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TRIBUNA

El infantilismo reinante. Conclusiones del debate Iglesias Rivera

jueves 22 de octubre de 2015, 20:16h

Jeff Koons vende un muñeco de Mickey Mouse gigante por varias decenas de millones de dólares; el considerado mejor restaurante de Madrid abre su menú lanzando unas palomitas encima de la mesa; la cartelera de cine está copada de películas para adultos basadas en tramas o en héroes infantiles; el gran acontecimiento de la semana –al que incluso se le dedican sesudos artículos pseudocientíficos- es una pintoresca celebración del treinta aniversario de la película Retorno al Futuro; los libros apenas sobrepasan las doscientas páginas; tenemos un cordón umbilical permanente en forma de teléfono móvil; no se diferencia lo que es cultura de entretenimiento…

Se ha criticado la cultura contemporánea por su trivialización; en España por la incidencia del almodovarismo o petardeo o como se le quiera llamar a ese peculiar estilo de nuestro cineasta más universal que lo envuelve todo. Pero los ejemplos que apunto no son triviales, son ya directamente infantiles. ¿Estamos entrando en la era de la infantilización?

El domingo se produjo un debate apasionante entre Rivera e Iglesias. Fue un buen espectáculo, buenísimo. Pero también un reflejo de todo lo anterior… Algunos ejemplos: el intercambio de malas influencias, como si estuvieran en el recreo hablando de los profes, Maduro de Venezuela por un lado, Aguirre (sí ¡Esperanza Aguirre!) por otro. El buen rollo general que incluso parecía que los contendientes iban a ponerse de acuerdo en un momento dado, sin que se pudiera discernir que debatían un izquierdista bastante soberbio y nada democrático (de ahí el castañazo que se está pegando) contra un socialdemócrata con cuatro o cinco ideas, estas sí defendidas con ahínco e indudable brillantez. En este sentido me quedo con la acusación, devastadora para el bipartidismo, que sugiere que PSOE y PP defienden más a sus partidos que a España.

Pero no hay que limitarse al debate Rivera-Iglesias, pues infantil es pensar que la independencia de Cataluña no implicará la pérdida de la nacionalidad española por los catalanes. Infantiles son la mayoría de las ocurrencias –y la realidad que se inventa- la alcaldesa Carmena que, supongo que muy inteligentemente, se comporta como una abuelita para adaptarse a los tiempos. Infantil es plantear soluciones a nuestros problemas de forma constante desde el buenísmo y lo estatal para que luego la realidad, tan dura y compleja, simplemente deje todo en la inacción y desidia. Observen lo que se plantea con la guerra de Siria y el problema de los tres millones de refugiados, y no infantilicemos el problema: Siria está por tierra a menos distancia de las puertas de Europa que Madrid de Bruselas (1000 Kms lo que equivale a cruzar de lado a lado España), por mar la distancia es de muy pocas millas. Pero como se apela constantemente a nuestro infantilismo, obviamos el problema, para luego olvidar y pasar página.

Infantil es ese miedo a la democracia representativa que tenemos. Miedo a las primarias de verdad, miedo a un gobierno europeo verdaderamente democrático, miedo a plantear los temas más importantes, miedo a defender nuestro sistema capitalista y liberal como motor de prosperidad y desarrollo. Miedo a plantear en profundidad la reforma del estado. Miedo a establecer una política clara de inmigración.

Infantil es la necesidad de todo político de hacerse una imagen y luego un discurso que debe ser leve y poco exigente, con pocas excepciones. Y las excepciones, por ejemplo Aznar, Aguirre o incluso hasta cierto punto González, son rápidamente demonizadas una vez perdido el poder: los profesores más populares suelen ser siempre los “colegas”.

En este contexto articular un verdadero, en el sentido de realista, discurso político es totalmente imposible. Un niño quiere protección y que se le exija lo menos posible. Alicia, no la de las Maravillas, sino Delibes, ex viceconsejera de Educación, hoy concejala en Madrid y una gran experta en temas educativos, reitera que la enseñanza debería ser una educación de la voluntad. Todo lo contrario de la comprensividad, que con el desempleo entre los jóvenes nos ha llevado a la anomia e infantilismo reinante; y a sus consecuencias más decepcionantes: la ultraderecha, el nacionalismo y el populismo.

Con franqueza, no son tiempos para estas chorradas. Todo esto es falso o al menos muy superficial, y generará mucha decepción y frustración. Alguien tiene que levantar la voz. Necesitamos un rearme ideológico, levantar el debate y el discurso. Tenemos que volver a hablar de capitalismo y sentirnos orgullosos del milagro que se ha producido en las últimas décadas con la globalización, la extensión de las ideas liberales y la desaparición de los regímenes comunistas. Daré algunos datos, la miseria se ha reducido en el Mundo del 44% en 1980 al 12% de hoy. Tenemos al alcance de la mano acabar con la horripilante lacra del hambre y la miseria. La clase media abarca ya un tercio de la población mundial y va a seguir creciendo casi exponencialmente. Hoy se vive mejor y más tiempo que nunca.

Europa está en una encrucijada muy complicada. Tenemos que volver a creer en valores “maduros”, exigentes, como son el individualismo, el trabajo y la creatividad, la iniciativa empresarial y definir el estado en sus justos términos para que sea una ayuda a la iniciativa privada y no al contrario, un lastre como la piedra de la fábula de Sísifo. Pero con una diferencia, la piedra no nos dará más oportunidades: la competencia de otros continentes, los desafíos internos como el envejecimiento de la población, la inmigración masiva, la desidia y el infantilismo harán que la fenomenal calidad de vida europea desaparezca envuelta en sus contradicciones.

Luis Asua Brunt

Abogado, empresario

Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.

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