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POCO A POCO

Cría cuervos, que habrá muertos

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 12 de octubre de 2015, 17:45h
Actualizado el: 12 de octubre de 2015, 18:42h
El pasado sábado, en una masacre que aún está por esclarecer, 97 personas perdían la vida en un doble atentado en el que es el peor ataque terrorista en la historia de Turquía.

Las pesquisas policiales siguen su curso, si bien el Gobierno, por medio de su primer ministro, Ahmet Davutoglu, apunta a seguidores de Estado Islámico como principales sospechosos de perpetrar semejante acto de cobardía. Estas sospechas, que también apuntan a milicias kurdas o a grupos de extrema izquierda de corte marxista, no son gratuitas, pues ISIS se ha vuelto contra quien no hace mucho le ayudó a crecer.

En una estrategia criticada durante meses por Washington, Bruselas y Moscú (y que esta triada se ponga de acuerdo en algo es muy extraño en los tiempos que corren), Recep Tayyip Erdogan hizo la vista gorda al paso por Turquía de millares (sí, millares, unos veinte para ser exactos), de terroristas extranjeros camino de los campos de entrenamiento de Estado Islámico en Siria e Iraq.

La lógica otomana era simple: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Es decir, si ISIS ganaba adeptos, crecía y engordaba sus filas con psicópatas provenientes de Reino Unido, Chechenia o Paquistán, más fácil le sería plantar cara al régimen sirio de Baschar Al Assad, un rival a torpedear de cara a ganar peso geoestratégico en Oriente Próximo y aliado de Irán y Hezbolá, los dos grandes elementos chiitas en la región.

Así, las fronteras orientales de Turquía fueron un cachondeo durante meses. Todo aquel con ganas y recursos para alistarse en las milicias de Al Baghdadi tenía la alfombra roja de Ankara para llegar hasta territorio bajo control de los yihadistas. Poco faltaba para el ramo de flores y el té al bajar del avión.

Donde la lógica de Erdogan, que en tres semanas pasa por las urnas (oh, infausta u oportuna casualidad) se cae por su propio peso es cuando uno cae en el pequeño, y no tan pequeño, detalle de que ISIS no tiene la intención de derrocar a Al Assad y quedarse ahí, sino que sus aspiraciones de un califato, de una nación islámica universal, también tienen en cuenta el territorio turco, a donde no dudarán, y de hecho así ha sido, en llevar su chantaje de terror y violencia.

Erdogan ha criado una bandada de cuervos, es lo que tiene hacerle un guiño al terrorismo. Ese perro desatado con Siria por carnaza quiere más, y Turquía ya no tiene la correa. De hecho, nunca la tuvo y lo de este sábado o lo del pasado julio en Suruç (34 muertos) no han sido hechos aislados. Habrá más y Dios quiera que no peor.

Ahora es tiempo de lamentos, lloros, condenas, velatorios y funerales. Todo tan frustrante como evitable. Si algo debería tener bien claro el pueblo turco es que la mano ejecutora del atentado en Ankara ha sido la de Al Baghdadi, pero la instigadora ha sido la de Erdogan. Sus manos también están manchadas de sangre y así empiezan a recogerlo algunos medios opositores locales, como el diario Cumhuriyet.

Hace tiempo que el Gobierno turco abandonó la defensa de la democracia y la libertad para darse al frenesí islamista. Eso tiene que acabar, por el bien, no sólo de un país aliado de Estados Unidos y en el que la UE tiene interés directo, sino por ser el puente entre Europa y Oriente Medio y un actor de peso en toda la problemática yihadista.

Borja M. Herraiz

Jefe de Internacional de El Imparcial

BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial

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