TRIBUNA
El arte y la simpleza
domingo 04 de octubre de 2015, 19:30h
Yo, como tantos españoles, entré a la consideración de la historia del Arte por Las Meninas y alrededores. Luego, en la medida de gustos o aficiones, uno va ensanchando sus conocimientos hacia delante o hacia atrás. Hacia atrás, en el disfrute de la belleza, la plasmación de la fe religiosa, la búsqueda de la huida del plano mediante la perspectiva, la luz, el color y la conquista del mimetismo que perpetua, ante nuestros ojos, escenas del pasado. Hacia delante, en la prolongación de éste, con las incipientes pretensiones del artista de incorporar a sus obras cada vez mas parte de su propia personalidad aun a costa del sagrado mimetismo.
El descubrimiento de la fotografía animó a los pintores a aumentar su aportación creativa e hizo que muchos se replanteasen los mismísimos objetivos del Arte hasta llegar a considerarlo como una invención, una creación al margen de la realidad.
Los tremendos golpes que el movimiento impresionista da al edificio tradicional del Arte van seguidos de su voladura controlada por los abstractos. La visión de Kandinsky de uno de sus cuadros colocado al revés le reveló que ya no era necesario buscar el parecido con la realidad y…..ahí empezó todo. Y ahí empezaron las dificultades para el contemplador en su búsqueda de lo de siempre en las nuevas escuelas y tendencias.
Yo, como tantos españoles, descubrí que había otro Arte cuando pude viajar al extranjero. Apuré con deleite y con prisa el movimiento Impresionista y empecé a aventurarme, con amor/odio, por los infinitos caminos abiertos por los abstractos geométricos o pasionales y todas las otras escuelas. Ha sido y es una aventura maravillosa. He ido asimilando y admirando mucho de lo que, al principio, me producía sorpresa, inquietud y zozobra. Pero explorando los infinitos caminos abiertos he llegado, en algunos, a barreras que me resulta muy difícil o imposible traspasar.
El primer tropiezo fue encontrar en Dalí, al que yo admiro mucho, ese espíritu mercantilista, esa asunción del propio marketing que le llevó a crearse, para ello, un personaje, una doble personalidad. Lo paso porque hasta eso fue en él una genialidad, pero, amigos, le han seguido muchos que intentan triunfar y lo hacen, invirtiendo la proporción 90/10 artista/vendedor. Y ya no puedo asimilar a los Duchamp, Warhol y siguientes que, aupados por el mercado del Arte, en el que participan críticos, expertos, galeristas, mecenas, subasteros, museos, etc…les elevan a los altares por el simple hecho de hacer algo insólito.
Las posibilidades del mercado de Arte antiguo son muy escasas y el apetito de los numerosísimos nuevos ricos y snobs infinito y hay que satisfacerlo con nuevas, sorprendentes y escandalosas producciones que les hagan creer que están en lo ultimo, en lo mas exquisito y susceptible de especulación. Y lo han logrado.
Los museos, concebidos como empresas y presionados por la “audiencia”, potencian este Arte buscando lo escandaloso y mediático.
Hasta tal punto es insaciable este mercado que ha creado el artista empresario, ejecutivo que tiene por materia prima el Arte. Aquel cuyas “producciones” son ejecutadas por su plantilla a veces de cientos. Marketing, diseño, producción, facturación, personal, costos, impuestos, debe y haber, toda una estructura empresarial.
Este es el caso de Jeff Koons, que tiene 160 trabajadores reproduciendo en acero pulido y gran tamaño copias de muñecos que nos ofrecen los feriantes de siempre confeccionados con globos y otras cosas que podéis ver en el Guggenheim. Y ahí lo tenéis, el artista vivo más caro.
Y aquí cerca, en La Fundación Botín, tenéis a Sol Lewitt que tampoco tiene manos suficientes para contener el caudal impetuoso de su creatividad y encarga a otros que pinten, “in situ”, sus enormes murales, con instrucciones tan simples como el resultado: “Trazar lineas de 8 cm. de ancho que creen rectángulos al encontrarse en ángulos rectos”, “Elegir la ubicación de cincuenta puntos en la pared de la sala y unirlos entre si mediante lineas rectas”, “Repetir, por personas distintas, de la manera mas fidedigna posible, la primera linea trazada por el dibujante original”. Y así. Hemos llegado, no a la sencillez, a la simpleza.
Tú mismo, amigo, a poco mañoso que seas con la regla y el cartabón, puedes pintar, en la pared de tu casa, un mural tan auténtico de Sol Lewitt como los de La Fundación.
Vuelvo a pensar en el urinario de Duchamp, con el que empezaron estos caminos que yo me niego a recorrer. Al colocarlo invertido quizá nos enviaba el mensaje, conceptual por supuesto, de que lo que vendría después seria “para mear y no echar gota”.
Jesus Carasa es pintor. www.carasa.net Blog: Penetro en campo minado
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Pintor
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