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LA CADENA DE ATENTADOS PERPETRADOS POR EL ESTADO ISLÁMICO DEJA UN BALANCE DE 300 HERIDOS

El día en el que la barbarie yihadista tomó las calles de París
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El día en el que la barbarie yihadista tomó las calles de París

sábado 14 de noviembre de 2015, 12:59h
El viernes 13 de noviembre de 2015 será recordado en Francia como el día en el que la barbarie yihadista tomó las calles de París y puso en jaque a todo un país. El balance actual refleja 129 muertos, entre los que se encuentra un joven español de 29 años, Juan Alberto González Garrido, y en torno a 300 heridos. Se calcula que hasta ocho individuos efectuaron seis ataques contra comercios de la capital gala. Por Borja M. Herráiz

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría, confirmó este sábado que las autoridades francesas han informado de que hay un ciudadano español entre las víctimas mortales por los atentados de anoche en París. El español fallecido es Juan Alberto González Garrido, de 29 años, dijo la vicepresidenta, quien indicó que ha podido hablar con la hermana de la víctima y que su familia ha sido informada por el Consulado General de España en París.

En lo que todo apunta a un ataque perfectamente coordinado por parte de una red terrorista con base en el país galo y vinculada a Estado Islámico, que ya ha reclamado la autoría, un mínimo de ocho individuos perpetraron hasta seis ataques contra comercios de la capital parisina, entre los que se cuentan varios cafés y restaurantes, la sala de fiestas Bataclan y el Estado de Francia, que en esos momentos albergaba el partido amistoso entre los combinados de Francia y Alemania.

Por el momento, el saldo de muertos asciende a al menos 129 personas, aunque la cifra podría incrementarse en las próximas horas debido a la gravedad de las heridas que presentan algunos de los más de 300 heridos.

La noche más negra

La pesadilla comenzaba poco después de las 21.30 horas de este pasado viernes, cuando tres terroristas se inmolaban en las inmediaciones del Estado de Francia dejando un muerto. El sonido de las detonaciones fue recogido por las cámaras que retransmitían el encuentro entre galos y alemanes, que en el momento del suceso -ante 80.000 espectadores-, no se inmutaron y continuaron jugando ajenos a lo que estaba pasando.

El presidente francés, François Hollande fue inmediatamente evacuado del estadio y el partido suspendido. Durante las siguientes horas, miles de espectadores se vieron atrapados dentro del Stade de France por motivos de seguridad, ya que empezaban a llegar dramáticas noticias desde otros puntos de París.

Más al sur, en el distrito 11, otro grupo de terroristas prendía la mecha del horror en varios tiroteos en concurridos locales y restaurantes dejando 42 muertos. En un principio, la falta de información hizo que los rumores de atentados se multiplicaran en las redes sociales, dando pie a escenas de verdadero pánico.

Los atentados cogieron a muchos ciudadanos disfrutando de la noche parisina, que como media Europa, contaba con unas agradables temperaturas para esta época del año, por lo que un movimiento espontáneo de ciudadanos promovió que se abrieran los hogares para acoger a los que la violencia les había cogido en plena calle sin un lugar donde cobijarse.

Sin embargo, lo peor aún estaba por llegar. Cuatro individuos fuertemente armados entraban al grito de "¡Ala es grande!" y disparando a todo aquel que se encontraban a su paso en la sala de fiestas Bataclan, que en esos momentos acogía un concierto de la banda de música Eagles of Death Metal.

Armados con fusiles automáticos, tomaron un centenar de rehenes. Algunos, haciendo gala de una gran sangre fría, llegaron a contactar con el exterior a través de las redes sociales relatando lo que estaba pasando y pidiendo ayuda a las autoridades. En alguno de esos mensajes se llegaba a decir que los terroristas estaban llevando a cabo una verdadera carnicería al ejecutar una a una a las personas a las que mantenían retenidas.

Tras más de dos horas de secuestro y con las televisiones de medio mundo haciéndose eco de lo que estaba sucediendo en Bataclan, con un aforo de 1.500 personas, las fuerzas de élite de la policía tomaron la determinación de entrar en la sala.

Sin embargo, los terroristas lograron detonar los cinturones explosivos que llevan atados a su cuerpo dejando un dramático saldo de al menos 80 muertos, una cifra que podría haber sido todavía mayor si muchos no hubieran logrado escapar por las salidas de emergencia y hasta por las ventanas del edificio en una huida desesperada.

¿De dónde viene todo esto?

Ahora, con el paso del tiempo, es hora de hacer balance y buscar respuestas a la sinrazón. Las autoridades francesas ya han mostrado su determinación de no ceder ante el chantaje terrorista, mientras que sus aliados a uno y otro lado del Atlántico le han mostrado a El Elíseo sus condolencias y toda la colaboración que sea necesaria.

En los últimos meses, Francia, que el viernes activó el estado de emergencia -algo que no sucedía desde la Guerra de Argelia-, ha estado bajo la amenaza permanente del yihadismo, que no hace mucho ya perpetró otra masacre contra la publicación Charlie Hebdo y un supermercado hebreo.

Las autoridades francesas reconocen que el terrorismo de corte islamista es su mayor preocupación, una inquietud que comparten con la ciudadanía. Y no es para menos, según la Policía gala, en Francia residen unas 20.000 personas próximas a las ideas más radicales al islam, de las que unas 2.000 tendrían vínculos más o menos fuertes con redes terroristas. Esa cifra en España es diez veces menor, por ejemplo.

En este contexto, y con la participación de las Fuerzas Armadas francesas en los bombardeos contra posiciones de Estado Islámico en Siria e Iraq, han puesto al país vecino en la diana de los terroristas.

Pero, a diferencia del gran problema al que se enfrentan otros países vecinos, el enemigo galo lo tiene en su propia casa. Muchos de los yihadistas detenidos o eliminados en los últimos años son, de hecho, ciudadanos franceses de segunda, tercera o cuarta generación. La mayoría son jóvenes de extracción muy humilde cuyo proceso de radicalización se ha producido dentro de las propias fronteras francesas, por lo que la posibilidad de neutralizar esta amenaza es mucho más limitada.

Los atentados de este pasado viernes han puesto de manifiesto el poder y la facilidad de actuación con el que cuentan estas redes dentro de Europa. De hecho, las primeras informaciones hablan de detenciones en Bruselas y otras localidades del centro de Europa, en lo que sería una organizada y bien estructurada red terrorista en el corazón del Viejo Continente.

A falta de las pertinentes pesquisas policiales, que deberán aclarar cuántos individuos están detrás de los ataques múltiples contra París, lo que trasciende es la capacidad que tienen los yihadistas para llevar a cabo salvajes atentados con una tremenda afectación en la opinión pública y con una efectividad terrible, pues un comando de ocho personas ha acabado con casi 130 ciudadanos en sólo dos horas en lo que se ha rebautizado como "hiperterrorismo". Es la guerra del horror llevada hasta las mismas casas de Occidente.

Por lo pronto, el presidente Hollande ya ha señalado que su país "será implacable" a la hora de buscar responsabilidades y perseguir a los culpables. La Policía gala busca en estos momentos a dos individuos que se cree huyeron del lugar de los atentados y que serían los que completarían el comando operativo.

Mientras tanto, el pueblo francés vive sumido en el impacto y el dolor por lo sucedido. El Gobierno ha decretado tres días de luto oficial en lo que ya es uno de los episodios más tristes de la historia del país, que ya vive con el temor, sin que se hayan cerrado todavía las heridas de lo ocurrido el viernes noche, de que la pesadilla vuelva a suceder tarde o temprano.

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