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NOVELA

Martin Amis: La Zona de Interés

domingo 01 de noviembre de 2015, 20:53h
Martin Amis: La Zona de Interés
Traducción de Jesús Zulaika. Anagrama. Barcelona, 2015. 312 páginas. 19,90 €. El escritor británico nos sumerge en un campo de exterminio, en esta potente novela donde el sarcasmo revela con más fuerza, si cabe, el horror, a la vez que nos lanza inquietantes reflexiones.


Por Ángela Pérez
Hay sucesos y comportamientos que resultan enormemente difíciles de explicar, de comprender. Un comprender que en absoluto significa bajo ningún concepto justificar. Pese a ello, el ser humano no deja de preguntarse, de buscar respuestas. Sin duda, uno de esos sucesos, quizá el más terrible de todos, es el Holocausto, la creación de los campos de exterminio. El Holocausto ha generado una inabarcable bibliografía, tanto en el terreno novelístico como en el de la no ficción, sin olvidar los nos pocos ejemplos de un cruce entre ambos. No lo tenía, pues, nada fácil Martín Amis (Swansea, 1949) al abordar el asunto en su última novela, La Zona de Interés, que -y no es la primera vez en el caso del escritor británico- ha despertado una considerable polémica que ha llegado incluso a poner sobre la mesa la eterna cuestión de los límites o no de la creación.

Polémica que se asienta, por un lado, en el tema mismo y sobre todo en la manera de tratarlo, y que ha tenido su punto álgido en la negativa de las habituales editoriales que publican a Amis en Alemania y Francia, Hansen y Gallimard, a hacerlo con La Zona de Interés. Aunque, naturalmente, ninguno de los dos sellos editoriales ha señalado taxativamente la razón del rechazo, se ha aventurado que es por el tratamiento y el tono, con una carga de sarcasmo y sátira, que da Amis a un asunto de estas características.

No resulta extraño que Amis se haya metido de hoz y coz en un tema que le preocupa desde hace años. Recordemos que en la postdata a su autobiografía, Experiencia -publicada por Anagrama en el 2000- relata su visita a Auschwitz-Birkenau, y antes, en 1991, había publicado la novela La flecha del tiempo (traducción al español en Anagrama en 1996), donde se nos presenta, mediante una estructura de tiempo invertido que va hacia atrás, la historia del médico Tod T. Friendly, que participó en los siniestros experimentos nazis en Auschwitz.

En La Zona de Interés, que se abre significativamente con una cita del Macbeth shakesperiano, Amis regresa a ese territorio infernal para sumergirnos en el de manera total y, de nuevo, da la voz a los verdugos, aunque sin perder de vista al estremecedor reverso de las víctimas. La novela se articula en seis capítulos, en los que hablan en primera persona y de forma consecutiva los tres personajes encargados de llevarnos -y, sin duda, lo consiguen-, a un paraje que no es solo muestra de la crueldad que anida en el hombre, que es “un lobo para el hombre” -la guerra y la violencia recorren el discurrir de la Humanidad-, sino cómo se ha planificado y orquestado de forma sistemática.

Por un lado, está el joven oficial Angelus Thomsen, Golo, sobrino de un gerifalte nazi, que tiene la misión en el campo de poner en marcha una fábrica para elaborar caucho sintético con mano de obra esclava. Junto a él, el comandante del campo, Paul Doll, desbordado por su “trabajo”, y, por último, Szmul, responsable de los Sonderkommando, grupos de prisioneros que colaboraban con los nazis ocupándose de macabras tareas, como arrancar los dientes de oro a los cadáveres gaseados e incinerarlos, por lo que se les llamaba “los cuervos del crematorio”. Aunque esto no les libraba de la muerte, sí podía retrasarla y proporcionarles ciertos privilegios en el campo. A estos tres protagonistas se une Hannah, la esposa del comandante, si bien esta no se suma al coro de voces. La conocemos a través de su marido y de Golo, que intentará conquistarla. Porque en el tenebroso paisaje de la barbarie programada, se desarrolla una historia de amor imposible.

No es la primera vez que se otorga la palabra a los verdugos: ahí están, por ejemplo, Las benévolas, monumental novela de casi mil páginas escrita en francés por el norteamericano Jonathan Littell -a la que también acompañó la polémica y dos prestigiosos galardones como el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el Goncourt-, a modo de autobiografía de Maximilian Aue, exoficial de las SS. Pero, sin duda, uno de los aciertos de Amis ha sido poner un trío de voces, cada una con su perspectiva, singularidad y lenguaje propio, que forman un puzle de contrapuntos entre el cinismo de Golo -rendida la Alemania nazi encontrará acomodo en la nueva situación-, la ridiculez de Paul Doll y la tristeza de Szmul. La sátira se hace más patente en Paul Doll, el comandante del campo tan brutal como grotesco, que cosifica a los prisioneros llamándoles “piezas” y “remesas”, que acarrea un enorme desprestigio entre sus subordinados que le motejan como “el Viejo bebedor” por sus frecuentes borracheras que malamente disimula, y a quien su mujer desprecia e incluso golpea.

Resulta igualmente muy logrado que el sarcasmo y la sátira, que en ningún momento presuponen ni mucho menos minusvalorar el horror y el sufrimiento, más bien todo lo contrario -recordemos que su mujer, la también escritora Isabel Fonseca, tiene antecedentes judíos-, no impidan que una honda reflexión recorra las páginas de la novela. Una reflexión inquietante: los campos como espejo que muestran quién eres en realidad, un espejo que muestra el alma. En verdad, la ausencia de ella. Sin duda, una novela potente, desasosegadora, un relato que engancha.
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