Necesitaba el Villarreal un golpe de legitimidad a su estilo estético de entrender el fútbol. Así lo atestiguaba el semi desangelado marco de su tercera jornada de la presente edición de la Europa League. El Madrigal reflejó con las oquedades de sus tribunas el desconcierto al que había quedado abocada la institución tras los despistes de las últimas jornadas ligueras. Unos patinazos que trompican la colosal inercia que les situó en la cima de la competición, contemplando en su retrovisor a los colosos. Yacía disparado por la urgencia de réditos en el marcador a una apuesta tan alegre como arriesgada. Y en estas se cruzó en el camino el Dinamo de Minsk, un bloque de pretendido carácter correoso que arribó en Castellón con cero goles a favor y ningún punto del que presumir en su travesía continental.
Marcelino buscó desde el inicio el afiance identitario, colocando en su sistema
una única pieza de destrucción en el centro del campo. Pina se veía, pues, rodeado de talento. Jonathan Dos Santos provocaría el fluir combinativo, Denis Suárez -en la izquierda- y Samuel -en la derecha- alzarían el desequilibrio en diagonal o pegado a la cal para que Bakambu y Soldado culminaran la figura. Bailly y Víctor Ruiz ejercerían como sostén de los laterales -Rukavina y Jokic- que mutarían su piel en la de carrileros de ida y vuelta. El equipo bielorruso, que se afanaría por encontrar caminos en transición para lucir velocidad, pondría a prueba la consistencia amarilla y mediría la profundidad abrasiva de las dudas en el vestuario.
Arrancó el envite bajo un pentagrama con ligera mutación hacia lo inesperado. El club centroeuropeo replicó el ejercicio de presión a toda cancha local con un rebote simétrico, quedando los espacios reducidos a la mínima expresión y la exigencia de precisión elevada al grado sumo. La ocupación del territorio visitante enseñaba seguridad y la voluntad vehemente de sorprender quedó constatada en 15 minutos de frenesí sin exclusividad del mando en la conversación.
Ante un rival desposeído de complejos, elVillarreal luchaba por controlar el partido através del cortejo del cuero, una labor en la que Dos Santosdestacó con presteza, clarividente en ladistribución horizontal y el batido delíneas vertical.DenisSuárez esbozaba la argucia queerosionaría al oponente,incluyéndose en el carril central paradesestabilizar entrelíneas. ElMinsk, por contra, noreusaba el trato delesférico e incorporaba cinco piezas a la frontal en cada manejoestático que legaba a buentérmino. Sin embargo, de entre la comodidadbielorrusacomenzó a filtrarse la preponderancia de la calidad yBakambu seencontró, en el 10 de juego, en un mano a mano con el meta rival queabortóGutor.Rassadkinrespondía, acontinuación, con un testarazo desviado quetocó tierra precedido de otros dostestarazos, al saque de una falta frontal.
Las primeras posesiones largas de los pupilos de un activo García Toral desembarcaron pasado el cuarto de hora. El pivote mexicano conseguía imponer su tempo y el balón volaba ante el achique visitante, que no ganaba terreno al encierro coyuntural. El cambio de enfoque, que se sostendría hasta el final del enfrentamiento con cifras de posesión española relucientes, llegó, para alborozo y calma locales, en conexión con el primer tanto. Una frenética asociación llegó a las botas y centro de Samu, que sirvió el primer gol al remate cruzado de Bakambu en el minuto 16. El exuberante delantero se anticipó en el primer palo y ocultó su error anterior con una gran lectura que templaba los ánimos a las primeras de cambio.
No cambió el rictus el Dinamo, que alzó la altura de sus líneas, dispuesto a redundar en su rebeldía. Un fallo de concentración de Rukavina en la salida de pelota entregó un disparo en la frontal a los centroeuropeos que fue detenido con la mano por Pina. Udoji, destacado sobremanera en el trato del esférico entre sus compañeros, chutó el libre directo que acabó en un córner rematado fuera por Pramudrau en el 21. La estabilidad en las defensas brillaba por su ausencia cuando la primera línea era superada.
Quemada la primera media hora no alcanzaba el Villarreal el estadio controlador anhelado. Intentaba controlar el ritmo pero su circulación no anestesiaba el ardor en la batalla y las transiciones tras pérdida rivales, que aprovechan cierta disonancia en el achique de la medular española. Sólo la velocidad combinativa y la aparición entre líneas por el carril central desestabilizaba la buena ocupación de espacios visitante, que atravesaba su intervalo de mayor intensidad.
Y en esta tesitura, de nuevo, amaneció el caldo de cultivo en que la calidad se tornaba patente. Una contragolpe que encuadró mal balanceado al Dinamo descubrió el pase de terciopelo al primer toque de Dos Santos en la frontal. El delicioso envío, repleto de técnica, detectó el desmarque a la espalda de la zaga de Rukavina. El balcánico devolvió la pelota al centro del área para que Bakambu rematara, sin oposición, el segundo tanto del envite en el 31. Quedaba visto para sentencia el pulso competitivo por mor de la diferencia de aptitudes.
