La conjura de los liberales
martes 03 de junio de 2008, 22:49h
Resurge con fuerza el debate sobre el posicionamiento ideológico dentro del partido de centro derecha español. Comienza una disputa que va en contra de cualquier estrategia que tenga por objetivo crecer en votos. La inexistencia de una extrema derecha representativa en España, hace que sea pertinente no entrar a determinar ideologías políticas concretas. Si el Partido Popular quiere ganar votos en caladeros más moderados no debe olvidar que muchos de los votantes del Partido Popular residen en un conservadorismo a ultranza. La respuesta a esas inquietudes de definición política sólo puede conllevar problemas a los populares. Por tanto, la ideología de partido se debería circunscribir a una gestión eficaz de lo público basado en unos principios aglutinadores de todo el espectro social al que quieren dirigirse, siendo esa su única opción para unir a una amalgama de electorado muy disperso en sus tendencias políticas. La discusión artificial sobre si el partido se sitúa como centro reformista, como liberal, como democristiano o como conservador, debería obviarse, ya que, ubicados desde el centro, este partido podría actuar a través de políticas eficaces para el bienestar de los ciudadanos, olvidando etiquetas superadas del siglo pasado, y convirtiendo al partido en una marca, en una garantía de calidad.
Se viene discutiendo últimamente, en una compleja crisis interna, sobre el intento de cambio en la estrategia de Mariano Rajoy, que a ojos de algunos dirigentes del partido no es otra cosa que una deriva hacia la radicalidad. Pero más parece que aquellos que critican un necesario cambio en la gestión política, auto calificados de liberales, sean sólo conservadores incómodos ante la nueva situación creada en Génova, con ansias de una calificación con más abolengo. Éstos ya se posicionan ante una más que probable lucha de poder, motivada por los tardíos intentos de mejora establecidos por Rajoy y sus colaboradores.
Nos advertía el Señor Elorriaga en su polémico artículo, que los actuales vaivenes del partido no están basados tanto en la determinación ideológica de la formación como en una crisis de liderazgo. Aunque el liderazgo se basa en el respeto que se le debe al líder en su toma de decisiones, y en como éste se hace respetar. Mariano Rajoy ha perdido el respeto de algunos de sus compañeros de partido, lo que parece estar más motivado por agravios personales y resentimientos, que por postulados políticos.
Con anterioridad a las últimas elecciones, muchos de los votantes del Partido Popular no veían con buenos ojos la participación tan activa de los candidatos Zaplana y Acebes, colaboradores directos del candidato que, con su acción de desgaste al Gobierno, se habían convertido en iconos de una derecha inmovilista e intransigente. Sólo cuando se dio la derrota de los populares, fue cuando Rajoy quiso desprenderse de esa pesada carga, que al parecer se le había impuesto, y crear un cuerpo de colaboradores de su propia elección. La marcha o desvinculación de estas personas causo cierto desagrado dentro de las filas del partido, sin embargo esa decisión y nuevos nombramientos como el de Sáenz de Santamaría como portavoz del partido en el Congreso no llegaron a mayores. Y entonces sucedió, Mariano Rajoy hizo pública la decisión de que contaba con Alberto Ruiz Gallardón como parte de la cohorte de consejeros directos para su nueva etapa, y que incluso podría ocupar el puesto de Secretario General. Se abrió la caja de los truenos.
Quizás se le pueda reprochar a Rajoy que no hiciese los cambios, a los que ahora somete al partido, con anterioridad y que no haya intentado un consenso general en la forma de realizar dichos cambios. Pero, fundamentar las críticas en una supuesta necesidad de dejar vía libre a las nuevas generaciones de políticos crecidos a la sombra de los mandatos de José María Aznar o en supuestos giros copernicanos en la política de partido respecto de materias como la negociación con los nacionalistas, que tuvo como consecuencia la salida de tono de los desairados San Gil y Ortega Lara, no tiene base argumental.
No obstante, aunque los resultados de las últimas elecciones generales no fueron desastrosos, si que denotan cierto anquilosamiento en los feudos vasco y catalán, que son fundamentales para cualquier aspiración de victoria en las generales. Rajoy, ante la última derrota electoral, tuvo que asumir los errores cometidos y haber facilitado que otros intentaran afrontar con mayor éxito los próximos retos electorales, realizando una llamada a todos los que estuvieran interesados en presentar candidatura para el Congreso de junio. Sus últimas decisiones, encaminadas a situar a la derecha en una mayor moderación, aunque acertadas, han tenido como consecuencia una división en el partido, más por las formas que por el fondo. Un líder no puede ser llevado por otros y no puede excusarse en las circunstancias. Se hace necesario en el Partido Popular, por tanto, un intento de llevar a cabo una política más abierta a la negociación con otros partidos, en contra del enroque de los últimos tiempos. Política que debería ser llevada adelante, tanto por Rajoy, como, quizás, por cualquier otro que pretenda despertar una mayor ilusión.
|
Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
|
|