optemos siempre por la opulenta curiosidad de Neruda: “Soy omnívoro de sentimientos, de seres, de libros, de acontecimientos y de batallas. Me comería toda la tierra. Me bebería todo el mar”.

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