www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Vísperas electorales

Juan José Laborda
x
1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 22 de octubre de 2015, 20:18h
En un informativo televisivo he asistido a la despedida de los diputados de esta legislatura. Desde la tribuna algunos han pronunciado frases, que no discursos, y ninguna me ha parecido ingeniosa. De hecho, no recuerdo lo que articularon, excepto la declamación del líder emérito de IU, Cayo Lara: “OTAN no, bases fuera”. Cayo nointentó hacer una broma con laretórica del siglo pasado, lo que le hubiera granjeado eltítulo del diputadomás gracioso, sino que lesalió del alma, de sus creenciasmás profundas.

Asisto a este supermercado de propuestas electorales. ¡Ah! ¡Es que tenemos elecciones dentro de dos meses! Recupero la sentencia de un letrado de la Chancillería de Valladolid, Martín González de Cellorigo, que hacia 1600 escribió sobre aquella sociedad, igualmente agitada como ésta: “No parece sino que se han querido reducir estos reinos a una república de hombres encantados que viven fuera del orden natural”.

González de Cellorigo vivía en una España endeudada, y con unos dirigentes que carecían de planes para animar y movilizar a una sociedad desorientada dentro y fuera de sus fronteras. El pasado no se repite nunca, y nuestra actual situación no es tan oscura como en tiempos de Cellorigo, con guerras, expulsiones de minorías raciales, y duros tiempos económicos. Pero su párrafo, que rescató Pierre Vilar en su más conocido artículo, sirve, una vez más, para referirnos a nuestra situación sociopolítica.

Se escuchan propuestas, la mayor parte de ellas opuestas a las de los rivales electorales, y tengo la sensación que la gente piensa que son proposiciones para diferenciarse de los demás, y que por técnicas publicitarias, la oferta electoral nunca se refiere a los problemas que no se podrán resolver sin la cooperación de los demás actores políticos. Puede que la gente piense algo así, y de lo que estoy más seguro es que los votantes preferirían que los partidos políticos llegaran a algún tipo de acuerdos en asuntos fundamentales.

¿Vivimos encantados fuera del orden natural? ¿Acaso oímos propuestas creíbles para resolver problemas que empiezan a ser endémicos? En el ámbito económico, la injusticia social produce ya atrasos en eficiencia y en eficacia. La tasa de jóvenes sin empleo fijo es patética, impropia de un país europeo, y al mismo tiempo los asalariados sólo participan en el 45% de la riqueza nacional, mientras que aportan el 90% en el IRPF, el (antes) igualitario impuesto personal. Es verdad que la economía no cae como hace cuatro años, más que nada porque la UE (con Juncker y Draghi) está corrigiendo la deriva dogmática de sus predecesores, pero España será más frágil si de nuevo aparecen contratiempos. Y la crisis de los refugiados, la recesión en Brasil y en la mayoría de los países iberoamericanos, la inestabilidad que provocará la política europea del gobierno británico, la amenaza rusa en Ucrania, el bajo crecimiento económico de China, el impacto de las chapuzas de Volkswagen, la demencia de Cataluña, etcétera, no son problemas que se puedan despachar con sólo las promesas del ganador de las elecciones.

¿Qué país europeo afronta estos desafíos mejor, aunque con las limitaciones de sentirse solo?: Alemania, que en los últimos diez años ha hecho reformas profundas, sostenidas por gobiernos de amplia mayoría. (El gobierno Merkel, afortunadamente, sigue practicando la hospitalidad europea con los refugiados). Pero los demás países grandes de Europa, quizás con la excepción matizada de Italia, están impotentes ante China y Estados Unidos, en suma, ante la globalización.

En España seguimos encantados; los partidos no pueden zafarse de ese embrujamiento. El PP de Rajoy porfía en las técnicas de Arriola, cuando éste se ha marchado. No quiere concertar con nadie, porque considera que son enemigos o son idiotas. Con este criterio ha modificado leyes como la del Tribunal Constitucional, y la de Enjuiciamiento Criminal, a su conveniencia; ha hecho aprobar unos presupuestos del Estado contra toda lógica (la UE ha machacado su intención electoral); y la espantada de su líder en el País Vasco puede ser el símbolo de un modelo de partido y de liderazgo que se viene arrastrando desde el fiasco político de Aznar.

El PSOE de Pedro Sánchez, aunque con deseos de representar algo nuevo, sigue sufriendo el modelo de partido de la época de Zapatero. Algunas propuestas aparecen poco meditadas. ¿Obligar a todos los partidos a celebrar primarias? Pero si el jefe elegido en primarias tiene además la potestad de nombrar a los candidatos al parlamento (como ahora), entonces será mucho peor que cuando el jefe partidario era elegido por cooptación de los demás dirigentes; será una cooptación al revés, el jefe único designa a todos los demás jefes. ¿Modificar el artículo 16.3 de la Constitución que establece las “relaciones de cooperación con la Iglesia Católica”? Dejando aparte que esa reforma necesita dos tercios de ambas Cámaras, disolución de las Cortes y referéndum, ese artículo es clave en el acuerdo constitucional, y además, no es la solución a ciertos abusos clericales.

Mientras, Pablo Iglesias y Albert Rivera protagonizan un show electoral con la ayuda de Jordi Évole, con parecido éxito de audiencia que cuando este astuto periodista emitió “Operación Palace”, una ficción televisiva sobre el 23-F que pasó como un documento auténtico. Mientras las cosas sigan igualmente encantadas, la fantasía puede ganar las elecciones. ¡Hasta que se sepa que en la botella no había genio alguno!

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)

+
0 comentarios