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EPPUR SI MUOVE

Ambulancias bomba

martes 06 de octubre de 2015, 20:29h
Decía George Orwell que “en una guerra las tres mayores amenazas del soldado son el frío, los piojos y el enemigo; por este orden”. No le faltaba razón, aunque quizá habría que acotar qué se entiende por “enemigo”. En el ejército de Tierra suele decirse que la labor de la artillería es machacar a la infantería…a poder ser, la enemiga. Viene esto a colación de la última salvajada llevada a cabo en Afganistán, donde el “fuego amigo” norteamericano contra un hospital de Médicos sin Fronteras se saldó con una veintena de muertos. Obama ya ha dicho que abrirá una investigación para depurar responsabilidades -eufemismo de “me la trae floja”-, aunque el daño ya está hecho.

¿A quién se le ocurre bombardear un hospital o disparar contra una ambulancia? Pues a muchos más de los que imaginamos. En la guerra de Chechenia, los centros sanitarios eran el blanco favoritos de los rusos. Y un poco antes, en el propio Afganistán, tres cuartos de lo mismo. Al irse de este país, el entonces ejército rojo cometió la infamia de minar todo aquello que fuera susceptible de ser pisado, y de dejar “abandonados” juguetes explosivos. En la actualidad, Afganistán tiene el dudoso honor de ser el lugar con más mutilados del mundo, y una buena parte de ellos lo son tras haberles explotado los juguetes que los rusos les dejaron, justo para eso.

En Gaza es frecuente que los palestinos de Hamas usen las ambulancias de la Media Luna Roja para trasladar terroristas, armas o explosivos, igual que Hizbolá en Líbano. En Irak y Siria, el IS va un paso más allá y las emplea como coches bomba. Y en todos esos sitios los fundamentalistas islámicos se parapetan en “inocentes” casas de familia, escuelas u hospitales. También aquí hay que precisar qué entendemos por “escuela”, pues hay un tipo, las llamadas madrasas o escuelas coránicas donde no sólo se aprenden las suras islámicas, sino que se enseña a odiar al infiel y qué trato merece visionando las salvajadas que los terroristas graban en vídeo. En Pakistán hay muchas de ellas.

Ahora bien, nada, absolutamente nada justifica el ataque al hospital de Kabul, ni tantas otras -demasiadas ya- aberraciones semejantes. Cosas así sólo consiguen que aumente la lista de potenciales yihadistas y, de paso, echan mugre sobre quien las perpetra. Estados Unidos no puede ocultar su responsabilidad tras el espurio concepto de los “daños colaterales”, aunque sería injusto dirigir el foco sólo sobre Washington. Rusia, por ejemplo, bombardea inmisericordemente todo lo que se le viene en gana en Siria, y no pasa nada. Es más, el Kremlin ni se molesta en excusarse cuando su aviación arrasa una barriada entera sólo por capricho. Por desgracia, hay tantas bombas como tontos.
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