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ENTRE ADOQUINES

La vida es corta, ten una aventura

miércoles 21 de octubre de 2015, 20:06h
Ya saben que “La vida es corta, ten una aventura” es el tentador eslogan que utiliza la web Ashley Madison para captar a sus potenciales clientes. Es decir, a personas “felizmente” casadas dispuestas a poner un poco de salsa en sus vidas gracias a una o varias aventuras con otras personas igual de “felizmente” casadas. El lema publicitario funcionó desde el principio a las mil maravillas y la web, nada más acceder a ella, anuncia orgullosa que cuenta con 41.980.000 miembros en todo el mundo, a quienes sigue garantizando, todavía hoy, después de la gran tormenta, la más estricta confidencialidad. Porque, en realidad, de eso se trata. Evitar riesgos innecesarios y pérdidas de tiempo; todos están allí para lo que están sin posibilidad de malentendidos. Una aventura – dos, tres, cuatro quizás -, y punto. Lo que nadie esperaba, tampoco los responsables de la empresa a la que pertenece la web de contactos extramatrimoniales, era que un grupo de hackers denominados Impact Team, cabreados porque el chiringo de affaires cobraba 18 euros para darte de baja, entrara a saco en los sagrados archivos dejando al descubierto nombres, apellidos, direcciones de correo y otros datos personales de esos clientes que buscaban aventura, aunque no precisamente de esa clase.

Los hechos ocurrieron, o al menos trascendieron, el pasado mes de julio, y ya entonces advirtieron los expertos en este tipo de delitos que lo peor estaba por llegar. Que la filtración de dichos datos era solo la punta del iceberg de chantajes que se avecinaba. La policía canadiense, por su parte, reconoció que aquel pirateo había sido una de las violaciones de datos más grandes del mundo y, aunque no quiso confirmar que los suicidios de algunos clientes cuyos datos fueron publicados pudieran tener relación con los hechos, la propietaria de la web se apresuró a ofrecer una recompensa de 500.000 dólares canadienses a quien aportara pistas para atrapar a los piratas. Desde entonces, sin embargo, lo que se ha cumplido ha sido el peor de los presagios: miles de chantajes a los infieles. Aquí en España, la UCO, Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, investiga desde este verano decenas de denuncias presentadas por clientes de la página que ya han recibido correos electrónicos exigiendo el pago de cantidades que oscilan entre los 500 y 2.000 euros a cambio de no desvelar a sus parejas o su entorno más cercano que un mal día se apuntaron a Ashley Madison buscando la pimienta que parecía faltarle a sus vidas. Y parece por otra parte bastante probable, que muchos destinatarios hayan preferido sumergirse en esa insaciable espiral chantajista antes que verse en una comisaría presentando una denuncia.

Porque la palabra infidelidad, con todas sus benditas y numerosas letras, pesa muchas toneladas. Tantas, que es capaz de desequilibrar cualquier balanza. Por muy resistente en sus extremos que la misma parezca. O quizás, sea precisamente esta última la que mayor impacto sufre cuando el concepto, con independencia de la rotundidad del vocablo, irrumpe en un mundo que jugaba a ser perfecto a pesar de unos cimientos devorados hace lustros por las voraces termitas de la convivencia. A pesar de continuar obligándose a mostrar una fachada que nada tiene que ver con la decoración interior de cada uno. Lo que lleva a la pregunta de cómo puede uno ser fiel a nadie si, para empezar, no es capaz de ser fiel a uno mismo, a lo que de verdad siente. En definitiva, a sus propias mentiras y verdades.

Y como siempre, cuanto más falsa sea una fachada mayor será el bochorno cuando se abra por fin el armario. En Estados Unidos, por ejemplo, la estrella televisiva Josh Duggar, ultraconservador y activista de los valores familiares, ha tenido que admitir a raíz de la filtración que se gastó mil dólares en Ashley Madison. "He sido el mayor hipócrita de la historia”, ha confesado, “Mientras defendía los valores de la fe y de la familia, he mantenido en secreto durante los últimos años que he visto pornografía en Internet y le fui infiel a mi esposa”.

En todo caso, si usted llegó a registrarse en la polémica web y tiembla cada vez que le llega un mail desconocido, puede que lo más sensato sea no seguir enredando la madeja. Porque la policía también advierte de que el chantaje no es el único negocio que se ha montado a costa de este asunto en la red. En los últimos meses, han surgido como setas de temporada empresas que ofrecen de manera fraudulenta un servicio para borrar los datos pirateados del usuario o webs que aseguran poder confirmar al cliente acojonado si sus datos se encuentran entre los que filtró Impact Team o no. Ninguna de las dos opciones es, al parecer, fiable. Peor aún, suponen tener que aportar más datos que, a su vez, servirán para dejarle todavía más con el culo al aire. Porque, al final, lo único que no se sabe es lo que no se hace.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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