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UNA TREINTENA DE MUERTOS ENTRE PALESTINOS E ISRAELÍES EN UNA ESPIRAL DE VIOLENCIA

Jerusalén, en estado de máxima alerta por la 'intifada de los cuchillos'

miércoles 14 de octubre de 2015, 15:37h
Actualizado el: 15 de octubre de 2015, 15:59h
Jerusalén, en estado de máxima alerta por la 'intifada de los cuchillos'
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Tan solo un rumor, desmentido por el Gobierno hebreo, ha sido suficiente para encender de nuevo la mecha de la violencia entre israelíes y palestinos. La ciudad de Jerusalén, sobre todo los barrios más orientales, se encuentran sitiados por el Ejército y la Policía, que intentan de este modo atajar la espiral de violencia desatada desde hace dos semanas y que ha acabado con la vida de treinta personas, siete de ellas judías.
De la nada. Casi por generación espontánea y tras varios años de relativa calma. La llamada 'intifada de los cuchillos' ha hecho saltar por los aires la aparente estabilidad en la que vivían palestinos e israelíes y ha dejado, por el momento, un saldo de más de treinta muertos, recordando de paso los episodios de violencia de 1987 y de 2000.

Esta escalada de violencia, que no tiene un origen concreto, sino que ha ido moviéndose por las redes sociales, tiene como posible detonante la angustiosa situación económica y social en la que viven millones de palestinos, sumada a la intención de los nacionalistas hebreos de acceder a la mezquita de Al Aqsa también ha podido ser la llama que encendido la mecha de la violencia.

Según la legislación hebrea, los recintos religiosos como Al Aqsa pueden ser visitados por turistas, excusa que utilizan los radicales judíos para entrar en ellos, pero no se puede rezar. Este hecho es uno los que más leña ha echado al fuego de la tensión interreligiosa en las últimas dos semanas.

Así, al menos once jóvenes de confesión musulmana, algunos incluso de apenas doce años, han atacado de manera aleatoria a hebreos en Jerusalén o sus alrededores en lo que es una nueva estrategia de violencia que comenzó el pasado 13 de septiembre, la víspera del Año Nuevo judío.

Estos atentados, cometidos en su mayoría por hombres adultos armados con cuchillos, han causado siete víctimas mortales israelíes en al menos una veintena de ataques contra civiles, policías y militares, mientras que una treintena de palestinos han muerto en estos ataques.



Tal es la situación de psicosis entre la comunidad hebrea que las autoridades han ordenado cercar determinados barrios de Jerusalén, sobre todo en la zona este, ocupada desde 1967, para intentar limitar y erradicar este tipo de ataques "bendecidos" por la organización terrorista Hamás.

En estos momentos, la mítica urbe se encuentra tomada por las fuerzas de seguridad, que detienen, dan el alto o cachean a cualquier individuo sospechoso de portar un arma o tener intenciones terroristas. Calles, parques, comercios... muchas zonas de la ciudad se encuentran vacías ante el temor de la población a salir a la calle y ser objeto de ataques, unos, o de detenciones, otros.

Por un lado está la población musulmana, que teme lo que se ha llamado la política del "gatillo fácil" entre las fuerzas de orden israelíes, que tras haber sido víctimas de varios ataques en esta oleada ahora están en estado de máxima alerta y reaccionan ante el menor indicio. "Hay que tener mucho cuidado. Si te echas la mano al bolsillo para coger la cartera ya te pueden pegar un tiro. Todo el mundo se ha vuelto loco", señala Ahmed, un taxista de Jerusalén.

Por otro, la hebrea, que teme ser objetivo de ataques en cualquier momento y en cualquier lugar, pues los homicidas se valen de cuchillos escondidos o de coches con los que atropellan a la población. Tampoco ayuda el llamamiento de la Policía, que ha recomendado a aquellos con permiso de armas que salgan a la calle con ellas.

Las autoridades israelíes y palestinas no se ponen de acuerdo sobre la culpabilidad de es esta espiral de violencia. Mientras los primeros acusan a una estrategia medida y orquestada por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), los segundos señalan que estos jóvenes están al borde de la desesperación fruto de las políticas represivas de Israel contra su pueblo.

La tensión sigue por todo lo alto mientras empiezan a sucederse los funerales de las víctimas, ya que Israel ha confirmado que no devolverá los cadáveres de los asaltantes al considerarles terroristas.

Desde que las hostilidades se recrudecieron, la Media Luna Roja calcula que unos 1.500 palestinos han resultado heridos o afectados por disparos o los gases lacrimógenos del Ejército israelí y otro medio millar ha sido detenido en los territorios ocupados.

El Gobierno hebreo de Benjamin Netanyahu ha ordenado al Ejército el despliegue de seis compañías para que ayuden a la Policía en el control y mantenimiento de la seguridad en las zonas candentes.

Otras medidas aprobadas en las últimas horas son la demolición inmediata de las "casas de los terroristas", la revocación de sus permisos de residencia y el reclutamiento de 300 guardias para vigilar el transporte público.

En respuesta a estas medidas, Xavier Abu Eid, portavoz de la OLP no ha dudado en señalar que "hay quienes han tendido a señalar que hay una diferencia entre la ocupación de Jerusalén y el resto de Palestina, pero lo que está sucediendo en este momento, con un alcalde que se pasea armado como un 'sheriff' en Jerusalén Oriental, es una demostración de que la ocupación de Jerusalén es lo mismo que la del resto de Palestina".

Por contra, los movimientos ultranacionalistas israelíes han aprovechado la tensión para hacer valer sus dos principales reivindicaciones: mano dura contra los "terroristas" y aumentar la construcción de las colonias para judíos en los territorios palestinos ocupados. Para hacer valer sus argumentos, insisten en una idea: "cuando Israel construye no hay terrorismo y, cuando deja de construir, hay terrorismo".

En la actualidad, 1,5 millones de árabes viven dentro de las fronteras de Israel, también conocidos como o "palestinos del 48", ya que fue en 1948 cuando el estado judío dibujó sus fronteras incluyéndoles a ellos, lo que supone una quinta parte del total de la población del país y se concentran sobre todo en el sur y el norte del territorio israelí.
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