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HISTORIA DE LAS RELIGIONES

martes 20 de octubre de 2015, 12:14h
La catedral cristiana, la sinagoga hebrea, la mezquita musulmana, los partenones paganos, la pagoda budista o el templo hindú...
En pleno debate sobre el estudio de laReligión,reproducimos acontinuación elartículo queLuisMaríaAnsonpublicó el pasado mes de agosto en el diario El Mundo.

“La catedral cristiana, la sinagoga hebrea, la mezquita musulmana, los partenones paganos, la pagoda budista o el templo hindú forman parte de la cultura universal. Basta pasearse por las calles de Praga, de Jerusalén, de Estambul, de Atenas, de Saigon o Delhi para darse cuenta de que es necesario el conocimiento de las religiones si se quiere entender y disfrutar de lo que se ve en las calles, se contempla en los museos, se lee en novelas y poemas o se escucha en el teatro.

Sería absurdo que en naciones de Constitución laica como España, a pesar de su abrumadora mayoría católica, se enseñe el catecismo en las escuelas públicas. Igualmente absurdo es que no se imparta, como asignatura obligatoria, la Historia de las Religiones. La leyenda dorada de los héroes y de los dioses del paganismo griego y romano vertebra la entera cultura occidental desde la poesía a la filosofía, desde la pintura a la arquitectura. Una buena parte de la literatura francesa, japonesa, rusa, china, egipcia o estadounidense exige para su entendimiento cabal conocer, al menos de forma elemental, las diversas religiones.

Sin ellas, resulta difícil recrearse en Angkor Wat de Camboya, en Borobudur de Indonesia, en Notre Dame de París, en el monasterio de El Escorial, en San Pedro de Roma, en el templo del Cielo de Pekín, en la mezquita azul de Estambul, en la gran sinagoga de Jerusalén o en el Taj Mahal de la India.

Según datos, que he recogido en alguna ocasión, más de 2.700 millones de cristianos, la mitad de ellos católicos y la mitad de éstos de habla española o portuguesa, encabezan el mundo religioso. Los musulmanes con 1.600 millones y los hindúes con 1.100 millones se alzan sobre los varios millares de religiones restantes, entre ellas algunas de tantas significación como el budismo, el sintoísmo, el animismo, el taoísmo o el judaísmo. Ateos, agnósticos y no creyentes significan el 16% de la población mundial.

Estamos ante una cuestión de cultura general. No se puede circular por las ciudades del mundo, por la literatura o la filosofía universales, sin tener una idea de quién es Brahma, Shiva, Vishnú, o el zen; sin conocer el Viejo Testamento, sin saber lo que significan Moisés o Cristo, sin tener una idea de lo que representan Mahoma y el Corán, Buda y Confucio.

No sé si la religión es el opio del pueblo. El tópico comunista se ha repetido hasta la náusea. Lo que me ha enseñado mi dilatada vida profesional es que resulta necesario conocer, al menos a grandes brochazos, la esencia de las diversas religiones de envergadura, si se quiere disfrutar de los bienes culturales de Oriente y de Occidente, del África negra o de la Oceanía dispersa. Por eso, desde la escuela, debería ser obligatorio el estudio de la Historia de las Religiones. Ese estudio no es intercambiable ni con el parchís ni con la voluntariedad. Estamos ante una asignatura fundamental y puntuable como las matemáticas, la redacción o la literatura. Las decisiones utópicas de algunos políticos anticlericales extraídos del siglo XIX conducen al esperpento. No se trata de adoctrinar a nadie ni de imponer catecismos ni beaterías. Se trata de una elemental cuestión de cultura general”.