Ayer se reunía en Madrid el pacto antiyihadista, inicialmente suscrito por PP y PSOE y al que se han ido sumando la inmensa mayoría de partidos. Destaca la ausencia de dos fromaciones: Izquierda Unida y Podemos. Al menos, los primeros han sido consecuentes y se negaron a acudir a la reunión. Pablo Iglesias, en cambio, asistió “en calidad de observador”, sin que se sepa muy bien en qué consiste eso.
Para este fin de semana alcaldes de Podemos han convocado manifestaciones en contra de actuar militarmente contra el IS. A ello se unen sus “intelectuales” de cabecera -los Bardem, Wyoming- en un intento de reeditar el tristemente célebre “no a la guerra”, que, desgraciadamente, no parece le haya dado ningún resultado a Francia. Ada Colau, por su parte, es partidaria de “agotar la vía diplomática con el IS”; algo, por lo demás, inexistente: el IS ni ha dialogado nunca ni tiene el menor interés en hacerlo. Los bombardeos y las acciones militares directas que destruyan al IS son condición necesaria, aunque no suficiente, para combatir eficazmente al terrorismo.
¿Dónde estaba la izquierda radical cuando el Estado Islámico empezó a masacrar a sirios e iraquíes? ¿No eran acaso sus atrocidades acciones de guerra dignas de ser condenadas? La comunidad internacional reacciona ante un peligro real para la convivencia, como lo demuestran los últimos atentados de Francia y Túnez. Más l3e valdría a la izquierda radical oponerse al terrorismo en lugar de a quienes les combaten.