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TRIBUNA

El Premio Nobel de la Paz, un soplo de aliento para Túnez

Víctor Morales Lezcano
lunes 12 de octubre de 2015, 19:51h
Actualizado el: 12 de octubre de 2015, 19:57h

La concesión, en Oslo, del premio Nobel de la Paz (2015) a un cuarteto institucional que ha fomentado el diálogo político en Túnez ha sido un acierto mayor.

Se trata de una de esas (escasas) noticias que infunden aliento a las cuatro instituciones del Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez: la Unión General de Trabajadores; la Patronal de Empresarios; la Liga de Derechos Humanos; y la Orden de Abogados. La sociedad civil tunecina es, también, beneficiaria del reconocimiento internacional que confiere al país el prestigioso galardón escandinavo.

La presidenta del Comité del Nobel de la Paz ha apuntado, por su parte, que el Cuarteto “ha hecho una aportación decisiva para construir una democracia plural”. Y el presidente de la república norteafricana -Béji Caid Essebsi- ha subrayado que “Túnez no posee otra solución[política] que el diálogo… puesto que estamos en guerra contra el terrorismo, y no podemos ganar a menos que permanezcamos unidos”.

El autor de estas líneas cubrió para El Imparcial los avatares de la Primavera árabe desde el derrocamiento de Ben Ali, ex presidente de Túnez, en enero de 2011. Ocurrió entonces que un levantamiento popular espontáneo dio al traste con un régimen oligárquico y venal. El efecto dominó que tuvo la Primavera tunecina de 2011 en el mundo árabe, en particular en Egipto, Yemen, Libia y Siria, fue observado, y aclamado, por un sector de la opinión pública internacional.

Sin embargo, a la altura de este otoñal mes de octubre de 2015 en que estamos situados, un panorama desolador se extiende por los países del mundo árabe que, intentando seguir la pauta tunecina, no han conseguido sino agravar los males que sufrían, y con mucho, en la cruenta guerra civil de Siria y en el atomizado Iraq post bellum.

No en vano la cultura del pacto ha encontrado en Túnez un suelo fértil, si no desde hace siglos, sí, al menos, desde que se dieron cita las aspiraciones reformistas del siglo XIX y, algo más tarde, los movimientos constitucionalistas. De estos surgió el nacionalismo ilustrado, que encarnó Habib Burguiba, combatiente contra el Protectorado francés y primer presidente de la república en 1956.

La cultura del pacto en Túnez, además, no se ha visto cortocircuitada por el recurso al ejército en cuanto árbitro de los conflictos internos, como ha sucedido frecuentemente en Libia, Iraq y, últimamente, en Egipto (julio de 2013). Fue en este año crucial, precisamente, cuando el Cuarteto recién galardonado con el Nobel de la Paz logró el acercamiento entre republicanos radicales y musulmanes rupturistas. Por esa mediación -para evitar la precipitación hacia la vía militar que se impuso en Egipto- se llegó en Túnez a un entendimiento entre el partido Ennahda (islamista) y el abanico de opciones políticas demo-liberales que aglutinó Béji Caid Essebsi.

Otras amenazas cercan con saña la república norteafricana, en particular la nueva reedición del yihadismo que se pretende califal. En las inmediaciones del preciado Museo de El Bardo primero, y en una de las playas más concurridas de Port el Kantaoui más tarde, los enemigos del diálogo y del entendimiento entre adversarios, intentaron arruinar el único país superviviente de la Primavera árabe. La herencia pactista que prevalece en Túnez ha sobrevivido hasta el momento mostrando síntomas alentadores para culminar, en un futuro próximo, la transición hacia la república de las libertades, de los derechos y obligaciones que son los cimientos de una sociedad responsable.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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