A este desbarajuste se unión, en el tramo final de primer acto, un respingo local que se extendería hasta el minuto 90. Los pupilos de Marcelo ascendieron los vatios sin balón, la movilidad con él, y forzaron al achique continuado a los bielorrusos, incapacitados para responder con continuidad en la posesión, hecho que les negaba la obtención de pausa y respiro al esfuerzo defensivo. Se agudizaba el monopolio del balón levantino y su control por vigilancia. Dos Santos gobernaba ya la medular, imponente en la construcción, pase vertical y en el robo y salida. Una de estas pérdidas convertidas en contras del mexicano resultó culminada por Suárez -referencial en el dibujo de espacios a la espalda del repliegue- con falta frontal que detuvo cerca de la escuadra el meta centroeuropeo. A continuación, en el 35, confirmaba la perla gallega el escenario. Remató desviado un centro de Rukavina al tiempo que el frenesí combinativo deshilachaba la seriedad mostrada por los contrincantes, que, con el paso de los minutos, quedaba demostrada como impostura.
Acabó el primer acto con dominio absoluto de un Villarreal que incluyó la activación tras pérdida para ahogar la confianza visitante a través de las posesiones fluidas y los robos precoces por imprecisión, gracias a una presión conjunta eficaz. El repliegue del Minsk se manifestaba cada vez más desalentado, hierático y, por ende, cada vez más lejos de recuperar la pelota y de reducir el tiempo de espera antes de tomar oxígeno. Se había escapado el representante español, que sacó de eje a su oponente antes de la reanudación.
El segundo acto asistió a un intento de respuesta visitante por la vía de ascensión de brío en el cuerpo a cuerpo y en la intensidad. Al tiempo que Nahuel entraba por Bakambu y ocupaba el escaño izquierdo, desplazando a Denis a la mediapunta centrada, el Dinamo trataba de cambiar de escena, buscando evitar el encierro a través del adelantamiento de las líneas, cohesionadas, que cortaban los pasillos interiores. Pero resistió sólo diez minutos, hasta que adquirió forma la primera combinación veloz local que deshiciera la solidez. No remató Suárez el pase de Soldado por un despeje, in extremis, de la zaga.
Se desató la comodidad local en la circulación, aliñada con un movimiento soberbio que colocaba en posición escalonada en el centro a las piezas ofensivas, augurando las subidas continuadas de los laterales. La apertura de la defensa sobrevino de manera natural y, en consecuencia, Soldado cosecharía el tercero de la noche en el 61. Denis, brillante, recibió en la frontal un pase corto de Dos Santos y brindó, al espacio, el mano a mano al delantero español, que amaestró la salida del portero y remató a placer.
Profundizó en el modelo Marcelino sacando al amonestado Pina y dando la alternativa a Trigueros, más dotado para el engrase asociativo, y la excelencia combinativa desbordó el contendiente bielorruso, dejando el campo inclinado hacia la meta de Gutor. Jokic probó los guantes del portero tras una pared con Nahuel en el 63, antes de que Samu Castellejo provocara la ovación del saliente Suárez. Seis minutos después se cerraría el electrónico con una pintura simbólica de la visión global que ofreció el duelo.
La actitud defensiva generó la situación para que la calidad marcara las diferencias. Bailly, muy concentrado, robó el cuero a Udoji en el centro del campo. De manera contemporánea con la subida a posiciones de remate del central, la pelota volaba en circulación hasta las botas de Soldado. El rematador detectó el desmarque de Nahuel y éste, subrayando la versión altruista del juego del Villarreal, atisbó y conectó con el disparo a portería vacía del defensor transformado en goleador. La máxima expresión del juego alegre que caracteriza el proyecto de García Toral había tumbado con exquisitez a un Dinamo agazapado, deshecho, que buscaba, cada vez más partido, encontrar agua en el desierto, es decir, ganar una combinación en contragolpe que inquietara a Barbosa. La movilidad y precisión españolas habían destapado la incapacidad visitante para descifrar los pasillos centrales que convertían en fútil la acumulación de obreros en la parcela central.
Quedó tiempo para que Soldado, muy motivado, se afanara por ampliar su cuenta goleadora en esta suerte de reválida castellonense. Un balón en profundidad le brindó la opción de remate, previo movimiento de ariete, sin encontrar palos, en el 79. Dispondría de otra el punta, en el 90, a través de una volea académica que sacó el meta oponente con una reacción notable. Barbosa estrenó sus guantes en el 88, gracias al cabezazo descontextualizado en falta central.
Recuperó sensaciones y se infringió una inyección de confianza en su juego un Villarreal que se maneja segundo de grupo, por detrás del invicto Rapid de Viena. Recupera la senda de la victoria y la convicción de la necesidad de aunar empaje defensivo y exquisitez combinativa para revertir en resultados el gusto de paladar distinguido. "Hicimos un buen partido y eso nos devuelve la confianza", remarcó en sala de prensa el técnico asturiano. El baño y masaje europeo parecería haber relanzado al máximo exponente del juego vistoso español en la otrora UEFA.
Ficha técnica:
Villarreal: Barbosa, Rukavina, Bailly, Víctor Ruiz, Jokic; Pina (Trigueros min. 60), Dos Santos, Samu García, Denis Suárez (Samu Castillejo min. 67); Soldado, Bakambu (Nahuel min. 46).
Dinamo Minsk: Gutor, Begunov, Politevich, Bangura, Vitus; Korzun, Korytko (Adamovic min.46), Udoji ( Voronkov min.73) Rassadkin, Premudrov; Beciraj (Mohammed min. 65).
Goles: 1-0 Min. 17, Bakambu; 2-0 Min. 31, Bakambu; 3-0 Min. 60, Soldado; 4-0 Min. 70 Bailly.
Árbitro: Sherhiy Boiko (Ucrania). Amonestó a Tomás Pina y a Korzun.
Incidencias: Tercer partido de la fase de grupos de la Europa League, con presencia de unos 17.000 espectadores.