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EL AUTOR PRESENTA SU ÚLTIMA NOVELA, SOMBRAS DE NINGURÁN

Otero Lastres: “Ser bueno o malo no es una condición de ideología, sino del ser humano”

viernes 16 de octubre de 2015, 12:39h

La acción de Sombras de Ningurán, la última novela de José Manuel Otero Lastres, arranca con la impactante escena de un nicho vacío en el que, sin embargo, debía de encontrarse el cuerpo de un conocido constructor gallego fallecido dos años antes. La orden judicial para su exhumación, solicitada por quien sostiene ser hijo suyo, se ve de esta forma truncada impidiendo la realización del correspondiente análisis de ADN que exige el presunto heredero.

Otero Lastres: “Ser bueno o malo no es una condición de ideología, sino del ser humano”
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Pocos días después de su publicación, hablamos con el autor acerca de los detalles de la intriga, la crónica social y el perfil de los protagonistas de esta cuidada trama con epicentro en la Costa de la Muerte, pero también de otros muchos asuntos. Porque Otero Lastres, catedrático de Derecho Mercantil en la Universidad de Alcalá de Henares, abogado en ejercicio y miembro de la junta directiva del Real Madrid, no solo es generoso con la palabra escrita – “El escritor de hoy, en esta sociedad que vive tan deprisa, es generoso con su tiempo y se lo regala a los lectores”, nos afirma –, lo es también con la hablada. Y, sobre todo, se entrega con autenticidad. Abre sin condiciones su profundo pensamiento y no tiene reparos en mostrar su emoción. “Como escribió Antonio Gala, escribir es pasarse un folio en blanco por el alma”, argumenta el autor, y achaca el despertar de su exquisita sensibilidad a un hecho que, para él, marcó su vida desde la infancia: la muerte de su padre - a quien hizo un homenaje en su novela “La niña de gris” – cuando solo tenía tres años, y el posterior matrimonio de su madre nada más cumplir él los diez. Después, poco a poco, empezaron a llegar los acontecimientos que marcaron su particular sendero. “Como ser humano, me he ido cocinando a fuego lento”, asegura.

Otero Lastres se define, en todo caso, como peculiar en lo que se refiere al mundo literario. “No soy un escritor al uso”, explica. “No vengo de una etapa de lector voraz, sino que después de escribir mucho sobre Derecho Mercantil encontré en la ficción la forma de expresar lo que sentía”. En todo caso, hablando de novela, para el abogado y escritor gallego existen dos tipos de escritores de ficción: aquel capaz de engancharte con una acción trepidante que sin duda te entretiene pero que no te da nada de sí mismo, “como Stieg Larsson y su trilogía” y, a su lado, el novelista “generoso, que te da una parte de él, de su mundo”. En definitiva, de su vida.

En el caso de Otero Lastres podríamos decir de “sus vidas”, porque como él mismo nos cuenta su tiempo se reparte en diferentes mundos o facetas que le llenan y emocionan por igual. De una parte, enumera, está su actividad en la universidad: “Me apasiona enseñar, también investigar en absoluta soledad intelectual”, asegura, “igual que me apasiona el ejercicio de la abogacía, un mundo muy competitivo en el que, de vez en cuando, te llevas una buena cura de humildad”. Junto a estas dos actividades, está el mundo de la literatura, que describe como “una soledad maravillosa, que no puedes compartir con nadie hasta que llega el momento de compartir el resultado de esa soledad creativa”. Y, por supuesto, sin olvidar otro mundo que le atrae llenándole de satisfacción, el del futbol, que le entusiasma desde niño a pesar de que en casa nadie fuera aficionado y él tuviera que ir solo a los partidos. “Y, ahora, tengo la inmensa suerte de pertenecer a la junta directiva del Real Madrid”.

Una suerte que Otero Lastres extiende en realidad a toda su vida. “Soy un hombre con mucha suerte y no evitaría nada de lo que hice”, afirma con suavidad pero convencido. “Solo me hubiera gustado ser mejor futbolista”, se lamenta, “pero quizás si lo hubiera sido hoy no sería la persona que soy”, reflexiona sincero, “Estoy contento de ser como soy y no envidio a nadie”. Tampoco teme a la soledad, más bien al contrario. Con una familia estable y buenos amigos, de los que asegura “haber recibido más de lo que ha dado”. Aunque esto último sea porque en los problemas grandes, cree que nunca ha fallado a quien le ha necesitado. Por otra parte, Otero Lastres reconoce que únicamente se puede estar en soledad cuando se posee una gran vida interior. Por eso cultiva la reflexión, necesita dedicar un tiempo a dotar de sensatez el pensamiento. Y no bromea, aunque sonría con la mirada, cuando dice que: “Hasta mi imaginación es racional”. Para su tercera obra publicada, por ejemplo, el autor partió de un hecho real, la citada exhumación fallida de un difunto que no estaba donde tenía que estar, y luego se dejó guiar por el pensamiento. Es su particular método. “A medida que escribo pienso mucho en la novela”. Y no es de los escritores que pierden las riendas de sus personajes, sino que es él quien los dirige. “Lo que no hago es juzgarlos, que sea el lector el que lo valore. Porque la literatura no tiene moral, quien la tiene es el lector”. Igual que ser bueno o malo “no es una condición de ideologías, sino del ser humano”.

En “Sombras de Ningurán”, todos los personajes, desde los gemelos separados nada más nacer en el otoño de un lejanísimo 1931, Romualdo y Luis Ramón, hasta Don Ginés, el párroco que organiza la sustracción de uno de los bebés para entregárselo a una familia “con posibles” que no puede tener hijos, Otero Lastres busca – y lo logra – crear perfiles humanos, es decir, tremendamente reales, con sus luces y sus sombras. Y no les da excusas para parecer mejores o peores de lo que son. “En esta novela, nadie se salva”, advierte. Así, Luis Ramón, el niño al que le fue cambiado el destino nada más venir al mundo, se convierte en “un hombre que se ve forzado a seguir la vida que le marca su familia y su ludopatía sirve para subrayar el perfil de una persona que no soporta bien la soledad. Eso sí, “tiene buen corazón”. Como lo tiene su gemelo, Mualdi, el que se queda en el seno de la familia que le corresponde, sin tener que “padecer” la intervención de un tercero en lo que ya de por sí es completamente azaroso. “La vida es muy difícil”, reflexiona el creador de los protagonistas, “con diferencias abismales desde la concepción, que es el momento más aleatorio de la vida”. Por eso, “hay que valorar lo que hemos recibido y devolver a la vida todo lo que nos dieron”, afirma Otero Lastres, a la vez que nos confiesa que no tiene miedo a la muerte. “Lo comprendí cuando falleció mi madre hace unos años: no es la muerte la que viene, sino que es la vida la que se va. No hay que temer prepararse para el final del camino”.

En todo caso, al camino vital y literario de Otero Lastres le queda mucho recorrido. Y como cita más inmediata, el 12 de noviembre será la presentación oficial de esta novela que no solo narra la historia de dos familias a través de las vidas de Romualdo García y Luis Ramón Sarmiento Dieguez, sino que ofrece al lector una pulcra e interesante crónica social de las últimas décadas en la que no faltan asuntos relacionados con la política, los negocios, la corrupción urbanística, la especulación inmobiliaria, la familia, el amor y los procedimientos judiciales.
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