TRIBUNA
Belleza estática o belleza dinámica
sábado 31 de octubre de 2015, 17:25h
“Compasión es el deseo que impulsa al yo individual a ampliar el alcance de su interés propio para asumir todo el yo universal”. Arnold Toynbee
Cuando soy capaz de parar por un momento y llego a prestar atención a las personas que encuentro por la calle, en el metro o incluso en mi trabajo, en ocasiones no puedo evitar pensar: “¿cuánto tiempo habrá tardado en arreglarse esta mañana? “, “¿cuánto tiempo pasará de compras, machacándose en el gimnasio o en otro tipo de ‘cuidados intensivos’?” Es evidente que hasta la persona más descuidada dedica un número de minutos al día a asearse –aunque sea lo más básico- y a elegir la ropa que se va a poner en ese momento -aunque solo sea para descartar la que huele mal-, pero de un extremo a otro, es decir, de los descuidados intensivos a los muy bien cuidados, hay mucha diferencia. Si a eso añadimos que el que se cuida intensivamente posee una genética agraciada, el resultado es llamativo y admirable. La materia prima y el ornamento se unen para crear algo muy bello, una obra de arte.
Tengo un amigo que dice que cuando pasea, imagina a la gente envuelta en una gran burbuja que les acompaña a todas partes; son personas a las que no les importa nada… excepto su propio aspecto o imagen. Ensimismadas, tienen mucho tiempo para lo suyo, hablar de lo suyo y adornar lo suyo, sean físicamente atractivas o no. Está claro que la belleza física y ornamental es una tendencia cada vez más extendida, pero es una estética estática, como si de una pieza de arte o un adorno se tratara, una foto fija admirable pero inmóvil. Sin embargo, hay otro tipo de belleza distinta que también engancha sin apenas notarlo y que, poco a poco, se cuela por la piel e inunda los adentros tanto del que la posee como del que la admira. Es una belleza mucho menos reconocible que la otra, aunque también se puede adornar y cultivar. Para alcanzar cierto nivel en esta variedad, “la belleza dinámica”, habría que sacrificar mucho más que ir al gimnasio, correr maratones o cuidar bien la piel, las manos, el peinado, los ojos, los dientes, la dieta, la ropa y los complementos, todo junto.
¿Qué es lo que hace que alguien sea dinámicamente bello? Antes de responder a esta pregunta, permítanme hacer otra: ¿cuántas personas les hacen sentir bien cada vez que pasan tiempo juntos?
Al igual que mi amigo, yo también escucho muchos monólogos todos los días y participo en muy pocos diálogos, y de verdad parece como si todos anduviéramos dentro de burbujas que al encontrase las unas con las otras chocan como pelotas gigantes. Los humanos necesitamos cariño y atenciones pero intentar conseguirlas de una forma tan narcisista resulta muy feo. Muchas veces uno mismo se sorprende interrumpiendo conversaciones de otros, como el niño que con fuerza tira de la chaqueta de su madre diciéndole: “¡Mamá, hazme caso!”. Me pregunto si el impulso de monologar es biológico, visceral o socio cultural y de verdad no sé cuál es la respuesta, pero sí sé que no me hace sentir nada bien cada vez que lo tengo. En estos monólogos encapsulados unidireccionales, los “bellos intelectuales” también deslumbran como el chico o la chica exuberante que se sienta delante de nosotros en el metro, siempre impecable, bello o impoluto, de los pies a la cabeza.
Lo importante para mí no es que alguien parezca interesante, sino que esté interesado; es precisamente eso lo que le convierte en alguien interesante. Por desgracia pensamos que parecer interesante o interesado es lo mismo que serlo o estarlo. Nada más lejos de la realidad, nadie que únicamente hable de lo suyo resulta interesante, y tampoco nadie que por cortesía le pregunte sobre sus cosas para acto seguido lanzar su enésimo monólogo, está de verdad interesado. Dos situaciones que de nuevo afean a cualquiera. La belleza dinámica está oculta entre una generosidad inapreciable a simple vista, y el verdadero bello es aquel con el que puedes conversar de verdad: un mano a mano en condiciones de libertad, igualdad y fraternidad.
Aunque parezca muy básico: ¿cómo podrían aprender a dialogar mejor? Difícil tarea que, como en tantas ocasiones, tiene más posibilidades de ser desarrollada por la vía negativa, es decir: piensen qué cosas, que ya estén haciendo impulsivamente, no deberían hacer para salir de su burbuja y llegar a conectar con otra persona. La verdadera belleza dinámica no está en los ojos del que la mira sino en los oídos de quienes de verdad escuchan, pero no se confundan: escuchar y no hablar tampoco es realmente dialogar.
“Las pocas veces que han merecido la pena, son aquellas en las que he podido conectar con otro ser humano”. Tom Ford. “A single man”
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Asesor Financiero
NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.
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